NOSOTROS

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domingo, 27 de septiembre de 2015

Lucio Licinio Bibula



Los latidos del corazón zumbaban en sus sienes y a pesar del frio de la noche el sudor se le metía en los ojos. Pero no movería un solo músculo, se quedaría allí, acurrucado intentando fundirse con el suelo del bosque, suplicando a los dioses que aquellas bestias no le encontraran.
Era Lucio Licinio Bibula, princeps  de la tercera cohorte de la IX Hispana. Aunque en realidad ahora,  sólo era un hombre asustado como un conejo acechado por lobos. Habían aparecido de la nada. El ataque  fue rápido, fulminante y letal. Surgieron del bosque, soterraron el terraplén y la empalizada del campamento y los masacraron. Aquellos demonios de cara pintada parecían recién salidos del averno. La mayoría iban desnudos o semi-cubiertos con pieles de animales sin curtir, blandiendo hachas de piedra y astas de animales que usaban como puñales con las que arrancaron la vida a cientos de hombres mientras dormían. Él lo sabía bien pues estaba de guardia en su contubernio junto a  Auluo Acúleo cuando atacaron. Si continuaba con vida era por mero capricho de la diosa Fortuna.
Se movían como sombras, husmeando el aire. Podía oírlos, no se atrevía a levantar la cabeza pero sabía que estaban cerca. Asió aún con más fuerza la empuñadura de su gladio. En la huida había perdido el casco por eso notó el golpe húmedo en la cabeza como si hubieran golpeado una calabaza. Luego todo fue aún más negro.
Aquello debía ser algún lugar del Hades porque tenía ante él al mismo Plutón. La figura de una criatura se inclinó sobre él. Tenía el torso desnudo de un hombre fornido y la cabeza de un gran ciervo .Pero aquél no era Plutón ni aquello era el inframundo. Estaba tumbado bocarriba, atado sobre una piedra que pretendía ser una suerte de ara. En el claro del bosque había más piedra, altas como tres hombres, colocadas a la manera de columnas que sostuvieran un cielo plomizo que amenazaba con descargar un diluvio. El hombre ciervo alzó los brazos, en uno de ellos sostenía un gran cuchillo, pronunciando unas palabras incompresibles, en un idioma desagradable al oído y brutal en sus formas que recordaba al gruñir de los puercos. Él no podía girar la cabeza, que también tenía sujeta por la frente al altar con unas tiras de cuero. Unas manos fuertes le hicieron extender el brazo derecho. Entonces el cornudo bajo el cuchillo y con la precisión de un carnicero se lo seccionó por el codo. Era un legionario y estaba acostumbrado al dolor, le habían herido en varias ocasiones, pero jamás había sentido el dolor que le recorría el cuerpo en ese momento. Se tensó como la cuerda de un arco, la nuca y los tobillos se hincaron en la fría losa intentando levantar el cuerpo en un vano esfuerzo de resistencia. El salvaje alzó la extremidad del legionario recién cercenada y un coro de voces guturales lo festejó. Bibula aun en el borde de la inconsciencia vio por el rabillo del ojo como otra de esas bestias se acercaba con una antorcha y le cauterizaba el muñón. El dolor y el olor a carne quemada fue lo último que recordó, el olor de su propia carne quemándose.
No fue el primero en llegar. Aquel caballo también supo encontrar el camino hacia los establos de lo que quedaba del campamento de la IX Hispana. Los guardias de la porta principalis sinestra  supieron el contenido de su cargamento mucho antes de tomarlo por las riendas. En un saco de piel de cordero venían los huesos blanqueados de otro legionario capturado por aquellos salvajes. Mandaban todos a excepción de las cabezas que las guardaban como trofeos con los que decoraban los dinteles de sus cabañas. Los primeros sacos con huesos causaron el efecto esperado y entre la tropa la moral cayó en picado, pero eso tan solo duró hasta que el rumor se extendió por el campamento, todos los huesos volvían con extrañas marcas, marcas que no podían ser de otra cosa que no fueran de dientes humanos. Ahora todos los habitantes del campamento oraban y hacían ofrendas en secreto a Marte y a sus dioses lares, esperaban con ansia que los mensajeros enviados por el legado volvieran con la esperada orden: Abandonar Britania.

 FIN



sábado, 26 de septiembre de 2015

Somerville, la cantautora que emigró para ser una Rock Star

Quizá por esos caprichos del mal llamado destino, la hermosa rubia de Michigan conoció a un chico alemán, se enamoraron y se fueron a vivir a Alemania, allá por 1990.





Allí empezó a dar conciertos por la zona de Wolfsburgo y Hannover entre otras localidades con una bnada formada alrededor de ella que además tocaba el piano. Sus canciones nacen a partir de un recuerdo, una vivencia personal que ella analiza, selecciona lo que quiere compartir y lo convierte en canción.




Procedente de una familia donde la música era piedra angular en sus raíces y cultura, aprendió solfeo con su abuela y terminó formándose en la escuela. Con una fuerte influencia en el jazz, su estilo compositivo y su forma de cantar, no se limitó a ese estilo, sino que aprendió y agregó otros como el soul, blues, pop y rock.

Tras varios conciertos en locales alemanes, empezó a considerar la necesidad de grabar una maqueta, ya que aumentaba la demanda de un soporte sonoro para satisfacer a los fans que iban en aumento y un buen número de mánagers la querían contratar, pero no tenía una grabación que otrecer, tan sólo, los conciertos en directo.

En una conversación con su banda, el bajista comentó que su hermano tenía un estudio de grabación donde podrían ir a trabajar las canciones y que sería el lugar idóneo para hacer la maqueta...

El hermano del bajista resultó ser Sasha Paeth, músico, compositor y productor alemán especializado en Heavy Metal. Sasha participó en discos como ''Holy Land'' de Angra, After Forever, Lucca Turilly, Aina, Avantasia, Epica, Rhapsody of Fire, Edguy o Shaaman, por citar unos cuantos.

S. Paeth se involucró en la grabación de la maqueta, le gustó la voz de Amanda y le preguntó si querría colaborar en un proyecto que tenía con André Matos (Angra) llamado Virgo y ahí comenzó la exitosa carrera musical que la llevó a ser imprescindible en el metal europeo.

En solitario tiene dos Ep's de los cuales quiero destacar ''Inner Whore'' una canción con tintes pop en las estrofas, pero un marcado acento roquero y bailable en el resto de la canción:

Amanda tiene la voz ''americana'', quiero decir: aunque tiene formación clásica, no es la típica cantante lírica, apenas usa esos recursos, pero sí sabe aprovechar las técnicas. Su ''timbre'', sus registros vocales llevan siempre un marcado acento bluesero, ella se siente más cómoda sacando de su garganta las típcas inflexiones inspiradas por los genios del ''blue note'' y deja ese regusto a soul clásico que tanto me gusta.


El productor la siguió llamando y nacieron proyectos donde ella se implicaba tanto en composición como en arreglos, diseño de conceptos para las portadas, como por ej. en Aina y poco después en unos principiantes Sahara Dust, donde además de componer y participar en las grabaciones, se hizo cargo del entrenamiento vocal de la cantante, Simone Simmons, la bella peliroja. Esta agrupación poco despues pasó a llamarse Epica y en todos los discos, está el sello de Amanda Somerville.

En una gira de Epica, Simmons se puso enferma y Amanda se encargó de todas las voces del repertorio y para mi gusto, quedó casi mejor que con la cantante original, pero esto es una apreciación muy particular mía, no pretendo polemizar, es cuestión de gustos solamente y ahí nadie puede ser objetivo, sólo digo que yo tengo debilidad por Amanda, nada más que eso.

Lo que ella misma define como su bola de nieve particular, siguió rodando y creciendo y Avantasia reclamaron sus servicios, quedando plasmados en el disco ''Scarecrow'' y desde entonces siempre que sus agendas lo permiten, comparten escenario.
Su aparición a partir del minuto 2:30 es mágica, ella sola inunda el escenario con esa cuidada cabellera de oro, movimientos elegantes, pasión y el contrapunto perfecto para Tobias S. por no hablar del feeling que transmite con su voz, esa particular voz, insisto, cargada de ecos ''negros''.

  ''la buena apariencia física favorece a la persona, pero no creo que eso lo sea todo en la vida. Desgraciadamente, para la industria musical, parece ser uno de los factores más importantes. ¡Y lo peor es que tapa el talento en muchas ocasiones!''
(Amanda Somerville)



Otra colaboración que llevó a cabo, fué con Michael Kiske, cantante original de los maravillosos reyes del power/speed metal Helloween, con el que ha grabado la continuación del exitoso primer disco entre ambos y ahora promocionan el segundo, más heavy, más elaborado que el anterior.

''mis canciones son muy emocionales, porque no creo en componer o interpretar algo que no siento''
(Amanda refiriéndose a su forma de trabajar)

Y llegados a este punto, quiero destacar su proyecto en solitario Trillium. Así se llama la formación compuesta por ex-miembros de bandas como Heaven's Gate y Avantasia, donde Amanda lleva todo el peso y la responsabilidad sobre su espalda, aunque no le falta experiencia ni buenos colaboradores como Jorn Lande o Sander Gorman.



El disco se llama ''Alloy'' y es la válvula de escape de todas las sensaciones que le han ido dejando los problemas que ha superado como cualquier otro ser humano.
Las letras principalmente hablan de los problemas que surjen entre las relaciones humanas. Desde la incomprensión hasta el olvido, la invasión de privacidad, la ansia de las personas por poseer todo de su pareja, almas posesivas y oscuridad de pensamientos.

Por eso, la portada del disco represnta a una Amanda inquietante, de aspecto gótico huyendo de esos fantasmas que la van convirtiendo en metal cada vez que la tocan.


''With the curtains drawn
(i hate to say it, but you know that i like it)
And the lights turned down
(once you say it, ain't no way to deny it)
My channel is on, but it don't matter once the urge is gone
Been out on a binge
Now you know that i've got to purge''





Amanda compone sus canciones al piano, lo que le permite tener otra visión de la música, otras armonías y luego la banda va ''vistiendo'' esas canciones con un look más heavy.

 ''Creo que hay varios subgéneros de Metal representados aquí, así como Rock. Elementos de Metal Melódico, Gótico, Doom... ¡Me gusta la diversidad! Aún así, este es el disco más unidireccional que he lanzado nunca, estilísticamente hablando.
(A. Somerville hablando sobre Alloy)

Amanda actualmente ha sido madre, lo cual la ha tenido apartada de los escenarios durante unos meses, pero pronto estarán los focos del escenario apuntando hacia ella.

Y para terminar, como he dicho en otras ocasiones: ''todos los buenos acaban juntándose'' y muestra de ello es una colaboración que hizo en un programa de radio poniendo coros a Anneke van Giersvergen (cantante original de The Gathering) en una versión en directo.

Me gusta todo lo que hace Amanda Somerville, pero especialmente ese trabajo de estar en segunda fila limitándose a hacer coros para cualquier artista que se lo pida. Es una garantía a la hora de armonizar voces y poner un extra de calidad sonora y elegancia.

Gracias por venirte a Europa, Amanda!




Mantengo humildes mis orejas.





domingo, 20 de septiembre de 2015

AZUL #19




A vista de pájaro, el coche detenido en medio de la carretera secundaria era como un enorme insecto acechando a su diminuta presa. Aunque en realidad la situación era justo la contraria. El ciclista paladeaba penosamente mientras Luis lo miraba paralizado. Otra vez la alimaña del miedo le subía por la espalda para introducírsele por los oídos, dispuesta a morder su cerebro. Se sostuvo la mirada observando el castaño de sus iris. Interrogándose frente al retrovisor, en busca de una explicación, que calmaran a las infinitas preguntas, hostigadoras de su mente.
-¿Te has perdido?
-¡Cómo! ¿Quién ha dicho eso? Luis se giró en su asiento, preguntando a los niños. Debería parecer paranoico. Los chicos se hicieron al lado contrario a su asiento, en un movimiento defensivo.
- ¡¿Quién ha hablado, quién sabe español?! Gritaba.
Permanecieron en silencio, timoratos, arrebujados el uno contra el otro.
- Luis mírame, ¿tienes algún problema?
¿Quién hablaba?. Los niños desde luego no habían abierto la boca. Debía de estar volviéndose loco, no había nadie más en el coche. Su cabeza, algo no funcionaba bien dentro de ella. Levantó ambas manos, agarrándose del pelo en un acto de desesperación y angustia.
- ¡Mírame! Ordenó la voz.
Luis rastreaba, buscando. ¿A quién tenía que mirar? Sus labios temblaban ligeramente, dejando escapar un pequeño hilillo de saliva. No era consiente pero había empezado a gimotear como un bebe.
El retrovisor volvió a entrar en su campo visual y sus ojos se volvieron a contemplarse.
El frio azul le traspaso como un chuzo helado.
¡Sus ojos! Sí era su cara, pero...pero esos; esos no eran sus ojos. Eran... No podía ser.
-Luis, no tardes. Recuerda nuestro trato.
El azul se disolvió con un destello esmeralda en el topacio de su mirada. Sus ojos volvían a ser los suyos otra vez.  
Las ruedas giraron, derrapando sobre el asfalto. Arrancando piedrecillas y levantando polvo. La fuerza centrifuga empujo los tres cuerpos amenazándolos con arrojarlos fuera del automóvil. Bajo el capo, el motor se desperezaba rugiendo como una bestia que recupera la libertad. Luis giraba 180° buscando de nuevo la autopista, dejando a tras al ciclista obeso, a la Puebla de Montefrío y un trozo de cordura. Toda su determinaciones morales y éticas habían quedado reducidas a cero. En estos momentos, lo único importante era su misión: llevar estos niños ante Él.

Temblaba y el sudor de sus manos hacía que el cuero del volante resbalara. El coche desandaba el camino a una velocidad suicida. Pulsó el botón que conectaba la radio del equipo de Hi-Fi del vehículo. Esperaba que la compañía de la radio le tranquilizara o terminarían despeñándose. Preferiría algo más fuerte, pero no había traído ningún disco, ni siquiera en su Smartphone. Sería mejor una radio-fórmula popera, que nada. El aparato comenzó a explorar el dial en busca de las emisoras disponibles. Aunque el terrero era accidentado, su tecnología RDS, no tendría demasiados problemas para sintonizar alguna. Los segundos pasaban y sorprendentemente no conseguía enlazar con ninguna frecuencia. Hastiado Luis estaba a punto de apagarla cuando la música empezó a se, lejana y amortiguada pero ganando poco a poco volumen y calidad de recepción. Si quererlo, el recuerdo de la noche en que paro en aquella gasolinera, se abrió paso desde los registros de su memoria. Apretó el botón de power sin convicción y efectivamente no tuvo efecto. El aparato seguía funcionando .La estación de radio seleccionada parecía emitir un tema de rock duro. Sus notas afiladas y rápidas inundaron el habitáculo. El esfínter de su vejiga se relajo por un segundo y parte del orín que contenía se derramó mojándolo. En un primer momento, no había logrado reconocerla, pues hacía mucho que no la oía y porque, debia de ser alguna versión del clásico, que hacía aún más poderosa, la ya impresionante pieza de Al Di Meola ;"Race with the Devil on a Spanish Highway".

Continuara....



 


sábado, 19 de septiembre de 2015

Slippery vino desde Wisconsin

Que todos tus amigos lleven melena o greñas y tú seas el único con el pelo al 2 de maquinilla y aún así te acepten, no tiene precio.
Esa es una de tantas lecciones de humildad que dá la y vida y soy un afortunado en ese sentido.

En esta ocasión, bien entrado el verano del '86, ya llevaba unos años apareciendo y desapareciendo de mi barrio pero mis colegas estaban acostumbrados y no hacían muchas preguntas. Abrazos, risas, alguna colleja y vámonos de marcha todo el fin de semana.

Pocas veces me divertí más y me reí tanto como cuando nos juntábamos los siete garrulos: el boliche, manolillo, guillermo el loco, el ajo, el popeye, el rober y un servidor.

Fué en uno de estos lunes holgazanes de resaca que quedamos en vernos despues de comer para tomar café en ''el hotelillo'' cuando me llevé (a posteriori) una de las sorpresas más agradables de mi vida...musical...

El Hotelillo es un bar/pensión de mi barrio donde trabajaba nuestro amigo Agustín, hijo del dueño y teníamos allí nuestro headquarter, punto de partida de cualquier fechoría y taller creativo donde solíamos engendrar los planes más boinómanos aún viviendo cerca de la capital, pero el que nace amapolo, pues eso.

Esa tarde llegué allí como siempre, preparao para el ataque al carajillo, pero me encuentro al sexteto de la piedra muy formales. Hummm..qué tramarán estos cabroncetes...me decido a entrar, barro el local con la vista mientras saludo y pido lo mío y al girarme para ver la terraza, me la encuentro con la pandilla de chicas del barrio, tambien muy cursis ellas hablando con otra chica que no me sonaba de nada.

Les pregunto a los compinches que qué está pasando aquí y me contestan que ha llegado esta mañana a casa de una de ellas para un intercambio cultural y se va a quedar seis meses a vivir y a estudiar, como si fuera una más en la familia y en el instituto.

-Y qué hacéis aquí en la barra y no estais con ellas? Ya sé que son las intocables del barrio, pero habrá que decirle hola a la nueva. Os habéis presentao?
-no
-yo no
-yo tampoco
-es que yo sé ingléh pa decirle ná?
-..

-No hace falta saber ingléh para llegar y decir hola:) y creo que si viene a España ya sabrá algo de castellano, supongo.

Tras esta conversación tan ilustrada, le puse jeta a la situación, fuí a la mesa, saludé y le pedí a la anfitriona que me presentara a la nueva.
Era grande, casi tan alta como yo, de hueso recio, pelo rubio desde la raiz hasta la cintura, algo que apenas se veía entonces por estos lares, ojos claros, cara agradable y ese tono de piel rosao tan propio de ellos.
De los americanos, porque esta chica venía de Wisconsin y me gustó que no fuera una estirada de estas que vienen en verano y te miran con superioridad. Al contrario, se mostraba sociable y simpática y eso me agradó tambien.

Me pedí otro café en la mesa y le pregunté que si quería tomar algo más, podría invitarla.
Las otras me trinchaban con la mirada. Por momentos me ví en una parrillada convertido en Salva a la brasa, pero como no me importan esas actitudes, sacaba mi mejor sonrisa socarrona y seguí con la conversación, hasta que bien pasado un cuarto de hora, empezaron a llegar a la mesa el sexteto de la muerte:
-ey
-qué haceis!
-yeeepa!
-rubia, el Reagan está medio chalao, verdad? jajajaj

Impresionante, sublime, inolvidable! Así es como hay que presentarse, con diplomacia y buenas maneras. Exquisitas, me atrevería a decir.
Pasada la toma de contacto, empezamos el fusilamiento verbal, parecíamos del FBI, queríamos saber todo de América, cómo era de grande aquello, el surf...
-hay muchas rubias allí, bonica?

Y así transcurrió la tarde, entre intercambios culturales y conversaciones intelectuales (por nuestra parte, me refiero a los chicos, los 7) dignos de una reunión entre eminencias del '27.

Al día siguiente, haciendo gala de mi caradura inconsciente, salí de casa un poco antes de la cita cafetera y me planté en casa de la susodicha. Os recuerdo que era agosto, las persianas tapaban el fuego que caía del cielo, pero todas las casas estaban abiertas para aprovechar al máximo cualquier ráfaga de aire que pudiera entrar y mientras me daban permiso para poder acceder al interior de la vivienda, pude escuchar una música rock potente, sin llegar a ser Heavy, pero tampoco era Pop, ''fácil'' de oir, se dejaba querer, sonaba ''fresca'', nueva, alegre. Aquello molaba!

De pronto me entusiasmé con lo que estaba escuchando a través de la ventana que había junto a la puerta de entrada y sin pensarlo, levanté la persiana y pregunté que quién eran esos que sonaban.

Tardó unos pocos segundos en contestar, tiempo que me sobró para pensar en las consecuencias de mi acto más que impertinente y sus consecuencias: ya escuchaba los gritos aterradores de las chicas, el revuelo general de la casa, todos los vecinos mirando y ese padre encolerizao saliendo a zancadas del fondo de la casa y cargando la escopeta de cartuchos..

Pero por suerte para mí no fué así, ella demostró una sensatez y una inteligencia muy superior a la mía. Años luz!
Casi flotando se acercó a las rejas de la ventana y susurrando me dijo: salió a la venta el disco el mismo día que salía mi vuelo hacia aquí y como M.C. me dijo una vez por carta que no tenía tocadiscos pero sí cassettes, compré los dos, mis padres tienen el disco en casa y yo me he traído el cassette y lo estoy escuchando ahora por primera vez. Son Bon Jovi y han reventado los charts en mi país con dos singles casi seguidos.

Esto es una buena anécdota!

Al menos para mí, claro. Pero recordado desde mi prisma melómano y como músico, tengo que ensalzar la importancia que tiene el disco por sí sólo y lo relevante que resultó ser en su día, dando paso a una forma de entender la música a ritmo de rock para todas las orejas, canciones con el minutaje adecuado para sonar en emisoras comerciales, con letras optimistas hablando de los típicos amores y desamores, fiesta el sábado noche, etc. y las modas (lo que menos me gustó) que trajo consigo: pelos cardaos que sólo le quedaban bien a Tina Turner o a Coverdale, vaqueros desgarraos como si los hubieran sacao de un basurero, cintitas en los brazos y pañuelitos saliendo del bolsillo trasero. Afortunadamente, las modas son pasajeras y este look se fué digamos adaptando a los nuevos tiempos, aunque hubo infinidad de bandas que se empeñaron en mantener imagen hasta bien entrados los 90's.


Su primer disco me gustó mucho, sobretodo ''runaway''. El segundo no me gustó nada, ni siquiera lo conservo y para el tercero, la discográfica les adjuntó a Desmond Child, un compositor que facturó un buen puñado de hit-singles para Kiss, por ejemplo. Este señor es muy cotizado entre mánagers de bandas, estudios de grabación y discográficas. Literalmente, se lo rifan porque es capaz de escribir canciones ''comerciales'' en el ámbito roquero, con la misma facilidad del que come pipas.

Bajo mi punto de vista, todo fué un acierto en la producción de las canciones. Excepto un par de ellas que me sobran y no debo decir cuales son, porque con la música cada uno tiene sus gustos, el resultado es redondo en su comcepto. Se inicia con una intro de teclados y órgano, digna del mismísimo Jon Lord de Deep Purple que desemboca en un tema potente de rock, guitarras sencillas ocupando su justo espacio y elegantes, una buena base rítmica y le voz medio rasgada de Jon.
Luego vienen ''you give love a bad name'' y ''livin' on a prayer'' con la firma de Mr. Child y culpables de darse a conocer a nivel mundial y vender más de 30 millones sólo de este disco.

Como dato curioso, decir que la portada que se conoce normalmente, fué impuesta por la discográfica, al considerar que la propuesta por ellos, era inadecuada (una modelo espectacular representando el típico sexy car-wash) quedando empresa la gris con el agua y las letras en negro.
En el mercado japonés sí permitieron la publicación del disco con su presentación original. Ironías de la vida.





No voy a compartir las típicas que suenan en todos lados, hay saturación ya, pero sí quiero dejaros una para reivindicar a Richie Sambora, un guitarrista infravalorado, pero que tiene calidad de sobra para ofrecer buenos riffs y solos muy divertidos de disfrutar escuchando y tocando.


Despues de todo lo dicho y lo omitido jejje poco me queda que añadir. Considero que es un buen disco que aguanta el paso del timpo con dignidad y la anécdota personal que permitió escuchar el disco y disfrutarlo para mí es entrañable por los que han pasado estos casi treinta años de mi vida.

Puedo presumir y decir que los amigos los sigo conservando, soy afortunado con tenerlos, aunque mucho me temo que igual cuando lean esto, me van a dar la del pulpo. Ellos me aguantan mis tontás, habrá que compensar de vez en cuando.


Intento mantener humildes mis orejas.


sábado, 12 de septiembre de 2015

TE QUIERO






- Te quiero.
Las palabras salieron de sus labios flotando sobre el aire cálido recién exhalado de sus pulmones, igual que alfombras mágicas.
Ella solo acertó a sonreír tímidamente. Luego parpadeo, batiendo los párpados  como una mariposa sus alas, los alzó para mostrarle sus preciosos ojos verde esmeralda en una mirada fija en los suyos de color topacio.
-Y yo a ti. Contestó y apretó los puños mientras lo decía, los apretó tanto que se clavó las uñas, rojas y puntiagudas en las palmas de sus manos hasta que le sangraron. Una solitaria lágrima que no era de pena brotó.
-Pero no puede ser. Es mejor que te vayas.
- No me digas eso, me partes el corazón. ¿Cómo quieres que me vaya? Dímelo. ¿Cómo? Si tú eres mi raíz. Si soy porque estoy a tu lado. No, no me pidas eso. Porque me es imposible una vez te he contemplado.
- Lo siento amor mío y no habría nada más en el mundo que me hiciera feliz que estar a tu lado pero no podemos estar juntos, no te empeñes pues solo te causaré dolor. Un dolor más intenso que el de la partida. Un dolor que no se borrará con el tiempo, un dolor que se te pegará como una segunda piel, que jamás te abandonará. Cada mañana te despertará y cada noche te llevará a la cama para meterse en tus sueños. Royéndote como la carcoma, hasta desmenuzarte.
- ¿Qué daño? ¿Qué cosa tan horrible podrías tú hacerme? No lo entiendo. No comprendo cómo tú, la dueña de mis latidos, puede causarme ningún mal. Si no es el de la carestía de tu presencia. ¡Ay!, por qué me pides que me vaya. ¿Por qué me amenazas con pesadillas? ¿Por qué, dímelo mi amor?
- Nuestro amor no podrá cuajar, es tierra baldía esta.
Hundió la tempestad de rizos negros como la noche, en la marejada de su pecho y lloró. Él le mesó los cabellos mientras notaba como su pecho se encharcaba de sus lágrimas.
- ¿Cuajar? Ah! mi amor. Le separó su cara de porcelana de su cuerpo y le secó el llanto con el dorso de la mano. Nuestro amor ya ha cuajado. No temas pues no siempre las más bella flor es promesa del el fruto más jugoso. ¿Acaso por eso la rosas dejan de ser bellas? ¿Acaso los manzanos dan las flores más hermosas? No mi amor y es por eso, ¡Qué más bello ha de ser el amor nuestro! Pues no hay nada más puro que el puro amor que brota cual manantial de la roca para aliviar la sed a cambio de nada. Y este amor está brotando de nuestras almas igual que esa agua. Ése es el fruto de nuestro amor, El Amor mismo. La luz con que Dios creó al Hombre.
Ella se separó de su pecho y le besó con labios rosados, tiernos, dulces como fruta madura. Y por un momento los dos se fundieron en un solo ser pleno y feliz.
¿Cuántas veces se lo advirtió, cuántas veces…? Pero él no se fue.
La boca se le llenó de hiel. Los labios tiernos primero fueron barro y luego se hicieron polvo. Su amada se deshacía en sus brazos, como si fuera una muñeca de arcilla poco cocida. Y él sólo podía gritar intentando recoger y juntar los pedazos en un vano intento de volverla a formar. Ella se deshacía y él se deshacía con ella pero bien sabía que no. Él solo se despertaría unos instantes después. En esa cama grande y vacía en la que a veces le gustaba imaginar que notaba aún el calor de su cuerpo, porque ella se acababa de levantar para ir al baño.  Pero ella no estaba, hacia ya demasiado tiempo que no estaba. En su lecho solo le acompañaba sus gritos, que todas las noches despertaban a Ana, su asistenta. La mujer vendría a intentar consolarle con otro calmante; pobre mujer quería apagar su infierno con un cubo de agua de fingida preocupación y una estúpida pastilla. Él era un viejo decrépito, al borde de la muerte. Ésa que tanto ansiaba y que tanto se le resistía. Sí, una muerte que le llevara con ella, sí esa misma muerte que se la robó hace más de 40 años.

                                                                      

                                                                           FIN.



lunes, 7 de septiembre de 2015

AZUL #18




 


El frescor de la hierba mojada, ascendió desde la planta de sus pies, hasta llegarle a la nuca.
El prado se extendía infinitamente. Florecillas de colores lo salpicaban aquí y allá rompiendo su monotonía verde. Aspiró y el aire tibio y fragante que le hizo recordar el aroma del cabello de su madre.
 ¿Dónde estaba?. Giró sobre si misma intentando orientarse.
Relucía. Allí en horizonte estaba plantada, como una lanza clavaba en la panza del mundo, bajo el arcoíris. Con sus altas torres y sus capiteles esmeraldas. Contempló la ciudad con asombro, pues era como las de los cuentos. Donde vivían apuestos príncipes y bellas princesas como las que decoraban su cama.
Una pequeña brisa le agitó suavemente el pelo; sintió frio. Volvió a girarse mientras se frotaba los brazos en busca de calor, viendo a lo lejos, en el cielo, como comenzaban a formarse nubarrones de color plomo. Parecía que se estaba acercando una tormenta. Debía buscar cobijo.
Se miró cayendo en la cuenta de que aun llevaba puesto su pijama de felpa rosa con un conejo blanco en el pecho y que estaba descalza. Sopesó dirigirse a la ciudad, en realidad, no había ningún otro sitio a donde ir.
El camino de baldosas amarillas parecía llevar hasta ella, solo tendría que descender por la ladera pequeña colina en la que estaba y tomarlo.  
El primer goterón la cogió desprevenida y la sobresaltó un poco, con su golpe húmedo. El trueno llegó después igual que un cuerno anunciando la batalla. Las nubes habían abierto sus bodegas y arrojaban sobre el mundo sus obuses líquidos. Sentía los impactos que le aplastaban el pelo, pegándoselo a la cabeza y como se empapaba el pijama haciendo que su carrera sobre la piedra amarilla se hiciera lenta y peligrosamente resbaladiza.  
La distancia a la ciudad era enorme para que ella pudiera cubrirla corriendo. Solo era una niña y su cuerpo no soportaría el esfuerzo. La fatiga comenzaba a aparecer. Tendría que seguir andando, después de todo ya no podía estar más mojada. Así, Paula se detuvo un momento para recobrar el aliento. Se apartó unos mechones de pelo pegados a la cara que le recordaron a las algas de la playa. En ese momento se imaginó allí, jugando en la orilla ,con papá y mamá. El llanto llegó igual que una de las olas de su recuerdo, las piernas se le aflojaron y cayó de rodillas mientras sus lágrimas se mezclaban con la lluvia.
Algo se acercaba por el camino a su espalda, con un estruendo que el martilleo de la lluvia, no podía ocultar. Paula  se apartó haciéndose a un lado, fuera lo que fuera no podía verlo aunque sus pies sí lo pudieran sentir. Precavida, se agachó en la cuneta intentando ocultarse.
Dos percherones negros tiraban al trote del carro de madera que crujía amenazando con desguazarse en cualquier momento. A las riendas iba lo que parecía un hombre con una armadura de hierro oxidada y mohosa. El yelmo le cubría la cabeza por completo, dejando solo unas pequeñas rendijas por las que ver y respirar. Observaba desde su escondrijo, oculta por unas hierbas altas, temblando de frio y calada hasta los huesos. Pero lo que le hizo temblar de verdad fue ver la carga que transportaba el carro en su caja. Era una especie de jaula de hierro. Dentro había no menos de veinte niños y niñas, unos sentados o tumbados, de pie otros. Todos tenían la mirada perdida en algún punto del horizonte. Algunos sacaban sus manos intentando recoger unas gotas de lluvia para luego beberla con avidez. Pero la mayoría, no hacían nada, simplemente aguardaban a su destino .Iban semidesnudos y mugrientos como si fueran las atracciones de un circo ruinoso y decadente. Sobre la jaula había otra figura que no podía ver bien desde su posición .El carruaje la rebasó y comenzó a alejarse siguiendo el camino hacia la ciudad. A medida que se alejaba el ángulo de visión le permitió observar mejor la figura sobre la jaula. Era una especie de mono pelirrojo que olisqueaba el aire y mironeaba a un lado y otro. Sus ojos eran grandes y parecían lucir con un brillo amarillo. Oteaban desde su posición, escaneando el terreno. El carro pisó un bache y resaltó con violencia. El mono abrió su boca y dejo ver unos colmillos blancos y puntiagudos como puñales, emitiendo un aullido aterrador a la vez que en su espalda se desplegaron unas alas cubiertas de plumas negras como las de un cuervo. Paula deseó con todas sus fuerzas ser invisible, pero no lo era. Los brillantes ojos del primate la habían localizado, el aullido no era más que el anuncio de que iba a cobrar otra pieza. Batió las alas ascendiendo en el aire para caer sobre su indefensa víctima.


Continuará...