NOSOTROS

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sábado, 15 de abril de 2017

SANGRE #10




SANGRE #10






‒ Bien, bien siempre has sido una chica con suerte hermanita. Parece que la tuya se ha agotado. ¿Cómo dicen? Ah! sí, “A todo cerdo le llega su San Martín”. No sé si me estás escuchando, espero que sí, no quiero que te vayas al otro barrio con esta duda.

Tú eres la escritora de la familia, la artista, no seas dura conmigo. Yo soy más de hechos que de palabras, pero me esforzaré y te haré el mejor resumen que pueda:

El viejo se está muriendo, es un hecho, solo es cuestión de días, semanas tal vez. Te prometo que no tuve que ver nada ahí. También es mi padre y lo quiero, sólo he intervenido para que su camino sea lo más corto y fácil posible, no me gusta verlo sufrir.
Curiosamente su enfermedad, fue como una señal. Sí eso es, fue una llamada de atención. Ya sabes cómo es, siempre al pie del cañón, con mano de hierro. La idea de jubilación ni siquiera se le había pasado por la cabeza. Sí, he sido su mano derecha durante los últimos años, o eso decía en las reuniones, pero todos sabemos que solo soy un apéndice, un chico de los recados con un buen sueldo, sin ninguna responsabilidad real. Todas las decisiones primero deben de pasar por él, debe dar su consentimiento antes, su aprobación. Y ahora de repente enferma, se siente viejo, débil y tiene miedo. Y yo su hijo mayor, su servidor más fiel, el que siempre ha estado a su lado, el que nunca le abandonó, se inclina a sus pies, una vez más, para relevarle, para asumir esa pesada carga que ya no puede llevar, para recibir por fin la confianza que merece, la oportunidad por la que tanto tiempo lleva luchando y qué encuentra. A un viejo temeroso de la muerte, que quiere poner sus asuntos en regla antes de morir. Sí es lo lógico todos tememos a la muerte y todos querremos dejar nuestros asuntos listos antes de partir al barrio de los quietos. Pero, ¡Ay maldito sea mil veces mil! El viejo tiene una espina clavada, una secreta, una que se le ha ido hincando a lo largo de toda su vida y que ahora en el umbral del panteón familiar quiere sacarse. Su niña pequeña, la hippie malcriada que se fue a la capital a vivir su vida, la que lo dejó y la que ahora, al olor de la carroña de su padre viene a picotear del festín, a aprovecharse de su pobre padre enfermo, a quitar a sus hermanos lo que han ganado por legítimo derecho. Y ¿qué hace papá? Pues como en el maldito pasaje bíblico del hijo pródigo, está dispuesto a sacrificar a su mejor cordero para dar una fiesta por la vuelta al redil del hijo perdido. En una estúpida representación donde quedará en paz consigo mismo, legando a su hijo extraviado todo su trabajo, dejando unas pocas migajas a los demás, a sus verdaderos hijos.
¡Pero NO!, querida y casi ya pútrida hermana, tú no tomarás ni un solo pedazo del pastel en el obituario de tu padre. Te voy a llevar junto a él, que es lo que realmente querías, ¿no? Un amor filial y completamente desinteresado y qué mejor que morir junto a él. Porque eso es lo que va a suceder.
Ah! se me olvidaba. Sí, lo de Luis fue una lástima, ya estaba muerto desde hace mucho, nadie lo echará de menos, ni su mujer, creo.
Bueno hermanita, pues prepárate, ya queda poco para que vayas junto a papá‒.

Sus palabras son como una bandada de cuervos, que revolotean sobre mí. Cada nueva palabra es una alimaña más que llega, una sombra negra de pico y garras afiladas. Cada una desciende, con su sonido lacerante para herirme, cada una escarba un poco más en la herida, ahondando en la carne recién abierta, deleitándose con mi sufrimiento impotente. Creo que estoy llorando, siento mis labios húmedos y salados y el asco infinito e impotente cuando siento los suyos basándose en la mejilla. No puedo mover un músculo, ojala pudiera hacerlo, lo agarraría y le clavaría las uñas en la cabeza y le mordería la cara como un perro rabioso. Pero no puedo hacer nada. Soy una estatua de sal y mi hermano, una lluvia cruel y despiadada, que disfruta deshaciéndome. Sólo puedo gritar, mi mente, yo, aquello que soy, lo que hay debajo de la cáscara de carne y huesos que me soporta, eso está gritando de dolor, un dolor total y absoluto, de un dolor que ninguna droga, puede calmar.

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Oigo como las suelas de sus mocasines italianos golpean el suelo de la habitación, se alejan. Un monitor ha empezado a pitar, le sigue otro. Algo negro se acerca, más negro que esas palabras que siguen resonando dentro de mí, que aún van reverberando igual que un eco malvado. Es una presencia, no está dentro de la habitación y lo está al mismo tiempo. Siento frío, tanto que duele. Es un viento oscuro que ha apagado el sol. Sigo con los ojos cerrados, no puedo ver nada, sólo que nada es una palabra absolutamente vacía de contenido, hueca comparada con la oscuridad que me acecha. Miedo, mucho miedo, porque esta oscuridad sólo puede ser la muerte que viene a buscarme.
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El agua me quema la nuca, se derrama como piedra fundida por la espalda, baja por la espalda siguiendo columna vertebral, luego sigue por las nalgas y me cae por las piernas hasta llegar a la loza del plato de ducha. Aguanto el calor, tengo la mano sobre el grifo, pero me niego a girarlo. La piel se enrojece, me estoy abrasando, lo soporto un segundo más hasta que me doy por vencido y de un manotazo cambio la maneta del monomando llevándola al color azul. El contraste de temperatura es brutal, los vasos sanguíneos se contraen dolorosamente y me provocan un espasmo. Aún temblando vuelvo a accionar el mando y coloco el termostato de la ducha en 35º. Levanto la cabeza, miro a la alcachofa, es una nube artificial de falso metal cromado, suspendida en un cielo de escayola pintada de blanco, diluvia sobre mí. Abro la boca y le muestro los colmillos que se han desplegado completamente. El agua cálida entra y amenaza con ahogarme, la retengo colocando la lengua a modo de esclusa, la dejo que me rebose la cavidad bucal. Siento como me limpia con su caricia templada y por un momento imagino que calidez es la sangre la que me anega la boca.
La escupo, saliendo de ese pequeño espacio de relax que me he regalado. No tengo demasiado tiempo, la directora de clínica me espera, seguro que tiene muchas cosas que contarme.

Aaah! Un rayo de dolor me atraviesa la cabeza de sien a sien. Me aferro al grifo para evitar la caída, todo me da vueltas. ¿Qué me sucede? Cierro los ojos como si eso me fuera a calmar. Con los párpados cerrados, una luz azul me ciega, es un dolor que rebota dentro de la cabeza, un rayo azul dentro de un invernadero de hueso. Entonces llega el verdadero azul, el verdadero dolor, sobrecargando todas mis neuronas. Es una señal, una emisión autoritaria. La estoy recibiendo, reclama todo el ancho de banda de mi mente, anegando todo como una ola gigante. Es la misma sensación que tuve aquella mañana, sólo que multiplicada por mil, lo comprendo.
 

Es Laura. No puedo desmayarme, tengo que soportarla, tengo que seguir a la ola azul, esperar a que se retire, abandonarme a su resaca porque me llevará hasta ella.
Efectivamente el dolor comienza a descender, comienzan a flaquear las fuerzas, estoy a punto de desfallecer, prácticamente de de rodillas, aferrado al grifo de la ducha como un alpinista se aferra a un saliente de roca para no caer al abismo. El pulso se hace más débil. Tengo que seguirla, establecer contacto.

‒‒ LauraaaaA! Grito a los azulejos. Las manos se han transformado en garras, pujan por clavarse en el metal. Jamás he salido de mí, tengo miedo, pero es la única solución, soy un vampiro. Mi abuelo lo podía hacer, yo debo por hacerlo también.

Ahora soy un madero a la deriva uno oscuro, una mota negra en un mar azul y desconocido. Un mar que aleja, que va desapareciendo, tragado por un desagüe, el ojo de un dios tuerto lo engulle.


Continuará...

jueves, 30 de marzo de 2017

Volovanes (by Coquito) como panes.



Nuestra cocinera favorita Coquito se ha decidido a bajar a las calderas del blog para hacernos salivar una vez más y nos deja con el siguiente plato:


''Volovanes de pescado y marisco''.


Hola calaveras, hay un entrante que me gusta mucho por su facilidad de preparación y su sencillez de presentación.


El volován es un molde o cesto hecho con masa de hojaldre y se suele rellenar habitualmente con preparados salados.
Su origen se remonta al año 1750 (vol-au-vent) pero lo popularizó un pastelero francés de nombre Marie-Antoine Caréme en el siglo XIX
El nombre de volován se le dió en referencia a la masa hojaldrada que usaban, que era tan ligera que al subir en el horno, pareciá que iba a salir volando. Esto comentó una vez el ayudante del pastelero y desde entonces se conoce así al volován.




''Nadie nace siendo un gran cocinero; se aprende intentando''




Ingredientes:


-6 volovanes de tamaño grande
-50 gramos de gambas cocidas
-2 latitas de atún
-3 palitos de surimi
-3 lonchas de salmón ahumado
-1 huevo cocido
-salsa de marisco o salsa rosa (al gusto)
-huevas de lumpo ( o caviar o cualquier otro sucedáneo en su defecto)


Preparación:


-cocemos el huevo y reservamos
-cocemos las gambas y las reservamos también
-en un bol ponemos el atún escurrido, los palitos de surimi, dos lonchas de salmón, todo muy picadito
-una vez fríos el huevo y las gambas, se picará todo también en trozos pequeños y se añadirán al bol
-y por último, la salsa al gusto
-se mezcla todo y rellenamos los volovanes
-finalmente una vez rellenos, decoramos estos con la tercera loncha de salmón que nos quedaba y se añaden las huevas






''Vivir sin Fingir,
 Amar sin Depender,
 Escuchar sin Defender,
 Hablar sin Ofender''









Eran noches de sembrar arte.



No sé en otras ciudades, pero aquí en Almería el panorama roquero underground andaba ya bastante revuelto con los Gunners, todos querían tocar ''sweet child o'mine'' con ese original riff de Slash en Re Mayor y con cuerdas alternas. No era muy difícil de calcar, pero había que dedicarle unas horas para que sonara fluido y calcado.
Una de esas tardes después de la siesta, me adecenté, me fui al ensayo y entre nuestras risas y cerveceos empezamos a tocar versiones y canciones propias. Hacía unos cinco años aprox. que la aventura de rock andaluz tocó a su fín, Khayr nos disolvimos y cada uno siguió un camino diferente.
Mis primeros meses sin compromisos musicales fueron efímeros, me mentalicé a no tener prisas guitarreras, a tomarme el mundo de las bandas con tranquilidad, era momento de descansar un tiempo tras ocho años de trabajo intenso a nivel creativo, de ensayos, conciertos, etc. pero el veneno del rock&roll no conoce antídoto y cuando me vine a dar cuenta, ya estaba de nuevo repasando canciones, creando riffs y buscando criaturas con las que compartir partituras, cerveza y sudor de ensayos kilométricos.
Tuve la inmensa suerte de poder trabajar con dos veteranos de la música en directo a los que ya seguía desde hacía tiempo y me enseñaron a tocar, a estar los tres solos en la clásica formación de batería, bajo y guitarra y hacerlo todo nosotros.


Ya no había coristas de voces negras, teclados pomposos ni arreglos preciosistas, éramos un trío sin focos de colores, en un escenario a ras del suelo, tocando entre la gente y sonando con fiereza, destilando actitud, veteranía, ganas y sonando con potencia. Era la escuela que me faltaba, la de la música en los bares, donde más he podido disfrutar tocando, con el respetable a pocos centímetros.




Una de esas tardes en el local de ensayo, nos visitó un concejal del Ayto. de Níjar para invitarnos a un fín de semana de actividades culturales en la Cala San Pedro, en Las Negras, Almería. En un principio nos pareció bien, la idea prometía, pero claro, siendo asiduos de esas costas y conociendo la orografía cruda, empezaron a asaltarnos dudas.
Desde el pueblo a la cala por tierra hay un único camino de tierra y no exento de peligros, se tarda una hora andando en condiciones normales y no es apto para cualquier persona. Nos dijo que tenían contratado unas embarcaciones para transportar equipo y personas.
Allí no hay luz eléctrica ni comodidades del siglo XX, nada que te pueda sugerir que aquello tiene actividad humana, pero vive gente. Días antes se llevaron un generador eléctrico de gasoil y un bidón de combustible.
El concejal y sus colegas se habían encargado de planificarlo todo y que no faltaran víveres ni cualquier otra cosa necesaria, ya que la embarcación no podía navegar de noche, es decir, nos dejaba en el lugar a media tarde del sábado y venía por nosotros a media mañana del día siguiente.


Al menos, la idea era original, descabellada y por eso mismo, atractiva a la vez. paseo y traslado de equipo en barca, invitados, bandas tocando y costeados de comida, bebidas, apartados de la civilización...casi una fiesta privada en un enclave único.
Había que ser minucioso y preparar con tiempo el equipo a llevarse, ya que allí no había nada y estaríamos incomunicados al menos doce horas. Repasé al menos cuatro veces todo lo que tenía que llevarme: cables, adaptadores, púas, cuerdas, conectores múltiples, guitarras, amplis, todo doble por si fallaba alguna cosa tener repuesto.


Legó la hora de cargar todo el equipo en la embarcación de fibra de vidrio de quillas en paralelo (salíamos de una playa de Las Negras con fondo pedregoso y poco profunda y las embarcaciones normales no pueden acercarse, porque las piedras entran en el casco como cuchillo en manteca) y mojándonos hasta la cintura hicimos una fila humana para llevar la equipación a cubierta y por último fuimos subiendo todos, unas cincuenta personas en total.
Y empezamos a navegar..


Una escasa media hora tardamos en llegar y recuerdo perfectamente lo emocionante que era estar en cubierta escuchando el ruido cíclico del motor mezclado con el que hacía la mar golpeando la embarcación, lo más parecido a una canción de heavy metal, rotundidad y armonía navegando cogidas de la mano.


La llegada a San Pedro fue mejor de lo previsto, esta zona está a resguardo de levante, el fondo es arenoso y ofrece un buen refugio natural a las embarcaciones. La que nos llevaba a nosotros pudo varar sin problemas en la misma orilla y casi ni nos mojamos para desembarcar.




De las primeras cosas que recuerdo de allí al estar en la arena, era el sonido de unos yembés que procedían de alguna de las casas-cueva que hay a escasos metros. Según tengo entendido, un particular compró la cala (desconozco en qué artículo de la Ley de Costas dice que se pueda vender una playa, pero parece ser que hay quien puede hacerlo) con el VºBº º de la Consejería de Medio Ambiente, pero la okuparon y la habitan unas pocas personas que viven a lo hippie, como vulgarmente se les conoce.
Por qué viven aquí? Muy sencillo, porque hay agua dulce, el único lugar en muchos kilómetros a la redonda.



Esta fuente recoge el agua de un manantial que tiene caudal todo el año, por lo que hace viable poder subsistir aquí y tener árboles frutales, etc.
Desde la época de los corsarios, no fueron pocas las veces que el lugar sufrió ataques invasores, no consiguiendo nunca poder tomar la cala.
Prueba de ello son los muros de su fortaleza o castillo que todavía aguantan de pie el paso de los siglos, con algunas zonas restauradas y habitadas o ubicaciones destinadas al ganado animal.

A pocos metros de la orilla ya habían instalado con anterioridad una carpa de unos sesenta metros cuadrados con su tarima de madera como suelo, todo muy bien asegurado por si cambiaba el viento. Ya había allí varias personas esperando nuestra llegada, por lo que el traslado del material y su instalación se hizo en un plis plas.

Se acercaban personas de otras embarcaciones de por allí a preguntar, todo el mundo estaba un tanto expectante con lo que iba a ocurrir en las próximas horas, especialmente los lugareños, los que se auto-denominaban habitantes del lugar y empezamos a darnos cuenta de que la bienvenida no sería tal.

''paz y amor...pero aquí mando yo'', son actitudes totalitarias y contradictorias a la vez, según entiendo.

No nos querían allí, no querían que pasáramos la noche allí y mucho menos con un motor de gasoil berreando decibelios, (aunque se ubicó bien retirado por eso mismo) y no querían que volviéramos por allí, casi nos querían obligar a que alguien fuera andando hasta el pueblo para que los del barco vinieran a buscarnos.
La cosa se puso seria y en ese momento, el señor del Ayto. que nos acompañaba y máximo responsable de aquello, sacó una documentación, les explicó todo el papeleo legislativo y nombró al Seprona.

Cuando todo se calmó y pudimos volver a la normalidad, organizamos nuestra cena y fuimos caldeando el ambiente para empezar a tocar las tres bandas que estábamos allí.
Y empezó la fiesta!


No sé en qué orden salimos, pero sí recuerdo hacer versiones de Living Colour, The Cult, AC/DC, Zeppelin, Guns & Roses, Leño y así, algo más de una hora.

Luna llena, cielo despejado y saturado de estrellas, la gente en la arena unos a nuestro alrededor y otros un poco más alejados y al final ya casi de madrugada, una buena jam entre los tres grupos, tocando cualquier cosa que se nos ocurriera. Alguien empezaba con un riff o un ritmo y los demás se iban agregando hasta hacer de una canción de cuatro minutos un show a lo Floyd versión desmadre playero.


Después de tantos años sigo sin poder saber por qué no me quité el sombrero en toda la noche, no se me ve el cartón ni hacía solazo precisamente a esas horas, pero sí sé todo lo que pude sentir y experimentar y el grato recuerdo que guardo de los compañeros de viaje, tanto músicos como invitados y por supuesto, del entorno y de lo que se organizó allí ese fín de semana. Desconozco si posteriormente se pudo hacer algo similar, aunque lo dudo, porque a nadie le llegó noticia alguna al respecto, lo que me hace sentir un privilegiado, tanto a mí como a los demás.

Sigo en contacto a día de hoy con casi todos ellos y alguna vez hemos comentado las anécdotas que surgieron durante esos casi dos días, como cuando un colega y yo encontramos un frigorífico dentro de una cueva, sin corriente eléctrica aunque guardaba refrescos en su interior, pero hay que respetar y conservar en privado ciertas anécdotas que ocurrieron, aunque quién sabe! jajaja igual en un futuro cuando sea más mayor y me patinen las neuronas se me pueda escapar algo inadecuado, pero seguramente entonces se me habrá olvidado hasta escribir.


Eran noches de sembrar arte y de otras, ni te cuento..





Mantengo humildes mis orejas.


jueves, 23 de marzo de 2017

Huida al Morrón con James Cotton





Ruido.




Todo es ruido en las ciudades. Las urbes son como vivir dentro de un motor de competición, soportando la presión en bares, como unidad de medida. No existe el silencio en casa, ni en casa del vecino. Tampoco en los transportes ni en el lugar de trabajo. Orejas saturadas.




Estrés.




Todo supera el límite de velocidad permitido en la ciudad. Da igual si es grande, mediana o pequeña. Todo es inmediatez, prontitud y agobio. Ya nada se saborea. Ni siquiera esa taza de café después de comer, ni una conversación relajada para poder seguir con la rutina laboral un poco más optimista.




Insomnio.




Hace más de veinte años, El último de la Fila cantaban lo de: ''duerme la ciudad y una muchacha....'' pero eso ya quedó muy atrás, hoy tendrían que actualizar esa letra, porque la ciudad no duerme. Ya no duerme ningún núcleo urbano, ninguna ciudad guarda ya ''un minuto de silencio'', siempre hay un grito que lo quiebra.




Huir.




Alejarse al menos momentáneamente de el maldito avirpero dentro de una batidora que es la ciudad, desenchufar del tobogán de histerias y acciones mutantes que presencio casi a diario, llegar al pueblo con poco equipaje, respirar y sentirme libre!




Con esa idea salí ayer de casa a las 6:30 a.m. y con un pen-drive para el camino. Al principio pensé en llenarlo de metal sinfónico, progresivo, heavy metal y demás metralla mortal, pero como guitarrista llevaba en el bolsillo de la camisa dos rosas negras: una por la reciente muerte de Chuck Berry, el verdadero padre del Rock'N'Roll como le definió una vez Stevie Wonder y no pudo estar más acertado, ya que el riff de Roll over Beethoven lo ha tocado cualquier guitarrista al menos una vez en su vida.
Sólo un detalle: el Rock de Chuck Berry es hijo del Blues. El rock en general, es hijo del Blues. Amo a los dos por igual y quiero ser respetuoso con los orígenes, por eso mi segunda rosa negra es por James Cotton, cantante, compositor y armonicista de Blues, que falleció unos pocos días antes y casi nadie se hizo eco de la noticia, todo eran corrientes de opinión sobre Berry, al cual no le resto ni un ápice de méritos, al contrario, ensalzo su figura y como soy consecuente le muestro mis respetos, pero me salgo de todos esos # con tufillo a obtener relevancia y me quedo con James y esa armónica que es todo un tren a vapor sobre las vías del ritmo:








Llegar al pueblo con esta canción en el coche mientras se empiezan a percibir los primeros claros de luz, es otro nivel. Un cocktail de sensaciones sobreexcitadas por el ritmo de la música, que me hizo quedarme parado en el coche hasta que dejó de sonar y pude bajar para capturar el instante por el que llevaba semanas suspirando:




En principio no parece gran cosa pero oye, es mi pueblo y a mí me gusta, aquí me quito años de encima como el que sacude las migas del mantel después de comer.
Apenas me detengo. Lo que pretendo cazar quiero atraparlo en las afueras, en las playas anexas, donde casi nadie va nunca en invierno, que es mi ''temporada alta'' y cuando más me gusta venir. Aquí se acaba el asfalto y las carreteras te dejan ver que el camino no es fácil ni cómodo y que quizás te lo deberías pensar antes de aventurarte por lugares en los que apenas hay cobertura para los teléfonos móviles.








Silencio.




Podéis oírlo?






Silencio.




Estacionar a mis anchas, parar el motor, hacer la foto y empezar a disfrutar del silencio...
Silencio como unidad de medida, como barómetro indicador de paraíso invadido, en donde uno se puede sentir observado con desprecio por la naturaleza.






Caminar en sentido contrario a como lo haría un náufrago para llegar hasta la orilla, respirar más fuerte de lo normal y gritar ¡¡holaaaa!! mientras la marea se va llevando el ruido, el estrés y la ansiedad.




Silencio.


Al igual que ''the dark side of the moon'', el Morrón de Genoveses tiene su cara oculta. Zona de nudismo y de acceso muy peligroso, más de 50 metros de bajada que pueden ser mortales y con un espigón natural donde se pueden resguardar del Levante algunas embarcaciones pequeñas.



Subir unos cuantos metros más para tener mejor perspectiva del paisaje volcánico y su salvajismo natural, implacable y constante y casi poder distinguir el curvamiento del planeta tierra para sentirse minúsculo, casi imperceptible y totalmente irrelevante, pero a la vez indestructible, eterno.

Paz.

No sólo de silencio vive el hombre, también necesita belleza. Aunque aquí los detalles se administran con cuenta-gotas, el mero hecho de fijar la vista en el suelo y descubrir una flor ya supone un alivio en esta zona tan abrupta. La caminata premia con estos pequeños regalos y reconforta.

Coronada la cota, es hora de pararse un rato, sentarse a tomar aliento y dejarse seducir por el entorno. Sentirse en paz con uno mismo y dejar la mente en blanco para que se lleve el viento las brozas que ensucian mi mente y que lo siembre de cosas bellas..

Hay una cita de Pablo Ruiz Picasso que dice: si me visitan las musas, que me encuentren trabajando.
Desde que la leí por primera vez, sentí un ''click'' dentro de mí, un gran estímulo que me sirve hasta el día de hoy. Evidentemente, no me puedo llevar la guitarra a todas partes (aunque lo intento) pero sí me llevo una libreta y un par de bolígrafos por si llegan mis musas.


Hora de ir recogiendo y volver al refugio. La mente libre, inspirada. El corazón saneado como si hubiera pasado positivamente una ITV espiritual y la mochila repleta de ganas y varios pulmones bien guardados para ir usándolos de comodín en el tapete de juego de la gran ciudad.


Desandar el camino de nuevo para repasar cual estudiante lo leído o visto con anterioridad para asegurarse de llevar todo bien memorizado y obtener  buenas rentas.

Una de las cosas que más me gustan de venir fuera del verano, es que esta zona apenas recibe visitas humanas, salvo las de algún senderista ocasional. La costa se mantiene casi intacta y te puedes encontrar restos con los que elucubrar, imaginar historias de marineros y sirenas.

En medio de la playa de Los Genoveses se encuentra el quinto coño, versión marinera.

Seguir avanzando casi con pena y a la vez con satisfacción, son sentimientos contradictorios porque ni me quiero ir ni me puedo quedar. Necesitaba venir y emborracharme de naturaleza, paz y silencio, llenarme los bolsillos de todo esto, refrescar mi memoria y resucitar unos cuantos millones de neuronas. Estímulos externos, lo llaman.

Localización de exteriores cinematográficos, donde han pisado estas dunas móviles desde Curro Jiménez hasta Lawrence de Arabia o Raquel Welch e infinidad de spots publicitarios.

Pasear por la orilla tiene varios encantos, no solo el de respirar Rhinospray natural todo el año. Una de las actividades clásicas es buscar conchas, caracolas, cañetas, gulgaos y cualquier resto que la mar nos regale. Los adictos siempre llevan hilo de pescar en un bolsillo y se hacen sus propios colgantes y adornos marineros o hippies como se conocen mayormente.

Levanto la vista. Se abre mi visión panorámica y no puedo dejar de tener las mismas sensaciones que me llevan acompañando desde que tengo memoria y recuerdos.
La vuelta se adivina casi traumática pero necesaria. La ciudad obliga y cumplir con los compromisos laborales es innegociable de momento, así que me bebo el último saludo del astro Rey y me dispongo a volver hasta el coche. Un par de kilómetros para mentalizarme y llegar a casa en buena sintonía.

Silencio.

El último abrazo y el interior de mi coche me va devolviendo poco a poco al lugar de inicio. Olor a plástico y metal, luces artificiales, tecnologías y accesorios para la comodidad del conductor y pasajeros.

Música.

Y la primera sensación de desasosiego. James Cotton vuelve a sonar en los cuatro altavoces del coche y parece que suena mejor que cuando llegué ayer aquí.


Viajar escuchando la música que te gusta puede hacer el camino más agradable, más liviano. Lo único malo en este caso, es que según te vas acercando a la ''civilización'' tus sentidos se van saturando paulatinamente y se hace muy difícil no embadurnarse de ruido, estrés y mal carácter.
Yo debo ser un asocial, un rebelde con causas, porque vivir sobrepasando constantemente los ''límites de velocidad'' que marcan las grandes urbes no sé si me excita o me cabrea.

Al menos tengo mi paraíso cercano donde puedo venir a refugiarme unas horas o unos días y poder rendir tributo a personas como James Cotton y disfrutar de su música egoístamente y en soledad.




Mantengo humildes mis orejas.


jueves, 23 de febrero de 2017

Un archivo en PDF para romper el muro.




Hasta hoy no conoce el ser humano otra forma de dejar huella en el mundo que mantener la especie dejando descendencia y colaborando en la mejoría de la calidad de vida o por el contrario, su destrucción. Es el ying/yang de cada individuo, el karma heredado, la forma de encauzar sus energías hacia la luz o el lado oscuro, el tan mal llamado a veces camino fácil.
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Estar en la calle ''a ver lo que cae'' es una cultura heredada en su barrio humilde, por no decir marginal, con personas que en unos casos lo son por giros violentos de la vida y otros porque no quieren adaptarse y prefieren malvivir en el estilo callejero. Pan para hoy y hambre para mañana.

J. vive a caballo entre los dos estilos en su barrio, tiene un trabajo matutino que le permite ir tirando para sacar adelante a su mujer y sus tres hijos.
J. quería ser un tipo de gustos sencillos y trato afable, no quería complicaciones en su casa el día que se casara, por eso buscó una muchacha ''que saliera poco y le gustaran los niños''. La encontró, se casaron, se hipotecaron, llegó la descendencia y el gasto se disparó, por lo que por las tardes se dedicó a estar en la calle ''a ver lo que cae''.
''para la casa, aunque sean piedras'', ''siempre hay que llegar con algo, nunca con las manos vacías'' eran sus respuestas comodín cuando le preguntaban cuantas horas pasaba al día en la calle..
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Me pregunto por qué quieren atizarle a Trump por querer acabar lo que empezó Clinton en su día.
Me pregunto por qué le dieron a Obama el Nobel de la paz y no cerró Guantánamo.
Me pregunto por qué los países árabes de estatus millonario no quieren admitir refugiados.
Me pregunto por qué no han comercializado ya las vacunas para enfermedades hepáticas, pancreáticas, contra la leucemia, etc. juegan con nosotros, experimentan, somos ratas con derecho a voto..
Cualquier pregunta me vale para iniciar una tertulia de bar y criticar todo menos lo que hacemos en casa.

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Alguien le mostró a J. el mundo virtual. las tres uves dobles y el punto com y le dijo que podía entrar donde quisiera y tener lo que necesitara.
Consiguió un tlf. con 3G, después 4G, un ordenador de sobremesa, una impresora y un disco externo de 1 Tb.
Aprendió a localizar sus virus informáticos y neutralizarlos. ''Aprendíó'' todo lo relativo al uso del Excell y demás herramientas de trabajo, lo que le valió para mejorar su nivel de asalariado, pero no era suficiente para alimentar cinco bocas a diario. Las chapuzas que hacía por la tarde eran de ingresos aleatorios, había semanas de nada y otras de mucho, pero todo lo que tiene que ver con la calle puede ser muy volátil.

Tenía un coche pequeño, de los homologados en 1998, un vehículo ya harto de vivir y que no cumplía con las necesidades de seguridad y confort que necesitaba para transportar a la familia y sus herramientas.
Necesitaba con urgencia un coche nuevo, quizá una furgoneta que le sirviera para todo, pero no se podía gastar treinta mil euros en una.
Se le presentaba un problema que no le dejaba dormir por la noche. Su cabeza giraba como el centrifugado de una lavadora, mezclando sentimientos, necesidades y desesperación.
Sabía que tenía por delante un muro que tenía que sortear y no sabía si escalarlo, hacer un túnel o derribarlo..


J. entró al concesionario con su chándal, sus zapatillas deportivas nuevas y su cartera negra colgada en bandolera sobre el hombro izquierdo y sus andares de tipo de barrio, se dirigió a una mesa, pidió presupuesto, mostró las últimas  siete nóminas y escuchó las condiciones de pago del comercial.

-de acuerdo, sería tan amable de enviarme el presupuesto en PDF a mi móvil? necesito hablarlo con mi esposa y así le puedo enseñar todo con más claridad.
-sí, enseguida se lo envío
-
-bien, ya lo tengo, me voy ahora mismo a casa y cuando decidamos lo que sea, venimos y formalizamos.
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26 mil euros de furgoneta le pedían. Ni tenía el dinero ni se quería hipotecar de nuevo al menos ocho años, pero era imperativo tener un vehículo nuevo.
Ya en casa, pasó el PDF al PC, rectificó el precio con un programa específico y lo rebajó a 14500 euros. Lo volvió a imprimir rectificado y lo guardó en una carpeta con folios y otros documentos.

A la mañana siguiente J. se presentó en otro concesionario de estilo similar, buscó a un comercial y le enseñó lo impreso la noche anterior:
-mire, tengo esta oferta de esta casa, pero su coche me gusta más. Si me la iguala, me llevo el suyo. Lo quiero con lo básico, es para trabajar.
-esta oferta es muy agresiva, atinó a decir el vendedor, que no daba crédito a lo que tenía en sus manos. Déjeme consultarlo a mi jefe y le contestamos enseguida
-pero no tarden. lo necesito para ya.

J. sudaba. A pesar de ser invierno y vestir con su eterno chándal, sudaba. Sabía que cabía la posibilidad que el jefe de ventas se pusiera en contacto con la otra empresa para confirmar semejante ofertón, pero el caso es que estaba allí y no quería irse hasta verle la cara al comercial. Si la cosa se ponía fea, siempre podría excusarse con que los niños le habían trasteado el ordenador.

-mi jefe no sale de su asombro, pero aquí estamos para vender. quiere ver el vehículo?
-no es necesario, ya le dije que me gusta más el de ustedes y que lo quiero sencillo, sin extras y dígame las condiciones de pago, por favor.
-serían cinco años a 170 euros/mes
-bueno, si no hay más remedio, pues así será. aquí tiene la documentación que necesita. cuando me lo llevo? me urge para trabajar.
-mañana a media mañana le llamamos para que venga a por las llaves y se lo lleve.
-muy bien, mañana estoy aquí sin falta..

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Cuando le preguntan a J. qué tal le va con su nueva furgo, siempre contesta igual: de lujo, siempre cargada de chiquillos y melocotones!

Y de dudas sobre el día de mañana y de ''qué será eso de los exoplanetas, van a rodar Avatar II los de la NASA?
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... J. vive en un barrio humilde, por las mañanas trabaja y por las tardes se va a la calle ''a ver lo que cae''..



Mantengo humildes mis orejas.




miércoles, 22 de febrero de 2017

HUMO






Noto como las pulsaciones aumentan, como mi corazón se sigue acelerando. Es un niño pataleando, tiene una rabieta de nicotina, nada podrá consolarlo. Me muerdo las uñas, me atuso el pelo y ando de un lado para otro. No, no puedo volver a cejar, otra vez no.

En un extremo de la habitación, las colillas apagadas me miran desde el cenicero de cristal color topacio. Se burlan de mí. Son un aquelarre de brujas retorcidas y hediondas. Están vestidas de papel blanco y tienen ojos de ceniza.


‒“ Ven, ven con nosotras. Te estamos esperando. Ya no vas a tardar, lo sabes...jijiji .Es inútil resistirse”


Ya he completado la décima vuelta a mi circuito imaginario. Intento no oír sus palabras, no mirar al cenicero. Aún intento más no palpar el paquete de tabaco que llevo en el bolsillo del pantalón. De repente se ha hecho pesado, como si fuera de plomo. También noto su agradable presión en el muslo, casi en la ingle. Es una amante que me hace mimos, me seduce, quiere que la toque, que la bese, que prenda uno de esos cigarros que lleva dentro. Sólo quiere mi bien, en realidad pretende calmarme los nervios. Sólo un par de caladas serían suficientes. Poso las yemas de los dedos sobre la tela vaquera de los jeans y lo siento debajo. Percibo su calor, es casi como si estuviera vivo, como si fuera un órgano más, como una erección.

¡No! Tengo que apartar la mano, es una trampa. Son cantos de sirenas. En realidad quiere devorarme. Cambiarme un segundo de placer por la promesa de un infarto o de un cáncer. Cáncer que ya no sé si tengo, si ya no habré plantado después de innumerables inspiraciones de humo emponzoñado y pestilente.


El corazón sigue agarrándome el pecho. Algo se me ha colado en la garganta, parece una miga de pan que no puedo tragar del todo. Noto como la lengua ha crecido, ahora es una talla más grande que mi boca. Me siento igual que un náufrago que se muere por un trago de agua, solo que mi agua está colmada de amoniaco, benceno y alquitrán.

Me duele la nuca. Debo de tener la tensión por las nubes, el dolor romo en la base del cráneo, no puede ser otra cosa.


Otra más. He batido mi propio récord. Las brujas del cenicero siguen mirándome como fans de pompones cenicientos que jalean cada vuelta. Soy su jockey favorito, cada vez quedan menos vueltas para que llegue a la meta, para que llegue hasta ellas.


No sé qué hacer con las manos, me las llevo a la cara, me acaricio la barba en un movimiento reflejo e inconsciente. Los dedos me apestan a tabaco. Tengo que buscar algo que me distraiga, algo con lo que alejar esta imagen mental que se niega a irse de la cabeza.

He asociado el acto de fumar a todas mis rutinas, ir al baño, hablar por teléfono, tomar café, conducir. ¡Dios! es como vagar por un dédalo. Sé que en el centro está el Minotauro, pero mi Minotauro no es una bestia cornuda, es un cigarrillo y yo no soy ningún Teseo.


Me siento en una silla lo más alejado posible de la mesita donde están las colillas. He empezado a sudar y ya me he comido las uñas hasta el límite que marca el dolor y la sangre.

Creo que debería de dame más tiempo. No estoy preparado, aún no. Quizás mañana. Total, después de más de 30 años fumando, no creo que importe demasiado otro día. Sí, mañana tendré más fuerzas, más decisión; mañana lo conseguiré.

Sólo es una tregua, no es una derrota, no estoy vencido, mañana ganaré. Mañana...bonita palabra.


No sé muy bien cómo, pero ya tengo un cigarro humeante entre los labios. La primera chupada de humo azul ha sido maravillosa. Mi corazón ha bajado de pulsaciones y el dolor de nuca ha desaparecido por un instante. Las colillas del cenicero, ahora solo parecen colillas y el paquete de tabaco sólo una cajetilla de cartón. “FUMAR MATA” dice. Sí es posible, no digo que no. Algún día lo dejaré. Sólo es cuestión de proponérselo de veras. no es tan difícil. Lo dejaré cuando quiera.


FIN. 

lunes, 13 de febrero de 2017

SANGRE #9




SANGRE #9
 

La sangre y los jugos del solomillo a medio comer han empapado las patatas fritas de guarnición dándoles un desagradable tono parduzco. Apenas si lo he probado, no tengo hambre, mentira. Me muero por comer, por beber.

El Café de Amable, que también hace las veces de restaurante del The Book Factory, es tranquilo, coqueto y al contrario de lo que pueda parecer la comida que sirven es apetitosa, pero en realidad, no lo elegí por ninguna de estas características. Simplemente volví al hotel como un autómata.


La visión de Laura me ha impactado como una bola de demolición. Aún tengo sobre impresionadas las retinas con la imagen su cuerpo postrado, cuajado de piezas de metal y torturado por el fuego, aún tengo su grito en forma de luz azul dentro de la cabeza. Luego está aquella señora, su madre, una mujer desmoronada, que no paraba de hablarme de un traslado, de un marido enfermo, de su hijo muerto y de su hija agonizante, con la desesperación y sufrimiento en los ojos. Pude ver en ella igual que el que se asoma a un pozo seco con un farol. Se aferraba a esa idea, de una forma irracional, como si de alguna manera pudiera recomponer los pedazos de sus vidas, como queriendo juntar los trozos que todavía le quedaban de su marido y de su hija, como si acercándolos los pudiera salvar a ambos.

No sabría decir el tiempo que estuve en la habitación, puede que un par de minutos o puede que más de diez, debí caer en una especie de trance, se hizo un paréntesis, donde el tiempo no avanzó, en el continuo transcurrir del tiempo surgió una pompa de nada, de vacío que atoró del reloj de Dios. Fue entonces cuando algo me sacó de él, algo deshizo la embolia temporal, porque si no probablemente aún estaría en aquella habitación, junto a ella, junto a mi amada Laura. Fue una percepción sombría, igual que una mancha de fuel-oíl que quisiera emponzoñar el mar, la luz azul que emitía Laura, cegar aquella baliza de auxilio. Se acercaba como algo negro y espeso, como una lava purulenta y fétida. Primero percibí el descenso en la intensidad de la señal de Laura, su grito se amortiguaba. Sentí la necesidad de salir de allí, porque si yo lo podía percibir, aquello fuera lo que fuese también podría percibirme a mí. Jamás en mi vida había percibido esa oscuridad, esa contundencia negra que no permitía ni un atisbo de luz a su alrededor. Era un agujero negro que la absorbía con una gula feroz y despiadada.



Me escabullí apresuradamente, con el corazón encogido. Ya no tengo dudas aquello era lo que Laura temía. Su grito no sólo era de dolor, también era un grito de terror hacía aquello, hacia su otro... ¿hermano?



Solo me crucé unos instantes con él, estaba a escasos veinte pasos, venía hacia la habitación acompañado de un doctor. Perfectamente trajeado con un dos piezas azul marino y corbata granate. El pelo negro abundante, engominado y peinado hacia atrás Tuve el tiempo justo para desaparecer por los pasillos del hospital en dirección contraria. no creo que reparara en mí, aparentemente sólo era un obrero más del termitero.



Tengo que saber el porqué de ese traslado, algo huele a podrido. Empujo el plato con desgana. Pago la cuenta y bajo al garaje, solo hay una forma de saber. Quizás aquella señora no lo sepa nunca pero me ha dado un hilo del que tirar, ahora debo seguirlo hasta encontrar la madeja. Tengo que ir a la Clínica Virgen de San Lorenzo.

‒ Buenas tardes. Necesitaba información sobre los servicios de la clínica.

‒ Buenas tardes. Un momento por favor.

La recepcionista es una chica joven. Tiene el pelo rizado y rubio. Está limpio, huele a jazmín. Es una mujer guapa, con unos grandes ojos marrones que le llenan casi toda la cara, aún más por el aumento de esas gafas de montura de pasta color rosa chicle que usa, son un toque rebelde en ese uniforme casto y de blanco inmaculado que lleva, me gusta. Vuelve después de haberme dejado en espera para poder atender una llamada telefónica.

‒ Buenas tardes otra vez. Perdone en qué puedo ayudarle?

‒ Quería información de los servicios del centro. Tengo un familiar enfermo y me han comentado que en esta clínica podría encontrar los servicios que necesita.

‒ Pertenece a alguna sociedad médica o vendría de forma privada?

‒ No. Sería de forma privada.

‒ Por favor, puede usted esperar ahí ‒ me comenta indicándome unos sofás de terciopelo verde, que están unos metros más allá, en un lateral de la recepción y apostilla ‒ En un momento vendrá una persona que le podrá ayudar.

Vuelve a levantar el teléfono y comunica con una extensión interna. La pequeña sala de espera está lo suficientemente lejos, para que no se puedan oír las palabras que la recepcionista susurra al micro del teléfono, pero para mis sentidos es como estar a unos centímetros.

‒” ¿Ana? Hola, en recepción tienes un señor esperando, solicita información para un ingreso...No, no es de ninguna compañía...Por cierto es muy guapo...jajajaja...”

No puedo verla llegar, pero el golpeteo de sus zapatos sobre el mármol del suelo me informa de que “Ana” se acerca. El sonido es de unos zapatos de tacón, no son demasiado altos, lo suficiente para estilizar su figura. Le deben sobrar unos kilos o eso o es muy alta. Espero a que esté más cerca para girar la cabeza. Su perfume podría matar a un sabueso a diez kilómetros. Lo reconozco es “París“ de Yves Saint Laurent. Me levanta dolor de cabeza. No es el más adecuado para una persona que trabaja en un centro médico, demasiado dulzón y fuerte.



‒ Hola, buenas tardes soy Ana Cuaresma directora comercial del centro.

‒ Buenas tardes. Luis Cavero. (Miento)



Me tiende la mano. Ya me he levantado y se la estrecho. El apretón es franco, me mira a los ojos. Está segura de sí misma. La mujer que me encuentro coincide con el patrón que me había formado. 1.70 curvas generosas y unos kilos de más que no le sientan nada mal. Morena, de bonitos ojos negros y melena lacia del mismo color. Debajo de la bata blanca desabrochada, lleva un traje de chaqueta de falda negro, que deja ver unas piernas bien torneadas de gimnasio. La blusa blanca con cuello Mao. La miró directamente a los ojos, sin retirar la mano, percibo una leve dilatación de sus pupilas. El apretón de manos se acaba un milisegundo después de lo que debería. Le gusto.



‒Tengo entendido que quiere usted informarse sobre los servicios que puede ofrecer nuestra institución. Si tiene la bondad de acompañarme a mi despacho.




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08 - The morning never came. En la pantalla del reproductor del Spider, parpadean las letras en un azul eléctrico, anunciando que la última pista del trabajo homónimo de Swallow The Sun se va a reproducir en un instante. Lo he escuchado completo un par de veces mientras he montado guardia. Estoy aparcado a 200 metros de la salida de la clínica. La música comienza a sonar en el momento justo en que ella sale. La directora se dirige a un Mercedes clase A gris metalizado. El parking de empleados está rodeado por una valla de metálica que me permite observarla con claridad, de cualquier modo podría rastrearla por su olor con los ojos cerrados. Arranco el motor y me dispongo a seguirla.



En los escasos veinte minutos que estuve en su despacho, representando el papel de cliente potencial, la observé analíticamente, intentando extraer toda la información que me ha sido posible en tan poco tiempo. Con toda probabilidad divorciada, y no hace mucho más de un año. Lo atestigua la marca que aún tiene en la palma de la mano derecha, debajo del dedo anular, donde la alianza de casada le hizo un pequeño callo, y que todavía no ha desaparecido del todo. Qué duda cabe, el comentario de la recepcionista también me dio una pista de su estado civil, pero aquello me lo ha confirmado, es divorciada y no soltera. También he percibido cómo se ha sentido atraída sexualmente por mí. He podido oler debajo de su perfume como su sudoración aumentaba, como su sexo lubricaba y también he podido oír cómo su corazón aceleraba una octava su compás, como su sangre corría un poco más rápido por sus arterias. No lo niego, es guapa, pero no estoy aquí por eso. Lo único importante es que ella debe estar al corriente de todas las entradas y salidas de la institución. No es una clínica tan grande como para que no conozca qué se cuece dentro. Sin embargo no puedo asaltar su mente sino está predispuesta a ser asaltada, no sin que se sintiera molesta. Aunque no supiera el porqué, hubiera tenido una reacción adversa hacia mí y no me puedo permitir no tenerla de mi lado. Ahora se ha convertido en una pieza esencial en el tablero de este oscuro juego.



La sigo a una distancia prudencial, mi coche no es vulgar, podría llamar la atención facilidad. Afortunadamente mis sentidos me permiten hacerlo. La clínica Virgen de San Lorenzo no está lejos del centro de Valladolid que es adonde se dirige la directora. Después zigzaguear por el casco antiguo unos minutos llega a su destino, Calle Zorrilla 3. Paso de largo, vuelvo al hotel, con una sonrisa pícara en los labios, no tengo tiempo que perder. He tenido un golpe de suerte, cuando su coche embocaba la calle de su domicilio, ha recibido una llamada, por fortuna nuestros vehículos no estaban a más de 20 metros, he podido oír la conversación. Ha quedado con unas amigas para cenar y luego tomar unas copas. Tengo que prepararme, ella no lo sabe pero esta noche tenemos una cita. La caza ha comenzado.




Continuará...


 
SANGRE #1
SANGRE #2
SANGRE #3
SANGRE #4
SANGRE #5
SANGRE #6
SANGRE #7 

SANGRE #8