NOSOTROS

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viernes, 23 de junio de 2017

Thunder Seven. La joya de mis orejas.

Ya conoces las ''normas'' de este blog: antes de leer, asegúrate de tu comodidad, relájate, pon tu mejor dispositivo de reproducción musical y acompáñanos en el viaje. Eres libre de llegar hasta el final o bajarte en la próxima parada.
En cualquier caso, gracias por venir y felicidades, Calavera.

Cuando sientes la imperiosa necesidad de buscar algo de tal manera que se convierte en una obsesión, tarde o temprano te lanzas a por ello. Pero qué ocurre cuando ya has escuchado mucha más música que la mayoría del resto de personas que te rodean y sin embargo necesitas algo más, pero no sabes el qué?
A mediados de los 80's andaba un tanto confuso con toda la música rock que llegaba a mis orejas. Por una parte AC/DC reventaban charts con ''back in black'' o ''for those about to rock'', Van Halen lo propio con ''1984'' y ese ''jump'' que aún sigue sonando y me sigue saliendo del alma un ''sí, joder!'' cada vez que lo escucho y por otro lado, empezaban a ''abundar'' las bandas donde era más importante tener un pelazo hasta el culo y gastar a diario tres botes de laca por cabellera, que la calidad de las canciones y no voy a hablar de tantas ''estrellas emergentes'' del estilo y que tantas decepciones me han dado en directo. No se puede ''fabricar'' una banda en una empresa de marketing para subirse a la moda y sacar pasta. Si se busca algo honesto, hay que mirar bien en los locales de ensayo y en los bares por la noche. Ahí y no en una oficina es donde se palpa bien el arte, la originalidad, la destreza de los músicos, el mensaje que quieren lanzar y los sentimientos que quieren compartir.
En esa década, para mí el funk bailón con bases musicales blueseras a ritmo de infarto ya habían degenerado en sonidos maquineros, desagradables y faltos de magia, todo me sonaba frío y demasiado futurista. Me gustan las orquestaciones, los buenos arreglos de teclados, de saxofón erótico y esos pequeños desajustes de tiempo cuando tocan todos juntos que me hacen percibir la música viva, como si estuviera en medio del escenario con ellos.
La música disco había tomado también otros derroteros por los cuales yo no estaba dispuesto a entrar y me puse a buscar rock.

Pero no un rock cualquiera. Sabía que el rock bebía de cualquier fuente que le hiciera rejuvenecer y es tan camaleónico que se puede transformar en cualquier otro estilo y pasar desapercibido. Todo está en quitarle la distorsión a las guitarras y cantar en registros más relajados.
Ya conocía la obra de Tárrega, empezaba a admirar profundamente a Segovia y embrujao me tenía Paco. Paco de Lucía.
Pero también me dejé adoptar por B.B. King y confiar en Clapton y que todo junto sonara a ROCK..


Triumph vienen a condensar a pinceladas lo escrito anteriormente. Este trío canadiense se dió a conocer en 1977 y compartió escenario con los grandes del rock del momento como Scorpions, Van Halen, Judas Priest u Ozzy y llegaron a mi vida con Thunder Seven.
Qué tienen de especial? Siempre digo igual, no puedo ser objetivo con la música, es cuestión de que me llegue dentro o no. Pero para mí sí es especial, principalmente por la satisfacción tan grande que aportó a mi vida en aquella época ochentera por todo lo que ya había asimilado y lo que quería descubrir.

Eran un trío donde el batería Gil Moore además de tocar hacía las voces principales en las canciones, a menudo compartidas con el guitarrista Rik Emmett (Rik deja a lo largo de todo el disco master-class de cómo tocar una guitarra éléctrica, acústica y clásica) y el bajista/teclista Michael Levine.
''Thunder Seven'' es el séptimo disco de la banda y según las teorías místicas, el número 7 está relacionado principalmente al amor.
Desde que escuché el siguiente juego de voces, pocas cosas hay ya que pongan mis orejas cachondas:
Me sé de memoria todas las melodías vocales. Ni sé decir las veces que he puesto esta canción, horas seguidas, sigo disfrutando hoy en día cada vez que suena y me sigue emocionando. Es la perfección parida en forma de canción. Nunca llegué a esas notas tan altas ni en mis mejores sueños. Ni siquiera pude acercarme haciendo falsete, pero me dá igual, lo importante es sentir y cantar cuando el cuerpo te lo pide, no es hacer el ridículo, es estar vivo!


''Little boy blues'' es una pieza instrumental poco conocida, pero es digna del mejor Santana o de Gary Moore en su última etapa.
Rik Emmett pasó a convertirse así en uno de los mejores guitarristas de rock hasta el día de hoy. Que yo sepa, es el único que sigue editando discos tanto en solitario como en otras formaciones y los otros dos están vinculados a la música pero en tareas compositivas o ejecutivas.
Me gustan los solos de guitarra melódicos, los que se pueden cantar, los que llevan una melodía y en casi todas las canciones de su discografía queda más que patente el buen gusto de los tres músicos, pero especialmente Rik fué el que me guiñó un ojo.



Llegó el verano, las noches de purificación espiritual, de renovar los propósitos, de volver al líquido elemento, origen de la vida y de ponerle música con ''el sueño de un día de verano''.
Pues sí, este disco contiene varias alusiones y una de ellas es para ''el sueño de una noche de verano'', una pieza instrumental en versión de Rik, volviendo a dar muestras del amplio abanico de técnicas que domina.


Os daré una pista: si bajáis la sexta cuerda a Re, os resultará más fácil.

No sólo de Rush vive el hombre, de vez en cuando necesita ''triunfar''.

Nada más Calaveras, feliz tercer aniversario y deciros que si os han gustado Triumph, cualquier disco suyo es recomendable, pero ''thunder seven'' ocupa un lugar muy especial en mi corazón, porque supusieron un salvavidas de inspiración en mi bagaje de aprendiz de guitarrista en el cual sigo, por cierto.
Creo que nunca habría que dejar de aprender.



Mantengo humildes mis orejas. Gracias.

jueves, 15 de junio de 2017

El Amigo





Los cubitos de hielo crujieron emitiendo un quejido roto cuando sintieron el calor del licor derramándose sobre ellos. Un quejido parecido al que se podría oír si se pegaba lo suficientemente el oído a su pecho.



Removió el vaso y los pedazos de agua heladas acomodaron tintineando. Él también lo hizo, cambió de postura en la banqueta dura e incómoda de aquel tugurio de tercera. Estaba esperándole. El rechinar de unas suelas de cuero sobre la madera del suelo y el olor a tabaco llegaron antes que él, ya estaba aquí. Su amigo había llegado, tan impuntual como siempre.

- Hola- dijo sin volverse – Por fin has llegado, sigues siendo el mismo malqueda de siempre, me gusta, veo que no cambias.

Un bufido que pretendía ser un híbrido entre afirmación y sonrisa llegó después de que el hombre tomara otra banqueta y se sentara a su vera. Seguían sin girarse, solo tenía ojos para los hielos agonizantes que se deshacían como rocas dentro de lava.

La camarera apareció desde algún lugar indeterminado de detrás de la barra, de más allá de su campo visual, que estuviera desnuda de cintura para arriba carecía completamente de importancia, no pensaba apartar la mirada del whisky.

El recién llegado no abrió la boca, no necesitó hacerlo, un instante después de que la chica de pechos firmes volcaba la botella de “Juanito vestido de luto de paseo” sobre el montón de piedras de agua y acto seguido desapareció igual que había llegado. De sobra sabía que no sería útil allí. Ni ella ni ninguna de sus compañeras se acercarían. No, podía beber todo lo que quisiera pero ellas no se acercarían y tampoco iban a ser llamadas, para otra cosa que no fuera rellenar los vasos.

Dio un trago y dejó la copa con suavidad sobre la barra.

-¿Y bien? – Preguntó - ¿Qué es eso que quieres contarme?

- ¿Contarte?, bien sabes que nada nuevo, nada que tú ya no sepas, pero me gusta que lo vuelvas a oír, para eso están los amigos, ¿no?

- Sigues enamorado de ella, ¿verdad?

- ¿Seguir? ¡Ah! No lo he dejado de estar, desde que respiré por primera vez, este maldito aire que me hace estar vivo, desde mucho antes de que la conociera.

- ¿Y qué vas a hacer?

- ¿Hacer? Respirar, seguir respirando, qué más puedo hacer sino solo eso- Recoge el vaso y lo apura de un trago.

- ¿No crees ya has bebido bastante?

- No, aún no estoy borracho y no creo que llegue a estarlo.

- Apagar un fuego con alcohol, no parece lo más inteligente

-¿Quién dice que lo quiera apagar?

- Entonces ¿qué?

- Entonces ¿qué de qué?

- ¿Para qué me has hecho llamar?, ¿para qué? Te puedes matar tú solito. No tienes por qué hacerme cómplice de tus locuras, ya eres mayorcito.

Por primera vez se gira y dice:

-¡Tú no la has visto!

- ¡Solo es una mujer!, una más entre las miles que hay en esta asquerosa ciudad.

- Si ahora mismo no te ahogo con mis propias manos es porque sabes que no puedo vivir sin ti, pero no te atrevas, ni siquiera a volver a insinuarlo o daré por buena mi muerte, solo por acabar con la tuya.

Ella es la única excusa que existe en este mundo, para que seguir respirando valga la pena.

- Está bien, está bien, no te pongas así. Sólo quiero hacerte entrar en razón. No quiero ver cómo te autodestruyes. No te quiero ver sufrir. Tú también me dueles. ¿Por qué no haces algo, por qué no se lo dices, por qué no vas a buscarla?

- Jojana - La risa suena como si estuviera dentro de un pozo profundo y oscuro. Era una risa que no tenía ninguna gracia ni en su origen ni en su fin, era más un gorgoteo, un espasmo, un estertor de moribundo.

Amigo, no, las cosas nunca son tan fáciles. El sueño se ha cumplido. El destino me ha concedido la suerte de poder conocerla, de contemplarla de saber que existe. Pero la ha puesto detrás de una puerta que jamás podré cruzar. Soy un trozo de de basura espacial que gira alrededor de ella, atraído y expulsado por la gravedad al mismo tiempo, condenados eternamente a mirarnos pero a no tocarnos. Ay amigo, no hay mayor martirio, que ser ciego después de haber contemplado la luz.

- Siempre has sido un poeta, un romántico, un blando. Si de verdad la quisieras, hallarías la forma, la encontrarías. Lo único que te pasa es que eres un cobarde llorón. No me llames más para ver esto, para oír esto; ahórrame el mal trago.

-¡No!, no te atrevas a hablarme así, no, tú no. ¡No te lo permito! No eres nadie, no sabes nada ¡Cállate! Tú no eres un amigo, me lo estás demostrando, sólo has venido a echar la última pala de arena sobre mi tumba.

- Si te lo digo es porque eres tú y no otro. ¿Qué querías que te dijera? “Pobrecito, sigue bebiendo", y consúmete en tu fuego fatuo, en tu noche de San Juan particular, lo único que quiero es verte fuerte y verte luchar, y no verte balbucear como a un niño al que le ha robado el bocadillo en el recreo.

Los vasos están vacíos, levanta un dedo, la camarera vuelve a llenar las copas. Casi no queda hielo, es mejor así el hielo solo roba espacio al whisky.

-¿Qué vamos a hacer?

-¿Vamos? ¿Qué vas a hacer tú? Yo no voy a hacer nada, ya estoy haciendo demasiado. Ya te estoy diciendo que no puedes quedarte ahí como un perro apaleado lamiéndose las heridas.

- Está bien, quizás tengas razón

- ¡Vaya! Es lo primero que dices con sentido en toda la noche.

- Será mejor que te vayas entonces.

-¡No te jode! y encima ahora me despides con malos modos. La próxima vez no me llames; bueno hazlo si quieres, pero no vendré. No hasta que no merezca la pena volver a hacerlo. No hasta que la vea de tu brazo. ¡Adiós! No hace falta que te levantes, ¡Ah! y las copas las pagas tú.

Las patas de la banqueta arañan el suelo de madera, haciendo que los pelos se pongan de punta y la piel lo haga de gallina. Las pisadas se alejan, se ha marchado, vuelve a estar solo otra vez. Apura el whisky y levanta el dedo nuevamente para llamar a la chica de pechos densos y firmes que apenas si tiemblan al caminar.

Aquel borracho que bebe dos copas al tiempo la vuelve a llamar, no le da buena espina. Ojalá no monte ningún expolio, ya es bastante tener que soportar, que gentuza de esa calaña la tengan que ver ganarse la vida así.



FIN

miércoles, 7 de junio de 2017

El Rock no es de aquí. Tercer aniversario.


Calaveras tod@s, he nos aquí entre lectores, amigos y fans de la música en general, como adelanto del tercer aniversario del blog, vuestro blog. Porque esto sin camaradas no serviría para mucho, no tendría sentido, para qués ni futuro.
Por qué empezar con Richie Sambora? y haciendo una versión de una perla de canción de Deep Purple?
La razón es bien simple: Camaradería.
Como dije al inicio, sin camaradería pocas cosas se podrían conseguir, como por ejemplo hacer Rock. Se puede estudiar y practicar en casa en la soledad de un habitación, pero tarde o temprano el cuerpo te pide acción, estás vivo, joder! Y necesitas saber qué se siente cuando enchufas la guitarra al amplificador, empiezas a tocar y dos estropeados de la cabeza con tu misma tara te siguen, se crea una energía, te sientes inmortal y el Rock'N'Roll se hace carne. Y te habita.
Te posee un ente cuyo lenguaje son los watios de potencia, el desgarro espiritual y la rabia contenida. Los latidos de su corazón son los golpes de la batería y su intención va de la mano del bajo y su presión arterial.

Y engancha. Mucho. Quizá la única droga legal que no deja secuelas en el organismo, pero te cambia la vida. A mejor o a peor ya lo decide cada uno con sus actos, pero la música nunca exije que te auto destruyas, eso ya te lo vende tu entorno por un lado y la chalaúra que te haya tocado, por otro.

Cuando en los 80's Def Leppard empezaban a despuntar como una de las mejores bandas de Rock del momento, un desgraciado accidente de circulación provocó que a su batería le amputaran un brazo, con el consiguiente shock para el afectado y por ende, al resto de la banda. Fueron meses de sufrimiento, incertidumbre y desasosiego, no sabían qué hacer con la banda. Rick era un amigo por encima de todo y no tenían claro si seguir con él o no, hasta que un día un ángel en forma de ingeniero diseñó una batería especial para él. Tenía que usar los pies de forma un tanto diferente a como lo venía haciendo y con el brazo que le quedaba tendría que usarlo para terminar de redondear el ritmo. Fue casi como empezar desde cero, adquirir otras mecánicas de trabajo hasta dominar el nuevo instrumento.
Tan impagable regalo llegó como un milagro a la vida de Rick, le llevó un tiempo ponerse al nivel del resto de la banda y empezar a sonar como antes, pero lo consiguió y la prueba es más que evidente, no hay más que buscar cualquier actuación de Def Leppard en vivo en you-tuve y disfrutar de una de las mejores y más profesionales bandas de Rock. Estos señores tranquilamente podrían haberle dicho al batería: ''sentimos mucho lo que te ha ocurrido y te deseamos lo mejor, pero la banda no puede pararse ahora y tenemos que seguir con otro batería, gracias por todo y nos vemos'', pero en lugar de eso y teniendo un gesto que les honra, les dieron lustre, brillo y un gran ejemplo de lo que es la palabra ''camaradería''.

Richie Sambora siempre estuvo ahí desde el principio cuando un desconocido Jon Bon Jovi quería grabar unas canciones para una maqueta con la intención de mostrarla en los estudios donde trabajaba de ''chico para todo''. Lo consiguió, firmaron un contrato, grabararon un buen disco de inicio, el segundo y la confirmación de super banda. Llegaron los mega conciertos, la invasión de egos, los discos en solitario del cantante y el way of life ridículo de estrellas hollywoodienses, excesos, desmadres, bodas y divorcios. Todo más propio de un capítulo de Dallas que de una banda de Rock.
Discos mediocres, más representativos del estado de autocomplacencia y vender un producto manido sólo por intereses comerciales que buscar honestamente unas buenas canciones y correr ese riesgo necesario que lleva implícita la palabra Rock.
Mr. Sambora se casó con una estrella de Hollywood, tiempo después se divorciaron y dicen que fue el golpe definitivo que le llevó al alcoholismo. Un buen amigo le habría intentado ayudar, sacarlo de ese pozo vomitivo, pero la ''ayuda'' le llegó en forma de ultimátum por parte del líder de la banda: o lo dejas, o prescindimos de ti. Y así fue, Richie anímicamente no había podido digerir su fracaso amoroso y no encontraba nada a lo que agarrarse para poder salir a flote. Le llevó unos años ponerse las pilas, pero empezó a aparecer su guitarra en discos de otra gente, hizo actuaciones en acústico mostrando realmente quien era el que componía en su ex-banda y dejando una buena muestra de su capacidad vocal y su destreza en las seis cuerdas.
Por supuesto, Bon Jovi continuó sin él y para mí sus discos desde entonces los uso de posavasos, ése es el nivel y la comparativa con Def Leppard acerca del seignificado de la palabra ''camaradería''.

Ejemplos de vida así hay por miles en el mundo, no sólo en el Rock se encuentra el yin y el yang, en cualquier calle, ciudad o zona salvaje hay muestras sobre el lado bueno y el lado oscuro de la vida. No todo son flores ni todo es estiércol, pero a mi entender, una cosa necesita de la otra.

Quizá porque toco la guitarra y me he bebido los bares estoy con Richie.


Para mí, el ganador está claro quien es.



Mantengo humildes mis orejas.

domingo, 4 de junio de 2017

SANGRE #11







 

Está oscuro, me siento caer por un tobogán con una inclinación casi vertical. La velocidad es superior a la gravedad, no caigo como un peso muerto, soy aspirado. Algo me atrae, me succiona me aleja de mi cuerpo. Un dios sediento absorbe su granizado por una cañita, yo soy el zumo, el hielo incoloro mi cuerpo.



-¿Laura?-



Es un grito mental, no hay sonido, no hay luz, sólo vacío dentro de ese cilindro. De repente la succión termina, me detengo. Estoy suspendido en una nada que comienza a llenarse. El azul brota, la negra nada se colorea como un vaso de agua donde cae una gota de añil. El color sigue subiendo de intensidad. Primero es agradable pero su luminosidad sigue subiendo, sube, sube, comienza a quemar. Blanco, luz pura de metal fundido. Dolor. Ya no hay tubo.Las retinas de mi mente se acostumbran.
Soy un preso recién liberado que no recordaba la luz. Mis ojos de vampiro se hubieran derretido, licuado en esa claridad, pero no estoy mirando, ya no tengo ojos y no soy carne, no debo temer a la luz.



-Laura?- Me atrevo a volver a preguntar.



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“¿Laura?”



Yo no soy Laura, Laura es mi seudónimo, mi alter ego de escritora. Intento recomponerme. Aún retumban en mis oídos las palabras de mi hermano, aún puedo saborear el salado de mis propias lágrimas. Intento ser fuerte, no tengo otra alternativa.



“¿Laura?”



La Muerte no me llamaría por mi seudónimo, no, ella me llamaría por mi verdadero nombre. Pero si no es la Muerte, ¿quién me llama?, ¿quién lo hace, quién viene a buscarme?



“No temas, soy un amigo, dónde estás; no puedo encontrarte. Quiero ayudarte, sé que estás en peligro, he oído tus gritos, siento tu dolor, tu miedo.”



No puede ser, nadie ha podido oír mis gritos, nadie a menos...No, eso solo son tonterías de escritora, fantasías novelescas, que yo misma invento, en el mundo real, no ocurren estas cosas, debo de estar delirando; mi mente está tan conmocionada que inventa voces, presencias en un desesperado intento por no volverse loca, de huir de esta realidad. Ojalá pudiera gritar de verdad.



“Laura, no puedo explicártelo, no sé hacerlo. Ahora estás asustada, yo mismo estoy aterrado. Sé que esto es muy extraño, pero confía en mí. Me fallan las fuerzas, tengo que marcharme, volveré a por ti. He venido ayudarte, no temas, estoy a tu lado. Ya hemos conectado, no volverás a estar sola, ya no lo estás y nunca más lo volverás a estar”.



Siento como el frío se aleja, la oscuridad con él. Aquella presencia se desvanece. La sensación de ser observada se difumina como una niebla matutina. Al contrario de lo que pueda parecer no quiero que lo haga. Esa sombra ha sido un cobijo, un paraguas que me ha protegido de la luz y el sol calcinante que me vuelve requemar. Esa oscuridad, esa presencia, esa voz ha sido una sombra de paz en este páramo reseco de dolor y realidad. Las palabras de mi hermano regresan, viene montada en un eco malvado que las devuelven a mis tímpanos, a los de carne. ¿Debo volver a gritar?, ¿debo? ¿Debo volver a llamar a la sombra? No quiero estar sola, no quiero...no quiero morir, tengo miedo.



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Estoy mojado, la lluvia me golpea, la nube falsa de latón me sigue lanzado sus miles de obuses líquidos, continúa bombardeándome, no piensa parar. El agua ha comenzado a rebosar por el plato de ducha y está anegando el cuarto de baño. Estoy tirado en él, encogido en posición fetal, inmóvil y temblando. Ha sido el agua lo que me ha sacado de este trance, había comenzado a entrar en la boca. Me he limitado a toser y a escupir pero no, todavía no tengo fuerzas para incorporarme. Estoy escuchando como se derrama y como golpea sobre mi cuerpo. Es despertarse después de haber hibernado durante 5 años luz. A pesar del agua tengo la boca seca. Los pies lo han tapado, han debido de tapar el desagüe, intento moverlos, hacerlo sólo unos centímetros es un esfuerzo titánico. Efectivamente, lentamente el nivel del agua comienza a descender. Las centellas de luz azul siguen encandilándome, mis retinas siguen impresionadas con su impronta, es como si dentro de los globos oculares tuviera algún insecto fosforescente pululando. El dolor en la base del cráneo no ha desaparecido pero no creo que tarde, apenas es una sombra de lo que fue. Pero no todo es malo, hay una extraña sensación de paz dentro de mí que me deforma el rostro con una mueca que casi es una sonrisa. He establecido contacto con Laura, ha podido sentir mi respuesta. Ella aún no sabe la capacidad que tiene, está asustada; casi tanto como lo estoy yo. Casi he podido verla, casi nos hemos encontrado.

Ahora tengo que levantarme, tengo que reponerme, no puedo fallarle, necesita mi ayuda más que nunca.



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El local está oscuro, no para mí, que puedo ver con total nitidez en la tiniebla más absoluta, pero para un humano lo está; sin embargo algunas luces negras, estratégicamente colocadas hacen posible que no tropiecen con el mobiliario o entre ellos. La zona del bar está algo más iluminada.

Estoy sentado en el extremo más alejado de la puerta de acceso. Agito el vaso haciendo que los hielos tintineen dentro de su baño de whisky de malta de doce años. Me entretengo observando, oliendo y escuchando las conversaciones de los clientes e intentando no oír la nauseabunda música chill out, que un dj está pinchando inmisericordemente en un cabina que preside la caricatura de pista de baile de este antro.

Ya son más de la once de la noche y tercer whisky cuando la veo entrar. Ahí viene junto con tres amigas más. La directora de la clínica charla animadamente con ellas. Son más o menos de su quinta, moderadamente atractivas, sin embargo Ana destaca sobre las otras y lo sabe. Se nota solo con ver la seguridad de sus ademanes, en su forma de andar y de llevar puesto ese vestido sugerentemente corto y ajustado. Se siente bella y segura. Le gusta que los hombres la deseen.

La sigo con la mirada desde mi posición, me​ concentro para poder oír su conversación, debajo de la música monótona y repetitiva y del murmullo de otra treintena de conversaciones, recabo datos para preparar mi estrategia, solo tendré una oportunidad y no puedo fallar.

Por lo que pude escuchar en el coche, supe que irían a cenar a un restaurante italiano llamado “Porca Miseria” y que después vendrían a tomar unas copas a OMH. Me sorprendió agradablemente, que entre sus gustos se encontrará el Heavy, Imaginé que OHM podrían ser las iníciales de Only Heavy Metal y que tal vez, mi espera en aquel local se amenizaría con un poco de buena música. Mis ilusiones se vinieron abajo cuando descubrí que Ohm no eran un acrónimo, ni siquiera hacía referencia al apellido del científico, era una onomatopeya que aludía a las técnicas de meditación orientales, y OHM desgraciadamente sólo era un bar de copas impersonal, rebosante de figuras de Buda y saturado de música hecha por computadora.

Desde la hora larga que llevo esperándola he imaginado cómo acercarme a ella, fabricando hipótesis pero sobre todo intentando calmar el instinto primario de mi naturaleza animal y depredadora de acabar con ella, con ella y con cualquier otra persona que esté involucrada en eso que acecha a Laura, eso que voy a descubrir.

Saco una tarjeta de visita de un bolsillo interior de la americana. “Alejandro Müller Doctor en Hematología” se puede leer en una bonita caligrafía inglesa sobre la cartulina blanca. Vuelvo a meter la mano en el inferior de la chaqueta en busca de mi Montblanc. Garabateo unas palabras y devuelvo la estilográfica a su lugar. Oculto la tarjeta en la mano. Dejo un billete de 20€ sobre la barra después de hacer un gesto al barman, no espero al cambio. Mis músculos están tensos, las glándulas suprarrenales los han encharcado de adrenalina, mi presa me aguarda. . Me levanto del taburete y me dirijo hacia ella esforzándome en mantener un paso tranquilo; soy un tigre acechando a un cervatillo que pasta completamente ajeno a lo que se le viene encima, no debo de llamar la atención, nuestro encuentro debe parecer totalmente fortuito y casual.



-¡Perdón! - Me vuelvo mientras me giro. He pasado junto a ella, ronzándola adrede con el hombro. - No la había visto- continúo y vuelvo a excusarme.

-No, no pasa nada-. Contesta ella.

La respuesta ha sido automática, hubiera contestado lo mismo a cualquiera que se hubiera chocado con ella. Me ha reconocido, pero no dice nada.

-Eres..? Eres la directora del la clínica donde estuve esta mañana-. Mi tono es medio, no quiero parecer demasiado jovial ni demasiado seco.

Ahora, que me he descubierto la directora, finge hacer memoria. Las amigas, que están un paso detrás, empiezan a cuchichear entre ellas, la verdad es lamentable, siguen comportándose como colegialas.

-Sí, bueno Valladolid no es una ciudad demasiado grande-. Sonríe.

Miro al suelo y me agacho flexionando las rodillas, justo delante de sus pies hago como que recojo algo que he encontrado. Contemplo sus piernas bien torneadas y firmes, quizás en otra situación me hubiera parecido una mujer atractiva.

Tardo un segundo más de lo debido en volverme a levantar. El cuchicheo de sus amigas ha pasado a risitas pícaras, casi no contengo la arcada que me provocan. Cuando nuestros ojos vuelven a quedar a la misma altura su mirada ha cambiado, ahora hay verdadero interés en ellos.



-Creo que se te ha caído esto - Le digo tendiéndole la tarjeta de visita.

Es inteligente, de sobras sabe que no se le ha caído nada, pero me sigue el juego y la acepta con un “gracias” y la hace desaparecer en su bolso casi con la habilidad de un tahúr antes que los codiciosos ojos de sus amigas puedan verla.



Perdón otra vez, un placer volver a verla.- Me despido tendiéndole la mano.

La estrecha con suavidad y firmeza al tiempo. Igual que por la mañana sigue en vuelta en una nube de perfume, e igual que esta mañana he podido oler como su cuerpo ha vuelto a reaccionar a mi presencia. Ha picado el anzuelo, no tardará en leer lo que he escrito en la tarjeta, quizás el vino de la cena y la copa que está tomando sean mis aliados, de cualquier manera la curiosidad es mi principal baza.



-No te preocupes, no hay nada que perdonar, no ha sido nada-.

Me dirijo hacia la puerta de salida con la certeza de que sus ojos siguen clavados en su espalda, ahora solo me queda esperar.


La noche castellana es fría, de un frío seco y afilado como un cuchillo. Me he resguardado en el coche y pongo música. Los compases del tema homónimo de Black Sabbath le dan un toque casi novelesco a la situación. “El vampiro, espera a la chica en una fría noche de invierno... “ Desde luego lo parece, ojalá solo fuera una historia más de las que inventa Laura, ojalá solo lo estuviera leyendo, pero no, no es ninguna trama imaginada por mi amada Laura, es la cruda realidad.



Salgo de mis reflexiones, la puerta del local se ha vuelto a abrir y es ella, es Ana y viene sola.

Bajo del coche para que pueda verme. El abrigo de paño negro la cubre hasta los tobillos, ocultando sus curvas. La cadencia del golpeteo de sus tacones contra el empedrado del suelo denota cierta premura, quizás solo sean nervios, pero podía pasar por prisa o enfado. Nos separan escasos cien metros. Su perfume como de costumbre llega antes que ella.



-Hola otra vez, esta noche parece que estamos condenados a encontrarnos-. La saludo.

Solo he venido porque la familia Blánquez es una familia muy importante en esta ciudad, espero que eso que me tiene que decir sea algo muy importante.

El abrigo de paño está soportando las arremetidas de sus pechos, debido a la respiración acelerada, el frío hace que su aliento se transforme en humo delante de mi rostro. Me limito a esperar a que termine, a que se tranquilice, efectivamente he tocado un punto sensible. Ahora estoy seguro que hay algo turbio en todo esto, su reacción es la prueba definitiva. Continúo en silencio mientras aguardo a que termine.



-Esta es mi vida privada, mañana, incluso esta mañana podríamos haber hablado de lo que demonios sea tan importante. No creo que este sea el mejor momento para ello, además no me mencionó en ningún momento su relación con la familia Blánquez, por qué me lo ocultó?. Empiezo a dudar de que este encuentro sea fruto de la casualidad-.



Hace un ademán de marcharse. Ha llegado mi momento, tengo que actuar.



-Siento el malentendido, y le prometo que nuestro encuentro es fruto “casi” de la casualidad. Como ve, soy hematólogo, descubrí por azar que D. Santiago Blánquez estaba aquejado de una leucemia e ingresado en su clínica, ya que ésta remitió unos análisis al centro donde yo trabajo. La vengo observando durante varios meses, cuando viene después de cenar con sus amigas. Pero nunca me he atrevido a abordarla. Lo que le he contado esta mañana es completamente cierto. Fue toda una sorpresa descubrir que la mujer que me tiene completamente absorto día y noche, estaba allí, delante de mí. Sin embargo, he de confesar que lo que le he escrito en la tarjeta es completamente falso, ha sido una argucia, la única forma que se me ocurrió para llamar su atención, la única en que me he atrevido para poder decirle lo hermosa que es y que me encantaría invitarla a una copa, sino le importa, claro.-


Continuará...






SANGRE #1
SANGRE #2
SANGRE #3
SANGRE #4
SANGRE #5
SANGRE #6
SANGRE #7
SANGRE #8
SANGRE #9

SANGRE #10 




domingo, 14 de mayo de 2017

El mendigo que nunca lo fué.



Viajar es una aventura, un buen estímulo si lo que se busca es descubrir nuevos lugares, otras culturas, meditar sobre todo lo experimentado, intentar ser empático con todo lo nuevo que nos rodea y tener la humildad suficiente para reconocer que el lugar donde uno vive habitualmente no es un mal lugar.
O al menos eso es lo que nos parece a nosotros, o lo que nos quieren hacer ver. Justo exactamente lo mismo que puede pensar un forastero al llegar por primera vez a nuestra ciudad o a la zona donde vivamos, realmente dá igual que sea una capital de provincias o una campiña aislada y mal comunicada.

Cuando el ideal viajero se nos reduce a ver fotos o videos donde hemos estado porque la economía se nos está indigestando y sabes que pasará mucho tiempo antes de repetir una nueva aventura, la palabra ''viaje'' se reduce a conducir a diario camino al trabajo, volver, salir de compras y algún domingo extraordinario y tirando la casa por la ventana, haces una locura y te vas al pueblo de al lado a comer a un bar.

Juan era un policía jubilado antes de tiempo por una ''lesión'' en el hombro y rodilla izquierdos que le dejó impedido para realizar funciones operativas de alto riesgo y aunque le ofrecieron la posibilidad de seguir con ellos en labores administrativas, declinó la proposición, alegando que no se encontraba en su mejor momento emocional para hacer ningún tipo de actividad profesional.

Mientras hacía sus ejercicios de rehabilitación en la mútua y tras haber pasado más de un año entre quirófanos, Juan pudo ir recobrando su vida normal, ya se sentía alguien ''útil'', alguien que empezaba a sentirse orgulloso de haber luchado contra todos los horrores de la vida y había podido vivir para contarlo, como suele decirse.

Una madrugada estando de servicio, llamaron a varias unidades para ir urgentes a un almacén del extrarradio de su ciudad donde habían detectado movimiento de personas en actitud sospechosa y ''al parecer'' algunas iban armadas. Todo fue muy rápido: la llegada, la entrada al almacén, focos, gritos, advertencias, disparos, confusión y despertar dos días después en la Uci del hospital tras haber sido intervenido en dos ocasiones distintas para extraer de su cuerpo siete cuerpos metálicos procedentes ''al parecer'' de un arma de fuego.
El ''presunto'' salió libre a los dos años al no constarle ningún tipo de antecedentes. Ni siquiera administrativos. Nada, ni una multa por mal estacionamiento. Libre. En plenitud de facultades.

Dicen los que saben de esto, que el primer objetivo al entrar en la cárcel es prepararlo todo para no volver nunca más: pensar, planear, intentar readaptarse, camuflarse entre algo nuevo o viejo, según la actitud.

Juan no sólo se recuperaba de la movilidad que había perdido, también había perdido el divorcio y le tocó quedarse con el coche. De eso también se estaba recuperando, pudo acceder a una vivienda de alquiler cuyo interior se podría considerar aceptable, pero no restaba dignidad.
Más bien estaba floreciendo, ya que desde hace unos meses convive con su nuevo amor, que al igual que en una comedia romántica de Hollywood. todo empezó cuando una mañana quiso entrar a tomar un café y al intentar abrir la puerta para entrar al bar, ésta se abrió violentamente con un fuerte golpe y a continuación salió literalmente volando como en los saltos de esquí una mujer gritando.
En un acto reflejo, nuestro amigo bajó su centro de gravedad como si fuera Iker Casillas y paró el penalti como en la final de la Champions.

Hablaban de viajar. Ella nunca pudo salir de su barrio y él ya se había pateado medio país y parte del extranjero. Le hablaba de las maravillas verdes y frondosas del norte, con mares de mucho respeto y de la eterna primavera que baña el Mediterráneo por las zonas del sur y ella sólo podía imaginar con su mente desde los ojos de él.
De momento sus viajes eran con Juan al volante del utilitario para llevarla a ella al trabajo y después recogerla y de vuelta a casa, a comprar o simplemente dar una vuelta por ahí.

Junio empezaba fuerte, con altas temperaturas y vientos cálidos de levante, la gente llevaba semanas permaneciendo en la calle hasta media noche disfrutando del fresquito y también empezaban a pulular ciertos personajes de la vida callejera, charlatanes, limpiacristales, familias de pedidores de limosna y solitarios. Sobre estos últimos se percató Juan una tarde de vuelta a casa en el coche con su pareja cuando llegaron al último stop de la avenida antes de entrar al barrio donde vivían.
Ella siempre le decía que no llevaba bien ver indigentes, que se le caía el alma al suelo y le gustaría ayudarles y Juan le contaba siempre un montón de historias con la intención de hacerle ver otras cosas, con otro prisma.

Es difícil endurecer un corazón bondadoso.




El tipo caminaba encorvado, casi arrastrando los pies por aquella isleta de tierra de unos treinta metros de largo por dos de ancho ubicada en el cruce entre dos avenidas reguladas por semáforos. Tenía el pelo largo, casi canoso, desbrozado y áspero. La cara oscura por el sol, los años y la vida se adivinaban entre lo poco que dejaba ver esa barba larga y desaliñada a juego con el vestuario, sufrido y sucio. La mirada perdida en el suelo, fijada apenas un poco por delante de sus pasos y en la mano derecha un cubilete de cartón de esos de los de comida rápida que mostraba en la mano.
Cada año venía alguien y se adueñaba de esa zona y pasado el mes de agosto desaparecía, pero en esta ocasión, a Juan le llegó una alarma al cerebro, un click le hizo sentir como en su época en activo.

Mientras el semáforo volvía a su color verde, pudo observarlo detenidamente de arriba a bajo, intentando encontrar algún rasgo, movimiento, lunar o tatuaje que lo pudiera identificar, pero no encontraba nada.
No se le iba de la cabeza aquel tipo del semáforo, no le resultaba desconocido, aunque tampoco tenía con quien relacionarlo.

En julio ya estaba instaurado el verano de pleno en la ciudad y las horas del día eran insufribles en la calle, pero el mendigo llegaba allí a primera hora y se quedaba todo el día. Se comportaba con discreción, no molestaba a nadie, nadie reparaba en él y nadie le veía llegar ni marcharse.
Algunos días y según el trabajo de ella, paraban en el cruce hasta cuatro veces y ya era más comentado el mendigo que los planes para ellos ese día.

Así pasó también el mes de agosto, más fuerte de calor que el anterior y la misma historia diaria en aquél cruce que se estaba convirtiendo en una obsesión, a veces pensaba que podría ser alguien relacionado con el tiroteo, pero no le dió tiempo a reconocer a nadie entre el tiroteo y los fogonazos de luz.

-qué pena me sigue dando este hombre, parece un zombie.
-no lo mires y no le vayas a dar nada
-me gustaría que estuviera en una casa, viviendo tranquilo
-ya verás como cuando llegue septiembre, desaparece. a saber donde irá.

Llegó septiembre, la mayoría de gente volvió de las vacaciones a su rutina y el mendigo desapareció igual que llegó: sin que nadie lo viera. Ahora el cruce estaba vacío y la gente cruzaba por allí y nadie hablaba sobre el tipo ése que pedía limosna.

A base de limosnas y estrecheces sacadas a la pensión de él y a la nómina de media jornada de ella, habían podido ir apartando cada mes una pequeña cantidad de dinero para celebrar el aniversario de su primera y accidentada vez que se conocieron y el lugar sería en el asador de un conocido suyo de su época policial. Un local con cierto carisma y un toque de distinción.
Ya habían estado anteriormente allí y les gustaba sentarse en una mesa pequeña que había frente a la barra. En esta ocasión se sentaron en un apartado que estaba un poco más alto que el comedor y podían ver todo el local desde allí.

Casi todas las mesas estaban ocupadas y en la barra había dos parejas hablando animadamente mientras tapeaban y tomaban vinos y un señor solitario a unos pocos metros. No parecía estar esperando a nadie, no levantaba la vista de la tabla de quesos e ibéricos que estaba  saboreando. Era un tipo de complexión delgada, piel morena por el sol, pelo liso, moreno peinado hacia atrás y una barba recortada y bien perfilada. Del cuello le colgaba un cordón de oro en forma de cuerda rizada, se adivinaba recio, pesado.

De nuevo el click hizo acto de presencia y las mismas sensaciones abordaron a Juan. Por un segundo pensó en decirle a ella lo que estaba viendo para que se desengañara de una vez por todas, pero optó por levantarse con la excusa de ir al baño.
Se movió suavemente, sin gestos enérgicos y caminando con suavidad se fue acercando al individuo solitario del cordón de oro y que estaba disfrutando de un menú que él no se podía permitir. Pero no se detuvo ante él, siguió hacia la puerta entrando en la cocina por el lateral del asador.

-ocurre algo, Juan? algún problema con el servicio?
-de eso quería hablarte, los domingos no te vendría mal un ayudante para la barra..
-pero qué dices, no ves que la cosa está floja?
-mira, vendrá un profesional todos los fines de semana a trabajar.
-oye, no estoy para extras, apenas saco para pagar e ir tirando, como broma no está mal, pero..
-no te va a costar dinero, te dije que es un profesional y no te va a dar problemas.
-esto no me está gustando, Juan.
-a mí tampoco, pero me debes algún favor y repito: cuando termine su trabajo, se irá pero antes lo dejará todo bien limpio, sin rastro alguno de suciedad.



Mantengo humildes mis orejas.

jueves, 11 de mayo de 2017

El Sótano





Ya llegan, son ellos. Siento como el sudor se me introduce en los ojos, me arden, lo soporto; también el dolor en el pecho. El corazón martillea sobre el yunque de las costillas, es un loco que quiere derribar los muros de su celda acolchada.

Escucho el rechinar de sus botas sobre el suelo. No puedo verlos pero no están lejos. Quizás ellos ya me hayan localizado, quizás sólo están demorando nuestro encuentro como si fueran unos gatos que se deleitaran, jugando con el sufrimiento de su presa.

Exhalo el aire intentando no hacer ruido. Apenas separo los labios, doy pequeños soplos, nerviosos, rápidos, igual que si fuera un pez agonizante fuera del agua.

Han encendido la luz. ¡No! Esto es el final, no puedo permanecer oculto por más tiempo, mi sombra será la delatora. Las cajas ya no me servirán de escondrijo. Tengo que enfrentarme a ellos, aunque sé que será inútil, pero es la única alternativa, no me queda otra opción. Vender cara mi captura o al menos intentarlo.

Aprieto los puños con todas mis fuerzas y los dientes, hasta sentir como una muela cariada se deshace en pedazos, llenándome la boca de arena que chirría igual que la de debajo de sus botas. No sé cuántos son. Tres tal vez, no menos de dos.

Salto de detrás de los cajones de madera armado sólo con mi escaso valor. Son dos, altos, fuertes y rubios, lo he sorprendido, pero están entrenados. El factor sorpresa solo ha dado unos milisegundos de ventaja, que no he sabido aprovechar. Lanzo un puñetazo al primero, que golpea el aire al ser esquivado y hace que pierda el equilibrio. El segundo me golpea en la espalda, formando una maza con sus manos, mi columna cruje y el dolor me deja sin respiración. Apenas si consigo no caerme. No me giro, volver a encararme a ellos es una locura, trago saliva e intento huir. Los escalones no están lejos. Antes de que pueda pensarlo siento como un pie enfundado en una bota con puntera de acero me golpea como un ariete. El suelo se precipita hacia mí inexorablemente. El dolor es lo de menos, es el pánico lo que se ha apoderado de mí.

Mi estúpido e infantil intento de fuga acaba de terminar. Uno me levanta del suelo como un fardo, no me resisto. Uno me sujeta, agarrándome por la espalda e inmovilizándome los brazos, el otro me golpea el abdomen con unos puños que parecen de hierro. Me doblo y comienzo a vomitar. Ahora los puñetazos van al rostro. Me han obligado a erguirme tirándome del pelo. Mi nariz cruje y empieza a chorrear sangre. Casi no veo llegar los golpes, que se suceden a la velocidad del rayo, la hinchazón de los ojos me lo impide.

El hombre que me golpea resuella, por un momento cesan los golpes. No me derrumbo porque su compañero sigue sosteniéndome. Los segundos pasan y mientras espero más golpes, una idea absurda entra en mi mente.

Alzo el pie derecho y lo dejo caer con todas las fuerzas que me quedan, a medio camino del pisotón recuerdo las punteras de acero, es demasiado tarde. Es como pisar una piedra. El calambrazo me recorre desde el puente del pie hasta la nuca. El captor aprieta su cepo y sisea entre dientes una burla, como si fuera una hiena. Entonces doy un violento cabezazo hacia atrás. Esta segunda maniobra lo pilla desprevenido. Le he roto la nariz. Es el tanto del honor en este combate tan desigual. La presa de sus brazos se afloja por un instante y antes de que su compañero pueda reaccionar me zafo y lo empujo contra él.

He puesto dos metros entre ellos y yo. Puede que sea mi última oportunidad para escapar; si vuelven a capturarme no dejarán que les sorprenda de nuevo.

Subo las escaleras de tres zancadas, notando su aliento enfurecido justo detrás de mí. Me gritan como perros rabiosos que persiguen a un jabalí herido. Tengo el tiempo justo para cerrar la puerta del sótano. El pestillo es ridículo, no tardará en saltar por los aires. No hay tiempo, no lo tengo, solo puedo huir, correr.


FIN?