NOSOTROS

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miércoles, 28 de mayo de 2014

RESERVA #2






¡Mamá!
La figura encorvada que acababa de salir de entre los arbustos se había erguido y ahora la llamaba mamá.

En el cielo nublado la luna consiguió abrirse paso y su luz plateada se derramó sobre las dos figuras que se miraban sin verse.
La criatura resultó ser un niño, un niñito de no más de cinco o seis años, un niño de grandes ojos que gimoteaba  llamando a su mamá.

El pánico desapareció. Suspiró llenándose los pulmones del aire puro y helado del bosque.

El instinto maternal le dio un pellizco en el pecho y la hizo extender los brazos hacia aquella criatura asustada.
- Ven, cariño ven, no te voy a hacer daño. Le dijo y dio un paso el frente.
 El crio se pasó el antebrazo secando las lágrimas que rodaban por sus mejillas blancas como la leche y sorbiendo mocos. La criatura salió disparada a refugiarse el los brazos que se le ofrecían repitiendo una y otra vez su llamada; ¡mamá, mamá!.
- Shhh le susurró mientras le acariciaba la mata de pelo oscuro, intentando calmar sus sollozos.
-¿Te has perdido?.¿Dónde están tus papas?.

Las únicas respuestas que obtuvo fueron más llantos y más balbuceos y más mamás. Evidentemente aquel crio estaba en estado de shock, pero ¿qué hacía a estas horas solo y en aquel bosque?.
 Estaba aterido de frio y temblaba como un conejo asustado. Vestía unos pantaloncitos cortos de tergal gris y una camisa blanca bajo un jersey de lana oscuro. Pobre niño debía de estar aterrado.
Le frotó los brazos, intentando de algún modo darle calor.Sostuvo la carita churretosa y pálida entre sus manos pero sus esfuerzos para dar calor al aquel cuerpecito gélido que la miraba desde esos soles negros que hacían las veces de ojos no parecía tener ningún efecto. Se quito el anorak y se lo puso sobre los hombros.

Tenia que hacer algo, esto ya no era una cuestión de orgullo. Buscó su teléfono móvil. ¡Maldita sea!
espetó a la noche. Debía de habérselo dejado en el coche.
En la copa de un abeto el pájaro volvió a ulular ( jajajajaja te lo advertí).

Calculó que habría recorrido un tercio del camino hasta la gasolinera. Sería mejor darse la vuelta y usar el móvil, para pedir ayuda, no podía dejar allí a aquel pobre niño y la distancia era menor que hasta el surtidor.

 Por un momento pensó en sus padres, estarían desesperados  buscándolo.
Se agachó hasta que sus ojos quedaron a la altura de los del niño.
-¿Cómo te llamas?, le preguntó.
+ Pelayo. Consiguió articular entre hipidos.
- Muy bien Pelayo, yo me llamo Laura y vamos a ir a buscar a tu mamá, ¿de acuerdo?.
El crio sorbió mocos y asintió tímidamente con la cabeza.

Le tomó la manita helada y cruzaron con la calzada. Había que llegar al coche y había que hacerlo deprisa, el frio calaba rápido. Pobre criatura ¿cómo había podido sobrevivir solo y con ese frio?. Los niños eran unas criaturas maravillosas.

Lo primero que se oyó fue el rugir de una bestia agazapada apunto de saltar sobre su presa, luego vieron los destellos azules. Por algún acto reflejo incomprensiblemente estúpido Laura abrazó  Pelayo y saltaron a la cuneta unos segundos antes que un todoterreno de la Guardia Civil pasara veloz como un rayo azul que quisiera rasgar el negro silencio del bosque.

COTINUARÁ...