NOSOTROS

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sábado, 17 de febrero de 2018

Poniendo alas a las letras.



La primera vez que en este mundo se oyó música fue sin lugar a dudas, el arrullo de una madre tratando de calmar a su bebé. La música es eso que conseguimos hacer cuando ordenamos sonidos, de tal forma que dejan de ser sonidos aislados para de alguna manera convertirse en algo nuevo y maravilloso.
La voz, por consiguiente, fue el primer instrumento musical.

Debieron de pasar muchos años para que el ser humano fuera capaz de idear un lenguaje con el que se pudiera escribir esa música, para que pudiéramos almacenar melodías y que no sólo fuera la memoria la que fuera capaz de atesorar esa información. Incluso para que se pudiera reproducir los sonidos que componen una canción sin haberla escuchado nunca. Con ese lenguaje cualquiera podría reproducir los sonidos en que su creador pensó al escribirla.

Desconocía que tuviera la capacidad de escribir música. Nuestra amiga Anabel me lo ha demostrado haciendo sonar estas letras que escribí hace ya. Gracias por poner alas a mis letras.

@hothorchata



Hola, soy Anabel, me cuelo hoy en el blog para compartiros la locución de uno de los poemas de estos chicos tan majos. Disfruté haciéndolo y espero que vosotros disfrutéis escuchándolo.

Si deseáis que ponga voz a algún otro relato o poema de este blog o de fuera, no dudéis en pedirlo, me sentiría muy agradecida. 

Saludos.

martes, 13 de febrero de 2018

RIADA #11









Azul, azul.

Una bocanada de aire, otra más, otra. Parecía un pez fuera del agua dando boqueadas desesperadamente en busca de aire. Se iba a hiperventilar. Pero el azul era tan intenso, tan brillante que quemaba los ojos…



Desde lo alto de la copa de un cedro, llegó el desagradable sonido de una corneja - ¡Despierta! Graznó

Y lo hizo de súbito, con la precisión de un verdugo que le sacase la cabeza del tonel de agua justo antes de que se ahogara, despertándolo,

¿Dónde estaba? Un momento, tenía que poner su cabeza en orden, porque aún no podía discernir con claridad qué era sueño de lo que no. ¿Estaba soñando ahora o lo hacía antes? Lentamente los engranajes comenzaron a funcionar, sus recuerdos empezaban a encajar de la misma forma que los dientes de las ruedas de un molino al recibir la fuerza motriz del agua o del viento. Había salido a correr, por eso llevaba esa ropa puesta. Pero estaba en un bosque, no en el parque de al lado de casa. Casa… El concepto rebotó por sus meninges como la bola de acero cromado de un pinball. El pensamiento, el recuerdo de su casa se hacía fuerte. Era un cuchillo caliente atravesando un cerebro de mantequilla. La idea crecía y lo llenaba todo. Casa, ir a casa era lo único importante en ese momento, qué más da dónde estuviera o porqué había venido. Era estúpidamente evidente, estaba en el suelo, desparramado en medio de un carril de arena, con su ropa de correr. Había tropezado, había dado un mal paso, había caído de bruces y había quedado un poco conmocionado, nada más. Puede que hubiera olvidado a qué vino hasta aquí pero ya lo recordaría. Se levantó y comenzó a sacudirse el polvo. Había tenido suerte, a pesar de la caída no tenía ni un rasguño. Sacó su smartphone del soporte del brazo y pasó el dedo por el cristal negro, que al instante reaccionó preñándose de luz. El teléfono funcionaba bien, afortunadamente no había recibido ningún golpe. Parecía mentira, casi estaba más aliviado porque aquel engendro tecnológico hubiera resultado indemne, que de que no le hubiera pasado nada a él. Igual que si fuera un perro que recibe las carantoñas de su amo el teléfono comenzó a vibrar. En la pantalla apareció el icono de un “teléfono” de los que solo servían para hablar y un número que no estaba asociado a ningún contacto de su agenda. Sin pensarlo lo seleccionó y lo arrastró hasta que el icono se volvió verde.
-Dígame
-Hola, buenos días. ¿Es usted el agente Arturo? Quiso saber una voz de mujer
-Sí, ¿quién lo pregunta?
-Soy la doctora Emma Gómez.

Aquel nombre, oírlo fue el manotazo que hace que todo vuelva a funcionar. Ahora lo recordaba, había venido buscando el Buen Pastor y le estaba llamando la forense a la que le dio la muestra para que hiciera la prueba de ADN. Si alguien le estuviera observando lo hubiera visto respingar igual que un marinero cuando oye la voz de “capitán en cubierta”.
-Buenos días doctora, me alegra oírla.
-Yo, no estoy tan segura de estarlo. Tenemos que hablar.
-¿Ha encontrado algo interesante?
-Sabe que sí. Pero ahora no es el momento de hablar de ello. Le mando la dirección de una cafetería. Mañana a las 21:00 estaré allí, ¿podrá venir?
-Sí, claro allí estaré.
-Bien, pues hasta entonces.

La pantalla mostró un mensaje escrito en letras blancas “La llamada de voz ha finalizado” sobre un fondo azul, un instante después se volvió negra.

Se quedó mirándolo un segundo. Cómo pensando qué hacer. Consultó la hora. Casi las doce de la mañana. ¡Dios qué tarde era! ¿Cuánto tiempo había estado conmocionado? Una nube cenicienta cruzó por sus pensamientos. Nunca le había ocurrido algo así. Cuando pasase todo aquello se haría un chequeo. Sí, sería lo mejor, aunque no fuera nada importante, no convenía dejarlo caer en el olvido, pero no ahora, ahora tenía otra cosa en mente. Giró sobre los talones y comenzó a andar en dirección al coche, que estaba en una especie de apartadero que formaba un ensanchamiento del carril, justo al comienzo, nada más abandonar la carretera comarcal, o al menos eso recordaba. Aquella broma de pésimo gusto con el mismo, le hizo sonreír. Apretó el paso y comenzó a trotar. De poco importaba ya que no hubiera encontrado el Buen Pastor, la cita con la doctora lo hacía un dato insignificante. Algo le decía que aquel mendigo le había dicho la verdad, toda la verdad, por muy extraña que pareciera.

A lo lejos se volvió a oír el graznido de una corneja, puede que fuera la misma o puede que no, lo que no dejó lugar a dudas es que el graznido sonó a carcajada. 

Continuará... 

RIADA #1
 

jueves, 8 de febrero de 2018

Hart-Bonamassa: black coffee, of course!

Dame una sola razón para no amarte y me haré el sordo un instante.
-bonita frase, pero centrémonos en vd. señor...Calavera? es así como le llaman?
Sólo mis amigos y lectores del blog. Vd. puede llamarme ''usted''.
-de acuerdo; que vé usted en esta foto?
Veo un choque de trenes.
-por favor, explíquese.
Alquimia, fuego, pasión, locura y magia, mucha magia.
-lo que se suele conocer como feeling?
Sí, pero lleva mucho más que feeling. La magia aparece espontáneamente cuando menos se espera cuando un músico toca con otro. Unas veces ocurre y otras muchas , no.
-entiendo. vamos con la siguiente:
Aquí veo a Beth Hart dándolo todo en directo y a Joe con la guitarra. La pareja perfecta! Ella tiene una actitud escénica y una voz que me recuerda a Janis Joplin.
-a quién?
JAJAJAJAJAJAJA vaya, vaya, señor ''doctor''? pretende cuestionar mi salud mental y ni siquiera conoce a Janis? Esa mujer cantaba con el coño, sabe?
-perdón???
Pues que no sólo se limitan a cantar como loros, ponen su corazón en cada nota que cantan y hasta la respiración entre frases les queda bien y en casos como el de Beth cuando se le quiebra la voz, mejor le suena. Eso es cantar con el coño, ''doctor''.


-entiendo. y que nos puede contar sobre Joe y Beth?
Joe empezó a tocar con cuatro años, su padre era músico y vendía guitarras, era comercial y las guitarras eran parte del mobiliario de la casa. Era inevitable el proceso..con doce años ya daba conciertos y llegó a ser telonero del gran B B King, que en cierta ocasión dijo de él: ''este chico tiene un potencial increible'' y ella, Beth, comenzó a darse a conocer en el mundillo de la música como pianista. Aunque recibió clases particulares, nunca quiso aprender solfeo, la profesora le enseñaba la canción y ella la aprendía a base de practicarla una y otra vez. A los 27 años se limpió de la mala vida, se tomo en serio la que le quedaba y se dedicó en cuerpo y alma a la música. Ha grabado para guitarristas como Jeff Beck o Slash y a Bonamassa lo conoció en el pasillo de un hotel! surgió la magia..
- y se enamoraron..
Musicalmente hablando, si. Pero subrayando con insistencia lo de musicalmente. Sus vidas privadas son eso: privadas. Son dos personas que se dedican a la música, tienen buen feeling juntos, se aprecia en sus canciones y en directo no necesitan parafernalia, ellos son los focos y el show completo.

''Black Coffee'' es un disco veterano ya desde su reciente lanzamiento. Veterano porque ellos lo son al igual que la banda que les acompaña y la producción lo refleja fielmente a lo largo de las diez canciones que lo forman. Aquí se escucha cada instrumento tal cual suena, sin envoltorios pomposos.
-música desnuda, quiere decir?
Quiero decir desnudar el alma, dar todo lo que se lleva dentro en pos de conseguir lo mejor...

-eso es lo que los melómanos llamáis ''transmitir''?
Se transmite un partido de fútbol o la gala de los Oscar, la música tiene que despertar emociones. Las personas transmiten emociones.
-intenta decirme que mediante la música se puede alterar el estado de conciencia de un individuo?
Y eso lo ha pensado usted solito, ''doctor''? Mire, le voy a decir algo: no se fie nunca de una persona que no le guste la música, suelen ser sociópatas vestidos con bata blanca y un presunto título de licenciatura colgado en la pared.
-esta cuestionando mi trabajo?
Vd cuestiona mi salud melómana sin conocer la música de la que le hablo y yo cuestiono el tiempo que voy a tardar en levantarme de la silla y largarme.

Cuando ya sabes que has perdido la partida antes de que esta empiece, lo mejor es tirar su Rey a la chimenea y besarla impulsivamente.
-así no son las reglas del juego.
Pero así juego yo.
-y no cree que eso podría ser una derrota estrepitosa?
Probablemente, aunque por un beso merece la pena la condena.
-empieza a reconocer ya su problema?
Empiezo a reconocer que es usted inoperante, incompetente, algo abrupto y sufre de turbulencias. Diría que ha sido un placer, pero es mentira. Hasta nunca, ''doctor'' jajajaja
-oiga, no puede irse asi, necesita tratamiento!
Podría irme de otra manera, pero sería más incómodo para usted. No me dé las gracias, adiós.


Bueno Calaveras, ya de vuelta en mi caldera sano y salvo, deciros que Black Coffee..
...es uno de los mejores discos que se pueden escuchar con deleite, puro Blues, Soul, Rock y demás subgéneros de raíces sureñas, versiones de los clásicos del Soul de los 60's con un muy buen sonido y una producción exquisita, sencilla y natural. Una auténtica gozada a cargo de estas dos fieras de la música.
El relevo de Clapton? La reencarnación de Janis? De ninguna de las maneras, pero el futuro es tranquilizador y más brillante, porque hay dos estrellas más en el firmamento.

Dame una razón para no amarte y me haré el sordo un instante.




Mantengo humildes mis orejas.

sábado, 27 de enero de 2018

RIADA #10



Azul, absoluto. Un mar infinito de solo un tono de azul, del tono de azul de cuando piensas en azul. Arturo se encontró dentro, buceando, pero no aguantaba la respiración. Fuera aquella suerte de fluido lo que fuera, tenía la capacidad de respirar sumergido en él aunque realmente no sabía si sumergido sería una palabra correcta. Se buscó las manos con la mirada pero no pudo ver nada de su cuerpo, aunque tenía conciencia de él e incluso se lo notaba. ¿Era así cómo debían de sentirse los amputados?

Dolor. Un sonido, un sonido agudo chirriante, que empieza a subir en intensidad, hasta que sus ondas golpean los tímpanos con una frecuencia tan alta que duele, como si los atravesarán con una escofina. Un ebanista cruel que arranca astillas al tocón que talla. Un tocón que siente como le quitan cada pedazo de su carne de madera.

El dolor alcanza su cenit y se mantiene allí. No sabe cuánto tiempo, es incapaz de calcularlo. Una eternidad o un segundo, qué más da. Es desquiciante, intenta protegerse unos oídos que no encuentra con unas manos que parece haber perdido.

De súbito desaparece, dejando una huella en forma de zumbido grave, de esos que te aturden por un cambio brusco de presión.

Algo está entrando en el Azul, lo podía sentir, igual que un tiburón siente una gota de sangre en el océano, solo que aquella sensación era profundamente oscura y fría. Aquello que penetraba en el azul era malvado, amenazante, algo que lo buscaba con ansia depredadora. El Azul se espesa, se condensa y ahora era más una especie de mucosidad densa lo que lo atrapa, una gota de resina que fagocita a un insecto. Terror, la siguiente sensación es terror, un terror primigenio y visceral, quiere huir, pero a dónde y cómo. Esas preguntas tienen una respuesta sorprendentemente lógica: Pánico, un pánico animal, de presa que se sabe alcanzada, no hay escapatoria, no se puede huir, es una mosca enredada en una tela de araña y la titular ha decidido que había llegado la hora de comer.

Es un tsunami y él un muro de arena, levantado con más voluntad que pericia en la playa. Aquella presencia penetra dentro de él como un ariete, como un falo de metal candente. Sólo hay odio maldad en aquello y una curiosidad insana. ¿Quién eres?, ¿qué buscas?, ¿cómo has llegado hasta aquí? Y entonces todas las preguntas son contestadas, toda la curiosidad es saciada porque es imposible negarle nada, resistirse a que tomara lo que le viniera en gana. Su mente es un escaparate donde ha alunizado un Hammer blindado a toda velocidad. El resquicio de esperanza se esfuma, no hay ninguna recompensa por despejar aquellas incógnitas. Mentira, sí la hay, dolor, un dolor de carne separándose del hueso, eternamente incresccendo, nunca parará de ascender, progresando exponencialmente. Es la infantería, que penetra detrás de que el ariete haya destrozado sus puertas. Acero y fuego reduciendo todo a cenizas.

El Azul torna negro. Un negro nada, negro de no, negro de muerte.



En uno de los sótanos del Buen Pastor, unos vúmetros digitales, pasan del verde al anaranjado e incluso algunos llegan al rojo acompañados de pitidos indican que algo no va bien. En un sillón reclinable, parecido a los que encuentran en los gabinetes odontológicos, está Arturo. El sillón se ha colocado en una posición completamente horizontal, sujeto con múltiples correas. Está desnudo de cintura para arriba, luce electrodos en el pecho y en las sienes. De la comisura de los labios le resbala una espuma del mismo color del que se le han vuelto los ojos. Tiembla, convulsiona y a pesar de las correas de nylon, ha conseguido despegarse unos milímetros del cuero negro que tapiza el sillón, quedando apoyado solo por la nunca y los talones. Todos los músculos se marcan debajo de la piel y la poca grasa del policía. Orgaz lo mira con cara de preocupación.
Lo va a matar - Piensa, pero no

se atreve a expresarlo en voz alta. Sus dedos regordetes corren por el teclado. Del techo surge un brazo robótico armado con un vial que se inyecta certeramente en el pecho de Arturo.

Las convulsiones cesan y los registros vuelven a la zona naranja y de ésta a la verde.
Señor, está muy débil...

Los dedos teclean el mensaje con precaución, casi como si las teclas quemasen.

La respuesta no se hace esperar es casi simultánea a la pregunta. Dentro de la cabeza del doctor brota una sensación, una para la que el hombre aún no ha creado ningún concepto. No es odio, no es furia, es algo primitivo y feroz, una dentellada, el rugir de una bestia rabiosa. Ese mensaje era lo más parecido a meter la mano entre las fauces de un tiranosaurio y su presa.

Pero es una bestia inteligente y sabe que el doctor tiene razón. No puede seguir machacando a aquel hombre.

Los registros vuelven a ponerse rojos esta vez todos, las luces tintinean. El sistema se está sobrecargando. La consola central comienza a recibir mensajes de alerta, se está consumiendo mucha energía. Las baterías se agotan a toda velocidad. En la sala contigua los niños pasan a ser cadáveres inútiles a un ritmo que no se pueden permitir. La computadora principal va a colapsar por el acceso de rabia impotente de aquel, de aquella cosa. De algunos paneles saltan chispas. Los magnetotérmicos de la sala de control saltan y accionan al mismo tiempo la iluminación de emergencia junto con una sirena que recuerda a la de un submarino durante un zafarrancho de combate. La luz roja lo tiñe todo. Las contramedidas se ponen en marcha y la refrigeración de emergencia se conecta automáticamente El sistema informático ha caído, pero la parte más sensible del sistema continua funcionando gracias a los generadores diesel de emergencia. Sólo las funciones que soportan la vida de Set funcionan, siguen haciéndolo como si no hubiera ocurrido nada. Todo lo demás ha dejado de hacerlo.

El encéfalo sigue sumergido en aquel prisma, aparentemente inerte como si fuera el espécimen de una colección anatómica, de una extraña colección de una sola pieza. Allí reside, allí mora Set y ahora solo tiene una idea, un pensamiento. Cada célula, cada reacción electroquímica solo tiene una misión, una razón de seguir existiendo. Ahora lo sabe, ahora ha descubierto qué pinta ese policía curioso en todo esto.

Desde que se interesó por aquella nueva forense el nombre del policía entrometido surgió rápidamente entre sus pensamientos más superficiales, esos que podía percibir desde la distancia. Luego solo tuvo que influir sutilmente, entrar en la mente de aquel hombre y como si le susurrase al oído mientras dormía, le dejó caer la idea de ir a echar una ojeada hasta sus dominios, hasta el Buen Pastor donde caería inevitablemente entre sus garras. Porque algo le olía mal en todo eso y esta vez no dejaría ningún cabo suelto, esta vez su triunfo sería absoluto e incontrolable, Entonces es cuando ese insignificante insecto volvió a aparecer en escena. Luis, el padre de Paula ha vuelto a entrar en el tablero de juego, y ha movido ficha. Ha introducido más piezas en la partida. Al final iba a ser más fuerte de lo que pareció en un principio. Hace casi quince años debió aniquilarlo, pero no lo hizo, pensó que aquella mente anodina y torpe se perdería en su propia locura, sorprendente no lo había hecho. No pasaba nada, el mejor escribano puede echar un borrón. Ése sería el último. Luis ya estaba en el cajón de las fichas muertas, sólo que aún no lo sabía. 

Continuará... 
RIADA#1
RIADA#11 
 


viernes, 19 de enero de 2018

Música ''ESA'' : Eléctricos, Sinfónicos, Alquimistas.

Se inició 2018 con los típicos deseos de una vida mejor y demás promesas con brindis al aire, pero el movimiento es necesario para pasar a la acción y volver a dar de nuevo lo mejor de cada uno, compartir y dejarse llevar por la magia de la música.
Preparar un concierto post Reyes Magos en un bar de cierta solera de tu ciudad obliga a invertir unas horas más de lo habitual porque quieres que todo salga perfecto y al final esa inversión da sus frutos.


Todo salió bien, nosotros gozamos y el respetable se dejó llevar de viaje durante casi dos horas.
Pasado esto, toca actualizarse y comentar unas novedades musicales que merecen una buena escucha y quizá pase a formar parte de la discoteca personal de cada uno.




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La primera banda que  os propongo vienen de Atenas, se llaman Bare Infinity y galopan entre el sinfónico y el power y su último disco The Butterfly Raiser contiene buenas melodías, aires vikingos, raíces folk, dosis de virtuosismo sin empalagar y la voz de Ida Elena aportando sensualidad y bravura a partes iguales:


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Los veteranos Edenbridge proceden de Austria y su formación como músicos de la escuela clásica queda patente en cada canción de sus discos. The great momentum es su último disco (2017) el noveno ya. Metal sinfónico con una producción y sonido impecable.  A destacar entre vistuosismos, la voz de la hermosa Sabine Edelsbacher moviéndose con maestría entre progresiones, cambios de tono y de ritmos:



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The Dark Element es la nueva propuesta de Annette Olzon tras ser la vocalista de Nightwish. Una grata sorpresa para los que esperábamos un coqueteo con el pop, pero se ha destapado con un gran disco de corte sinfónico.


La banda nace en Finlandia y el debut es agresivo, potente y melódico, hasta con ciertas pinceladas que dejan ecos de su antigua banda:

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Y el plato fuerte es sin duda Exit Eden, la nueva banda que ha creado Amanda Somerville y que ha puesto su voz para Trillium, Kiske, Avantasia, Luca Turilli, Epica, Edguy entre otros, ha reclutado a otras tres divas:
-Anna Brunner (coros en Avantasia)
-Clementine Delauney (Visions of Atlantis)
-Marina La Torraca (Phantom Elite)


Cuatro voces con sobrada experiencia y tablas ofreciendo su particular versión sinfónica de grandes éxitos de artistas del pop y otros estilos. Esto es lo que ofrecen Exit Eden en su disco de debut titulado Rhapsodies In Black.


Y para las orejas más veteranas, el clásico de Bonnie Tyler:


Tan solo por esta maravilla merece la pena tener el disco. El nivel de ejecución e interpretación es muy alto y el resultado final es apabullante. El metal sinfónico al servicio del pop, lo cual quiere decir que si la canción es buena, da igual el estilo interpretativo; va a sonar y va a transmitir y de eso es de lo que se trata.






Mantengo humildes mis orejas. Y en 2018 también.

lunes, 15 de enero de 2018

RIADA #9








El día había amanecido soleado. Parecía que al fin las lluvias habían dado una tregua e incluso que se mantendría unos dias.

Las gotas de sudor le perlaban la frente y el aire cargado de olor a pino le atravesaba los pulmones. Salía a correr a menudo, le gustaba hacerlo. Correr era una forma de desconectar del mundo, de los problemas cotidianos. de cuidarse, de dedicarse un tiempo solo y exclusivamente para él, y también la manera que tenía de justificar otro hábito mucho menos saludable, fumar. Correr compensaba el tabaco, se decía.

Normalmente lo hacía por un parque cercano a casa. Se ponía música y corría hasta que las piernas o el pecho le quemaban. Se negaba a usar aplicaciones para que le informaran de la distancia, la velocidad o las calorías consumidas. corría por el mero placer de hacerlo. No necesitaba esa especie de competición absurda con el mismo, no le preocupaba batir su récord personal y por supuesto, mucho menos estaba interesado en pavonearse en ninguna red social. No, correr no era una cuestión de ego, sólo era correr, correr y escuchar música. Pero hoy era un día especial. Hoy no corría por el parque de al lado de su casa, hoy lo hacía por un bosque lejos de la ciudad, un bosque que guardaba un secreto, uno que él quería si no descubrir, por lo menos cercionarse de que existía, de que otra pieza del puzzle estaba sobre el tablero El Buen Pastor una residencia, un sanatorio abandonado donde según Luis habitaba un ser, un monstruo. Por un momento sintió un pequeño temblor de piernas y dio una zancada más corta, más insegura. De ser cierto todo, se estaba adentrando en la boca de un lobo, de un lobo viejo, astuto y malvado. Tenía que ser prudente, mucho.

Dream Theater seguía sonando en sus oídos, su música actuaba como un bálsamo, uno que le templaba y sosegaba. Sólo echaría una mirada discreta, suponiendo que existiera, y suponiendo de que diera con él. Las instrucciones de Luis fueron vagas “sigue la pista forestal”.

Ya llevaba 20’ trotando por aquel bosquecillo y nada. Una urraca graznó desde su percha en una rama alta de abeto cercano, su desagradable voz se coló entre las notas de Endless Sacrifice. Por supuesto no entendía el idioma de las urracas, y de ningún otro pájaro, pero juraría que aquel graznido sonó a: “Vete!”. como si aquella ave fuera un portero y le estuviera advirtiendo de que allí no era bien recibido, que no les gustaban los trotones curiosos.

200 metros más adelante el camino torcía a la derecha en una curva brusca, que no dejaba ver qué había más allá pero tuvo una corazonada y fue cierta el Buen Pastor surgió entre el verdor del bosque, rotundo, sobrio, una mole blanca con tejados a dos aguas, negros de pizarra y ventanas enrejadas.

La imagen de la construcción le hizo detenerse. Allí estaba lo que había venido a buscar. Justo como se lo había descrito el mendigo. Y ahora qué. Tanto se había preocupado en encontrar y de alguna forma casi había deseado que no existiera o que fueran unas ruinas, los restos de algo que ya no era, de algo que solo fuera una sombra en los recuerdos de un hombre trastornado y que, porqué no reconócelo, le diera la excusa de dar por zanjada esta madeja en la que poco a poco se estaba enredando.

El pájaro volvió a graznar otro “Vete!” Más contundente, más seco, más “No te lo voy a volver a repetir”. Pero no, no se iba a ir. El Buen Pastor existía, lo había encontrado, al menos físicamente, ahora solo había que comprobar que no era un simple edificio perdido en medio de un bosque. Reanudó la marcha. Echó a trotar de nuevo, muy despacio. Quería tomarse tiempo para observarlo detenidamente mientras recordaba las palabras de Luis:

“Está rodeado por unas verjas de hierro, acabadas en puntas de lanza, donde el óxido medra. Es un edificio con planta de cruz, compuesto por dos alas y una nave central de tres alturas. En medio de una pradera de césped, verde, cuando no hay calvas de barro rojizo. Los muros son de ladrillo enfoscado en blanco, con refuerzos de granito. Los tejados de pizarra a dos aguas. De ellos sobresalen varias chimeneas. En la nave principal, se adelanta un porche, con columnas de piedra y un portón de madera de dos hojas con tachones de metal, que recuerda al de una fortaleza. Sobre él hay un cartelón con el nombre de la institución.

En las fachadas se asoman ventanas. Las del nivel inferior tienen rejas de hierro pintadas en blanco y en las de las demás están protegidas con una tela metálica como las de un gallinero”

Decidió seguir el camino hasta la cancela y luego rodearlo discretamente. No se apreciaba ninguna actividad, las chimeneas no expulsaban humo y no había ningún coche a la vista. A lo mejor no había nadie, a lo mejor solo estaba cerrado. Era una bonita idea, tan bonita como breve, pues el morro de un Mercedes negro apareció lento e imponente por un lateral del edificio. Ya lo habrían visto, igual que él los había visto a ellos, su indumentaria de runner no era especialmente discreta y los colores fosforitos del cortavientos no le hacían pasar precisamente desapercibido entre aquel fondo verde de coníferas. El camino moría en la verja del Buen Pastor era absurdo fingir que iba a cualquier otro lugar o intentar hacer un cambio de dirección. Lo mejor sería actuar con naturalidad. Se llevó la mano al brazo y sacó el móvil de la sujeción, donde lo portaba mientras corría. Se detuvo y lo apagó. En ese instante la música dejó de sonar y la pantalla se volvió negra.

El Mercedes negro cruzó la cancela y siguió avanzando, con el crujir de la grava bajo los neumáticos hasta donde él estaba quieto y sin dejar de mirar el móvil. Puso cara de circunstancias y les llamó la atención para que se detuvieran.

El cristal tintado de la ventanilla del copiloto bajó un par de palmos.

Un hombre trajeado de negro, con gafas de sol de pasta del mismo color y cabeza cuadrada apareció. No dijo nada.

· Perdón. Mi teléfono se ha debido de estropear y no puedo usar el GPS. Creo que me he perdido. Me podrían indicar cómo se sale de este bosque.

· Suba al coche- Dijo cara de perro.

No era una sugerencia, no era una petición. Era una orden.

· No, no será necesario tanta molestia. Ya encontraré yo solo el camino de vuelta. Gracias.

Aquello no le gustaba, nada, ni una pizca. Tenía que salir de allí. Lo mejor sería correr pero hacerlo campo a través, por entre los pinos. Allí el coche no les sería de utilidad, y podía correr, correr muy rápido.

Sin mediar una palabra más se giró, dispuesto a salir a toda velocidad de allí. El motor que accionaba la ventanilla del copiloto volvió a trabajar, emitiendo un leve siseo para ocultar completamente la luna tintada en la carrocería del coche. Entonces cuando ya estaba a tres zancadas de él, llegó hasta sus oídos el inconfundible sonido de un arma cuando se monta y una voz autoritaria, mucho menos amable, mucho más tajante, que le gritó, Alto!

· Suba al coche. No se lo volveré a repetir.

El miedo a saberse encañonado era paralizante. Su formación no sirvió de nada. El miedo le tenía atrapado entre los dientes.

· No me ha oído?

· Sí. No sé qué quieren de mí pero les aseguro que esto es una terrible equivocación.

· Desde luego que sí agente Arturo. Ha cometido una terrible equivocación. Ahora monte en el coche o le volaré la tapa de lo sesos y luego le quemaremos igual que quemamos a Pepín.

Continuará... 

RIADA #1
RIADA #10