NOSOTROS

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viernes, 29 de abril de 2016

Caro Diario. Más bien carísimo. By Salvaorillo

Sí, porque esto de gastarse treinta y tantos ebros en un Cedé es un pastizal y no lo que hay en Asturias.
Y el sitio que ocupan, que esa es otra. Los CD's tienen el formato y las dimensiones casi perfectas para ir acumulándolos en cualquier sitio, cosa que anteriormente no ocurría con los discos de vinilo, que eso eran como manteles de merendar. Te podías tapar con ellos e invitar a la novia a pasar el fín de semana y hasta perderte en los libretos interiores. Aquello era el Ikea de los melómanos!

En la habitación de la música o vulgarmente conocida como ''la leonera'', tengo una estanteía alta que me ocupa media pared. Ya no utilizo el tocadiscos, así que los LP's están ubicados en otra habitación contigua, pero sí ocupan la mitad del espacio los cedeses, junto a libros de música, de guitarra, biografías de artistas de la música y el cine, figuras de divinidades hindúes y una calavera pirata como no podía ser menos viniendo de mí.

Un pastizal en cultura no es merendar cereales leyendo un libro.

Son años, décadas de hambre de conocer, descubrir, deleitarse, soñar, llorar, emociones a flor de piel, estímulos visuales y acústicos que te cambian la vida, que te ayudan en el día a día, que te rescatan del tedio, del asqueo rutinario.
Pero cuesta un dineral. Es una buena inversión siempre, pero con las estrecheces hay que ser muy selectivos a la hora de adquirir tal o cual artículo.

Ahora hay la posibilidad de adquirir música en formato comprimido, por lo que el único problema de espacio está en la capacidad de memoria de que disponga el equipo, pero por otro lado salimos ganando en cuestiones de espacio vital en el hogar.

Hará más o menos un año, mi querido y admirado compañero de blog, el insigne @horchatacaliente en una de sus características muestras de generosida musical, me habló de una banda de death metal melódico,

No había escuchado ése subgénero del heavy metal, por lo que me rompió los esquemas al pensar en que el death es una música extrema, enrevesada, difícil, oscura, para almas duras, pero mezclar eso con ''melodic'' me provocó curiosidad.

Como decía aquél, ''sensacional a la par que lamentable'' es escuchar música cagado de miedo.
Abrí el tan socorrido y casi imprescindible you-tube, busqué la banda y la canción que me dijo y me preparé mentalmente para lo que se avecinaba. No sólo me hice una menta-poleo calentita para que me reconfortara ante la adversidad acústica, tambien me puse ropa ancha y las zapatillas de pelo de andar por casa junto con un buen masaje en las sienes y las orejas

Hay que estar preparado para cualquier cosa que se presente y viniendo la recomendación del payo éste, seguro que no sería una balada de Celín Dión, precisamente..



Agresivo, crudo, indigesto? jajajaj precisamente no es un puré de verduras que te tomes para cenar. Aquí hay carne a la brasa de las de comer a mediodía y luego pasar la tarde entera andando para ayudarle al estómago, pero no deja residuos ni suben ardores.

El concepto de ''melódico'' añadido al death metal es una fusión que tendría que llegar tarde o temprano y obedece a una necesidad inteligente por parte de los músicos de mostrar sus cualidades, ese extra de melodía adquirida desde la niñez y guardada en un lugar recóndito del corazón, pero siempre dispuesta a poner su granito de arena cuando se le necesita.

Las orejas estrechas siempre están prestas a crear alarma ante la música extrema, pero nada que temer. Estas mismas orejas estrechas son las mismas que querían enviar a la hoguera a los grandes compositores de lo que hoy conocemos como música clásica, sobretodo en los primeros estrenos donde las orquestas sinfónicas ejecutaban aquéllas valkyrias arrasadoras y esos réquiems que provocaban entre los primeros escuchantes verdaderos ataques de pánico, desmayos y más de un infarto.

A la música siempre hay que darle una segunda oportunidad o tres, o las que hagan falta. No es la primera ni será la última vez que alguien escuche un disco a los quince años y le cause repulsa, pero a la vuelta de unos años, con más cultura obtenida y más experiencias vividas, el odiado disco se convierta en música de cabecera.

La bestia se transforma en la bella.


Brutal.

Caro diario. Más bien carísimo, pero estas calaveras abarcan mucho. Hay sitio para todo.
Todo lo que nos gusta.




Mantengo humildes mis orejas.

lunes, 18 de abril de 2016

''Back In Black'' pero no así.

Aquí se habla fundamentalmente el idioma roquero. Con merecidas incursiones en otros conceptos artísticos, pero siempre desde la óptica del Rock.

Con la mayoría de las personas que me relaciono tienen siempre una canción ligada a un recuerdo: Un corto a color o blanco y negro en el que se mezclan aleatoriamente imágenes con banda sonora y a continuación tenemos lo que yo llamo un ''lifting espiritual'', una regresión momentánea a una época vivida e irrecuperable, de la que conservamos esa película a la cual se le van cayendo fotogramas a medida que pasa el tiempo y a la que le vamos añadiendo otros nuevos que creemos que encajan ahí según nuestro estado de ánimo y lo que queramos transmitir a la otra persona con la que estemos hablando en ese momento.

En mi caso hay muchas películas ambientadas con la banda sonora del momento y momentos con dolorosas bandas sonoras. Pero a raíz de los últimos acontecimientos que están ocurriendo en el seno de una de las más grandes bandas de Rock de todos los tiempos, quiero tomar parte en el asunto y contar mis recuerdos, mis momentos irrecuperables, pero bien fijados gracias a su banda sonora.

Uno de estos grandes momentos cinematográficos bien conservados en lugar fresco y seco, fué en 1980. Septiembre, inicio de un nuevo curso en la carrera que había elegido, toma de contacto con los compis de clase, jaja, jiji, vaya verano guapo, mira qué moto, las chicas y la música. Los discos, las casettes, que si en la radio pinchan a este o al otro...más discos, tertulias improvisadas de pasillo entre aulas, contrabando de cultura..

Y el disparo en la sién. Shock!

Si escuchabas una canción en la radio y te gustaba, tenías que ir a la tienda de discos y comprarlo. Si querías saber más, había que esperar un mes, comprar revistas o escribir una carta a la dirección de correos que ponía en el disco y sin garantía de que llegara al destinatario y mucho menos que contestaran. Estas cartas a la incertidumbre pueden ser consideradas hoy como algo ilúsamente romántico, pero resultaba a veces angustioso, aunque la inmediatez de hoy y la falta imperdonable de no contrastar datos tampoco me gusta, puede ser peligroso.

La canción que sonaba en la radio esa tarde entre la pandilla de camino a las clases era ''shoot to thrill'' y quedó tatuada en mí por los siglos de los siglos, amén. Recuerdo la tarde clara, aunque de ocaso precipitado. Ya se notaban las tardes más cortas, quizá hasta más tristes.

Nunca me gustó el final del verano. Y el Dúo Dinámico tampoco.

Desde ese año hasta hace unos meses, Brian Johnson ha sido por mérito propio durante todo este tiempo la voz de AC/DC defendiendo a capa y espada el gran nombre de la banda. Disco tras disco, show tras show, año tras año...

Siempre digo que no puedo ser objetivo con la música, forma parte de mí a diario desde que me concibieron hasta hoy y así quiero que siga siendo hasta el último segundo. La música es vida, la vida se vive , se vive por amor y el amor creó la música.

En esta banda ya sufrimos la baja de Malcolm, hermano mayor de Angus y creador de los mejores riffs y canciones de la banda. Nos deja un legado discográfico a la altura de muy pocas estrellas del Rock. Entre todas esas, el disco Back In Black donde se dío a conocer a Brian, el nuevo cantante. Un punto y seguido sin el tristemente desaparecido Bon Scott. Un disco en homenaje, una apuesta a todo o nada, un plato único del que esperaban que las orejas se saciasen. Uno de los discos más vendidos de la historia de la música contemporánea.

''Shoot to thrill'' me hizo olvidar el día, las clases, los colegas. las chicas y el final del verano, me hizo ahorrar dinero prescindiendo de algún almuerzo, guaradr el dinero del bus y hacer caminatas para poder tener en mis manos el santo grial que me iba a acompañar hasta el resto de mís días. Uno de los mejores discos de Rock de todos los tiempos.


Video del año 2013, aún  con la formación estable y defendiendo las viejas canciones como si fueran de nueva presentación. Sí, pasan los años para todos, tambien para los artistas. Estos, merecen un respeto por lo que dan, sólo hay que mirar la locura de la gente, los gritos de felicidad, las expresiones de euforia. Pocas cosas se igualan a esta experiencia.

Y a estas canciones llevo agarrándome décadas. Cuando no estoy en mi mejor momento anímico, AC/DC siempre están a la mano, es poner una canción de ellos y ya me como el mundo con papas fritas y me falta!

Yo tambien voy coleccionando arrugas y cicatrices de la vida, pero es mejor envejecer ''con'' y no ''por culpa de''. Así no se aprecian las marcas del tiempo y es todo más armonioso y enriquecedor. Algo que Brian J. parece que ha dado, pero no se le ha reconocido. Este hombre se ha dejado la garganta durante los mejores años de su vida, se ha mantenido en forma para aguantar noches de tres horas a ritmo de Booguie y ha sabido ser un gran maestro de ceremonias, no todo consiste en salir y hacer tu trabajo. Siempre hay que regalar un extra en forma de agradecimientos, cercanía y simpatía y como mínimo merece ese reconocimiento y gratitud, empezando por su banda hacia él.

Me cuesta creer que alguien como Angus ya no se acuerde de los himnos de Rock que ha grabado junto a Brian y la repercusión que dejó en varias generaciones de criaturas de orejas inquietas:


''como el estallido inesperado de un relámpago
                                       los cielos se iluminan con la mordedura de una guitarra
           para una salva de veintiuna descargas
                                                   For those about to Rock,
                                                     
                                                      WE SALUTE YOU!! ''

Nada mejor que esta liturgia de unión y comunión entre almas gemelas, entre miembros de un mismo clan, la unión hace la fuerza y fuerza es lo que te dá el Rock en el día a día.

Por eso venero, por eso agradezco y por esto me revelo.

Puedo entender que una banda de estas característica cierre giras con contratos millonarios, publicidad, merchandising, etc. y que por avatares del destino, surja una incidencia grave. Cómo se gestiona la baja temporal de un miembro de la formación?

No olvidemos que no es cualquier cantante secundario ni un artista invitado del que se pueda prescindir, ni es uno más de la banda de fulano, es una figura insustituible en una banda que ya sufrió un shock casi mortal del que se sobrepusieron con la llegada de Brian.
Tambien entiendo que si no cumples un contrato de esas características te pueden arruinar y nadie quiere eso, pero supongo que hay maneras y maneras de hacer las cosas.

No es una factoría de trabajos en cadena, que sale uno y entra otro y la producción sigue su curso, no le afecta el anonimato de la mano de obra. Esto es música, aquí se juega con sentimientos y habría que mostrar un mínimo de empatía y respeto hacia esa persona. Dar una rueda de prensa sies necesario, o editar una nota desde la página oficial de la banda, dar las gracias, esperar una pronta recuperación y si no hay posibilidad de vuelta, plantearse la disolución de la banda.

Si ocurre en medio de una gira y hay que acabarla por contrato y no se puede posponer, tambien entiendo que se recurra a alguien para ''salir del paso'', no sería la primera vez que ocurre algo así, ni la última, pero qué menos que una nota informativa.


Ahora hay unos científicos (seguimos sin contrastar) que aseguran que ''thunderstruck'' es estimulante para personas que luchan contra el cñancer. Para esto, cualquier ayuda es poca, pero contra estas formaciones mastodónticas por su relevancia, es muy difícil ser sencillo. Excepto su último disco sin Malcolm, una colección de canciones que se podían haber ahorrado.

Hubieran hecho una gran gira de despedida y salen por la puerta grande. AC/DC son una banda tan espectacular en sus shows que no necesitan sacar disco para dar conciertos con sold-out garantizados.


Ayer le dije a alguien que no pienso poner nada de los ''nuevos'' AC/DC you-tube está saturado de videos de conciertos de la banda con el cantante de otra formación que no voy a nombrar ahora, porque no ha lugar.

Ahora me estoy posicionando de parte de Brian, mi parte quijotesca así lo siente y por qué no darle ese gusto. Hay que alimentar la leyenda y encumbrar al mito. Aunque sea una causa perdida, tengo un sentido de la justicia un tanto romántico y distorsionado por la realidad de mis recuerdos, que son míos y quiero que así siga siendo.

For those about to Rock!
-Amén


''si te emociona lo que haces, estás creando. si no, estás obedeciendo''


Gracias, Brian!!




Mantengo humildes mis orejas.

domingo, 17 de abril de 2016

Sí Puedes #4






Por entre las lamas de la persiana se colaron los primeros rayos del nuevo día. Notó su caricia en la cara, una especie de cosquilleo agradable y cálido. Se giró arrebujándose en el edredón y se abrazó a Le, que no protestó. Estaba despierta, aunque no del todo, justamente en esos instantes en que aún no disciernes el sueño de la realidad, ese momento en el que no puedes imaginar un lugar mejor donde estar, que no sea en tu cama.



Debía de ser muy temprano La casa estaba en silencio, sólo el trino de algún pajarillo perturbaba aquella quietud. Aguzó el oído, Mami aún no debía de haberse levantado. No se le oía trajinar en la cocina, ni se sentía la vibración de sus pies descalzos sobre el suelo de madera, ni el sonido del agua de golpear en la porcelana de la ducha. Le encantaba aquellos momentos, era una sensación en la que se mezclaban seguridad y libertad, era unos de los pocos momentos en los que no se sentía observada, era como ser invisible, sí, incluso a mamá.



Aprovecharía para rezar, dar las gracias a Jesús por ese nuevo día. Juntó sus manos y comenzó a murmurar una oración. No le llevó más de medio minuto. Le gustaría que Jesús le contestara. Rezar estaba bien, pero ella tenía preguntas, preguntas que le gustaría hacerle porque como decía mamá “Él todo lo sabía” y seguro que no se enfadaría con ella por hacerlas, aunque fueran preguntas sobre pecados o mejor, de por qué eran pecado algunas preguntas. Eran del tipo de cuestiones que no podía preguntarle a mamá , porque mamá seguro que sí se enfadaría. Mamá siempre le decía que cuando tuviera dudas mirara en su interior porque allí habitaba Él y Él le diría lo que es correcto y lo que no. Y ella de veras que había mirado en su interior pero no había hallado ninguna respuesta, Jesús no le contestaba, o a lo mejor no la sabía (vaya, otro súper-pecado) a lo peor Jesús sí se había enfadado y por eso no le contestaba.



¡Pis!



Las ganas de hacer pis llegaron de súbito y en forma de cosquillas, unas coquillas de esas que no se pueden soportar y que casi duelen. Tenía que darse prisa o se lo haría encima y si eso ocurría mamá le podría pañales y no, no estaba dispuesta a volver a llevar esos pañales que la hacían sentir un bebé, una niñita inútil, tampoco llamaría a mamí. Ella podía valerse por si misma, ya tenía diez años (casi, no podría andar (saltar) pero no era tonta)



Maniobró hasta que pudo sentarse en la silla que estaba junto a la cama. La casa estaba adaptada, las puertas eran más grandes que las de otras casas y la silla de ruedas podía pasar por ellas perfectamente. El baño también lo estaba, era amplio y tenía esas barras junto al inodoro, además sus brazos eran fuertes.

No hizo ningún ruido, ni siquiera descargó las cisterna, prefería un rato más de “invisibilidad”, no quería despertar a mamá, que siguiera durmiendo plácidamente, aunque luego le costara una regañina por no haber “tirado de la cadena”(jajaja ¿a qué cadena se referiría?...no había ninguna cadena).



Rodó por el pasillo de vuelta a su cuarto, volver a su cama, seguir holgazaneando en ella e incluso volverse a dormir, era el plan. La puerta del estudio de mamá estaba abierta. La persiana estaba a medio alzar y el sol entraba tamizado por el visillo. Un rayo travieso escapó colándose por entre la maraña de hilos. El haz de luz viajó hasta el mueble de la máquina de coser. La máquina era de color verde, un verde frío y metálico, casi como si fuera la piel escamosa de un reptil, pero uno enfermo y pálido. Nunca le gustó aquella máquina, era un artilugio antiguo y extraño, con agujas y palancas. Le parecía que tenía un aspecto cruel. El rayo huido no la tocó, cayó al lado, sobre el mueble que la soportaba, donde se alojaba el pedal y las correas con las que se la hacía funcionar, justo sobre unas llaves que reposaban a su lado. Rebotó sobre el níquel y de allí fue a parar la retina de Laura.



Ese brillo se introdujo en sus ojos activando algo, como si en algún lugar de su globo ocular hubiera habido una célula fotoeléctrica que lo hubiese estado esperando. Rápidamente el impulso nervioso fue procesado. En ese llavero estaba sujeta la llave que abre el candado de la verja de hierro oxidado del cuadrado de hierba, ése que le cerraba el paso al descampado y después al pinar, ese lugar detrás de la casa, donde no había nada para que una niñita de 9 (casi diez) años fuera a ver.



Cogió el llavero con sumo cuidado, las apretó en su mano con miedo a que tintinearan, sintió el frío de su metal. Había cinco llaves, pero a ella solo le importaba una, la más pequeña. Las depositó en su regazo y se dispuso a dirigirse hacia la puerta trasera, al final del pasillo, junto a la cocina. Las gomas de las ruedas rechinaron en el parquet recién encerado. El sonido le erizó el vello, y si mamá la había oído y si al salir del estudio se la encontraba plantada en medio del pasillo. La gelatina negra había comenzado a manar en lo más profundo de su mente, era una poza de brea hirviente. Notó como su boca se secaba, como los pulsos acelerados de su corazón zumbaban en los tímpanos.



Lo primero que asomó al pasillo fueron sus pies apoyados en los estribos de la silla, iba descalza. Espero antes de volver girar los volantes de la silla. Las palmas de las manos le habían empezado a sudar formando una película babosa entre ellas y el metal cromado, que le llevó a la mente la imagen de la piel de un pollo pasado de fecha, contó: uno, dos ,tres... nada. Mamá no la había descubierto (aún). La puerta de su habitación, Le le miraba desde su cama, el oso de trapo tuerto parecía guiñarle un ojo, aquello le dio un poco más de valor. La siguiente puerta, la de la derecha, era la del dormitorio de mamá. Estaba entornada, no pudo evitar mirar. Estaba muy oscuro, pero pudo distinguir el bulto que formaba el cuerpo de su madre bajo el edredón. Estaba de costado mirando hacia la ventana y se la oía roncar.



Las manos le seguían sudando y los latidos seguían martillando en sus oídos pero la seguridad de que mamá dormía, contenía a la ameba, a aquel miedo, lo justo para no paralizarla.Ya casi había llegado a la puerta trasera. El pomo de metal dorado de la puerta trasera estaba helado, la humedad de su mano además lo hizo resbaladizo. Intentó abrirlo con la máxima delicadeza, intentando que su mano no resbalara. Claro, estaba cerrado. El pulso aceleró el tempo.

Había que embocar la llave en la cerradura, sujetaba firmemente el resto para evitar que entrechocaran, se ayudaba con ambas manos, como si fuera a disparar una pistola muy pesada. El ojo de la cerradura se le antojaba minúsculo e incluso parecía moverse, era como enhebrar un hilo en una aguja. El metal seguía frío y húmedo como la barriga de un pez, la empujó y los pernos se ajustaron con un click a cada diente. La giró delicadeza intentando que los pestillos hicieran el menor ruido posible… la puerta quedó liberada con un golpe de metal contra metal, aquel estruendo no sólo iba a despertar a mamá, iba a despertar a medio barrio. El pánico hizo presa en ella, y si efectivamente mamá se había despertado, y si la estaba observando, y si estaba a su espalda, con el ceño fruncido y las mandíbulas apretadas. Las manos le comenzaron a temblar, lo supo porque oyó como las llaves tintineaban.



Tenía que controlarse, volvió a dejar las llaves en su regazo y se secó las manos temblonas en la felpa del pijama. -Mamá seguía durmiendo en su habitación, detrás de ella no había nada, salvo el pasillo vacío- se dijo . Abrió la puerta.



El sol parecía que hubiera estado parado detrás de la puerta, esperándola. Su claridad la avasalló, cegándola por un instante, se protegió con los brazos como un vampiro sorprendido por el amanecer. Mientras sus pupilas se contraían sintió el aire fresco de la mañana que la hizo estremecerse por un escalofrío. Bajó los brazos con cuidado. El jardín de mamá estaba allí. La hierba lucía en un verde casi eléctrico, de hecho todos los colores lucían más brillantes bajo el sol de la mañana. El rojo del muro de ladrillos, el albero del terraplén, el verde de los pinos de más allá, el azul del cielo y hasta el negro mohoso de la cancela, pero sobre todos ellos el candado. El candado brillaba como si fuera de plata bruñida, no podía apartar la mirada de él, su brillo era hipnótico, atrayente, como esas luces moradas que hay en los bares lo son para los insectos e igual de peligroso. Sabía que estaba haciendo algo malo, estaba desobedeciendo a mamá y eso no estaba bien desde cualquier ángulo que se mirara.




¡Laura!



Sólo pudo respingar cuando oyó su nombre. Mamá la había descubierto.




¡Hola, Laura! Al fin te has decidido a venir con nosotras. Ven a saltar



No, no era mamá. Las dos niñas estaban junto al muro. Tan rubias como las recordaba, con sus melenas recogidas en colas de caballo.




Hola. Fue lo único que acertó a decir (pensar)


Ven, salta con nosotras



Miró las llaves que tenía sobre su regazo.




¿Por qué me decís que salte?. Yo no puedo ¿por qué sois tan crueles conmigo?


Claro que puedes. Siempre has podido, sólo que aún no te has dado cuenta. Levántate de esa silla, ya no la necesitas.



Qué decían aquellas niñas, eso era... imposible, pero también era imposible que supieran su nombre. Se agarró con toda la fuerza que fue capaz, tanto que los brazos le temblaban y se alzó. Sus brazos soportaban todo el peso del cuerpo, las piernas le colgaban como si fueran las de una muñeca de trapo, las llaves rodaron y cayeron al suelo con estruendo metálico.




Vamos, Laura. La animaron a coro las dos.



Tenía miedo, se iba a caer, pero algo dentro de ella, un susurro que le decía: Hazlo, confía. Y no era la voz de las niñas, no y tampoco era la suya dándose ánimos. No, era una voz tranquila, firme y no era una orden, era como sentir un beso de buenas noches en la frente, era una promesa de que todo iba a salir bien, de que no se iba a caer, de que aquella voz de alguna forma cuidaba de ella. Debía ser la voz de Jesús..Una lágrima se deslizó desde su ojo derecho recorriéndole la cara hasta detenerse en los labios, probó su sabor salado. No tenía que tener miedo, confiaría. Cerró los ojos y pensó en saltar.



Continuará...

lunes, 11 de abril de 2016

AZUL #30







No podía ser verdad, todo lo que aquel...aquel monstruo le había contado, no podía ser cierto. No podía ser cierto, que estuviera a punto de perder todo. Pero un todo literal, absoluto que incluía desde su hija a su propia vida y terminando por la de Laura. Corría compitiendo contra un destino funesto. Conducía como si ya estuviera muerto, pues en cierta forma lo estaba.
Pero tenía que intentarlo, no podía quedarse mirando impasible mientras su mundo se desmoronaba como un castillo de arena arrasado primero por una ola de maldad de Set y luego ver como sus trozos eran engullidos por la resaca de su cobardía.
Aquel viejo en realidad sólo era el envoltorio de algo realmente maligno. De una maldad que la propia humanidad apenas si había comenzado a olvidar pero que seguía viva, como un virus acantonado, esperando a un descuido par volver a expresarse con más virulencia. Y ellos iban a ser sus primeras víctimas. Ellos eran la primera ficha de un dominó que caería en una sucesión que amenazaba con arrastrar muchas, muchas más vidas.

- Mi querido y estúpido Luis, ¿aún cree en los cuentos de hadas con final feliz?
Usted sólo ha sido la llave que me ha llevado a ella.
- Por favor, es sólo una niña, déjela, por favor. Su alma se desbordó licuándose por sus ojos que manaron lágrimas amargas de dolor absoluto.
- Jo Jo. Estúpida criatura, no ha comprendido nada, su linda hija sólo es "algo necesario", ya ha visto que puedo tener todos los niños que deseo, no , no es a su lida hija a la que me ha conducido. Es a su mujer, ella es lo que realmente importa, no su mocosa. Jojojo.
-¿Cómo?...pero...Paula...
La revelación fue como si le derramaran una sartén de aceite hirviendo sobre la cabeza. ¿Qué decía aquel demonio?..
- Su hija es, digamos una plataforma para acceder a su mujer. Una mujer muy especial que tuvo la desdicha de conocerle. Jojojo. Aunque sin  proponérselo su destino le va ha hacer formar parte de algo mucho más grande e importante que languidecer  a su lado.
Entonces el viejo empezó ha hablar de nazis y control mental y de transmutaciones mentales y de que se hacía viejo…pero Luis ya no estaba allí, él sabía que él y únicamente él era el origen y la ruina de todo, como lo fue ya desde el principio de su vida.
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 El rojo pasó al blanco doloroso. La cabeza le dolía y la lengua parecía de dos tallas más grandes que su boca.
Tragó saliva, una masa espesa y abrasiva le recorrió la garganta arañándole igual que una bola de alambre de espino.
¿Dónde estaba?
Tardo unos segundos hasta que sus pupilas consiguieron acostumbrarse a la luz brillante y amarilla. El rocío lo había calado y la escarcha había sustituido el tuétano de sus huesos. Olor a hierba y dolor, poco más.

El sol todavía estaba alto y las copas de las coníferas no conseguían ocultarlo. Se pasó las manos por la cabeza como buscando una herida que explicara qué hacía tirado en medio de un bosque pero no la halló, sólo agujas secas de abeto. La noción de la realidad se presentó ante él y le pateo en la cara. Laura. Fue la primera palabra que pudo articular. Se levantó y probó a dar un paso y luego otro,  inseguro como un bebé. El cuerpo parecía que se recuperaba de una sedación, sin embargo su cerebro funcionaba, si eso era posible al doble de su velocidad normal. Laura, Laura se decía mientras componía el puzle de recuerdos, ideas y sensaciones.

Un cuervo graznó. El graznido dejó  una pregunta en el aire: “¿Qué haces aquí?”.
Luis grito - ¡Laura! por pura frustración y el pájaro le contestó con otro graznido, que esta vez sonó a: “¡Fuera!”. La voz de pájaro fría y áspera le empujó, tenía que salir de allí. Caminó en busca de un rastro , de cualquier cosa familiar que le proporcionara el dónde o el porqué. No tuvo que andar mucho para encontrarla. La casa de ladrillo rojo estaba allí. La visión le golpeo, fue un mazo en la cara, romo y contundente, no podía ser.
La cerca metálica estaba herrumbrosa y había sido derribada en algunos tramos, en otros presentaba grandes agujeros, el seto arrancado por algún jardinero sádico y sustituido por pasto y matorrales y en medio de aquella debacle la casa de ladrillo rojo. Manchas negras de hollín asomaban por lo que fueron sus escasas ventanas, ahora convertidas en cuencas vacías. El portón de madera había desaparecido y  mostraba una boca desdentada como el cadáver de un viejo torturado que exhala su último suspiro.

Era imposible, ¿qué nuevo truco era ése? Se refregó los ojos intentando aclarar la vista, negándose a aceptar aquella visión. Se acercó y golpeó con todas sus fuerzas la cerca, el metal oxidado se hundió absorbiendo el impacto. Los puños se le tiznaron de herrumbre, la valla moribunda se quejó con un rechinar de somier desfondado. El coche, ¿dónde estaba el coche? Eso era, él había venido en el coche, tenía que encontrarlo, tenía que encontrar un resquicio de realidad a donde aferrarse, comenzó a trotar. Rodeo la finca devastada por el vandalismo. No sólo había ardido, si no que mostraba restos de actividad humana como si hubiera sido la guarida de una horda salvaje.  En la parte posterior se podían ver los restos colchones que habían sido quemados hasta dejar expuestos sus esqueletos de muelles y  túmulos de basura y escombros. Pero ni rastro del coche, nada, ni unas marcas de rodadas. Se detuvo para recobrar el aliento. Apoyó las manos en las rodillas y miró su sombra en el suelo.
El grito nació de las entrañas, una onda sísmica que amenazara con partirlo en dos. Aún con el grito zumbando en los oídos otro sonido le llegó. Se irguió como un conejo asustado, husmeando, oteando el horizonte cerrado por la muralla de cedros y abetos. Salió disparado hacia el foco del ruido que se le antojó la más bella melodía que había escuchado en su vida. Corrió hacia ella. No podía dejarla escapar. El camión o lo que fuera, no debía de andar lejos. Enfiló el camino del que había desaparecido la grava, igual que un ciclón, corriendo,  azuzado por la necesidad de no saberse loco.

El camión marchaba por la pista forestal, con el traqueteo del que lo hace por el camino resabido de la monotonía diaria. Luis se plantó en medio del camino haciendo aspavientos para llamar la atención del conductor. El chófer  tardó en reaccionar. Esperaba ver cualquier animal, un cervatillo incluso un jabalí, pero la imagen de un hombre accionando como un poseso no estaba dentro de lo posible. Hundió el pedal del freno y el vehículo se detuvo. Luis corrió hacia la cabina.

- Por favor, ¿me puede acercar a la carretera? Suplicó a bocajarro
El chofer y el copiloto se miraron.
- ¿Qué  le ocurre amigo? Preguntó el copiloto, un hombre calvo de unos 50 años y con la piel curtida por el trabajo a la intemperie, que podría haber pasado por gemelo del chofer, si no fuera por la diferencia de edad.
- Perdón, he tenido …un accidente.
Los dos hombres se volvieron a mirar.
- Suba, nos dirigimos al pueblo, sí quiere le podemos dejar allí ¿Se encuentra bien?
- De acuerdo, dijo y se encaramo a la cabina.

En medio de un silencio incómodo los tres hombres reanudaron la marcha. No pudo retener la pregunta que le bullía en la cabeza y la lanzó al aire. ¿Qué día es? Era más una pregunta retórica, un pensamiento. El conductor apartó un instante la mirada de la pista de arena para volver a mirar al polizón como valorando lo acertado de su decisión de haberlo recogido. Hoy es martes.
¿Martes? Repitió Luis ¿qué martes?
- Se encuentra bien, ¿de verdad?... amigo
- Sí, pero por favor ¿qué día es?
- 10 de Febrero.
La tez de Luis palideció .Habían pasado cinco días, cinco malditos días.
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El camión entró en la pequeña población después de atravesar huertos y alguna granja que les saludó con su fétido aroma a estiércol de gallina.  Luis permaneció en silencio el resto del viaje sumido en sus preguntas para que las que la única respuesta que encontraba era el miedo, un miedo atroz e impotente que invitaba a esperar un golpe de hacha sobre el tajo de la realidad. Realidad, ¿qué era lo real?, de eso también dudaba. Entre todas sus dudas,  una se columpiaba con más fuerza que las demás en la punta de su lengua y terminó saltando de sus labios.
- En el bosque había una casa abandonada. ¿Saben sí hace mucho que lo está?
Esta vez el que contestó fue el operario de mayor edad con el que casi rozaba el hombro izquierdo.
- Amigo, en el bosque no hay ninguna casa, de hecho está prohibido construir. ¿De verdad que se encuentra bien? En la base tenemos un enfermero, sí quiere...
- No muchas gracias, tengo mucha prisa. Y sin pensarlo tiró de la manila que abría la puerta del camión y saltó.
A pesar de la reducida velocidad Luis rodó por el suelo polvoriento hecho un ovillo y sintió un pinchazo en el tobillo.
El camión frenó en seco y los dos hombres bajaron.
 - ¡Está usted loco , ¿se ha hecho daño?. Le gritaron.

Unas decenas de metros más atrás. Luis se incorporó haciendo oídos sordos y sin ni si quiera volver la cabeza echó a correr. Sí, estaba loco y corrió como uno, que el tobillo le palpitara de dolor no era importante, tenía que volver a la ciudad y tenía que volver ya.

Se adentró en la población de casitas de muros y tejados de pizarra, que aún  se desperezaba. El piso de arena fue sustituido paulatinamente por un suelo asfaltado que dejaba ver en algunos tramos tachones del empedrado original. No sabía realmente que iba hacer, quizás lo mejor sería encontrar la salida hacia la carretera principal y allí, allí, ya se vería. Notó como algunos ojos se posaban en él, desde detrás de persianas a medio alzar que desaparecían temerosos tras visillos tímidos como niños pillados mirando algo que no debieran. Las calles retorcidas y estrechas daban todavía, sí eso era posible un toque más angustioso  e irreal a su carrera.
La calleja por la que corría fue a desembocar en una más ancha, flanqueada  por arbolitos desnudos. Un hombre se disponía a montar en un todoterreno. Seguramente sería algún agricultor que se preparaba para ir a su lugar de trabajo en alguna finca cercana.
Luis lo abordó por la espalda.
-Señor, buenos días, necesito que me acerque a la ciudad.
Literalmente, el hombre de ropas de cazador y gorrilla de pana caqui saltó sobre el sitio sorprendido.
- Siento haberlo asustado, pero necesito imperiosamente que me lleve a la ciudad, le pagaré, dijo Luis buscando en el bolsillo trasero  de su pantalón la billetera.
El hombre aún sin recuperarse del susto, se giró con la mano al pecho y jadeado. Debía de pasar los 65 años, aún en pleno invierno lucía un tono bronceado, no de ese tipo de tono que se consigue en un solárium, si no de ese tono rojizo quemado, que se logra con una vida entre los surcos de tierra labrada.
- Mire - contestó  el hombre con un pequeño temblor en su voz, lo siento amigo, pero no puedo acercarle, tengo trabajo y llegó tarde. Lo siento.
Luis esgrimía su cartera en la mano sin prestar atención a la negativa del hombre.
- Le daré lo que me pida.
El labriego abrió la puerta del coche del coche y montó.
El portazo hizo que Luis comprendiera la realidad y golpeó el cristal con el puño.
- Oiga, tiene que llevarme, no me puede dejar aquí. Entonces la furia hizo presa en él y antes que pudiera cerrar, asió la manilla de la cerradura y abrió.
- ¿Está usted loco?, gritó.
- Lo siento, pero no me deja otra opción y le lanzó un puñetazo que impactó en el mentón. Al golpe le siguieron dos más, innecesarios pues al recibir el primero el labriego cayó como un saco. Un hilillo de sangre brotó de la comisura de los labios.
- Lo siento  volvió a murmurar Luis a modo de disculpa.
Sacó al hombre del coche trabajosamente, no debería de pesar más de 70 kilos, pero le parecieron 200. No tenía tiempo, lo depositó en amplia zona de carga. No sabía si alguien lo había visto u oído el forcejeo. Apartó sus dudas e intentó pensar con frialdad por un momento.
En el maletero encontró un rollo de cuerdas y una de lona, además de herramientas. Más  adelante podrían servirle, ahora tenía que salir zumbando de allí. Maniató al labriego y usó un trapo manchado de grasa para amordazarlo, luego lo cubrió con la lona. Arrancó y condujo buscando la salida del pueblo que se le apareció al torcer la calle. Luis sudaba curiosamente a pesar del frío y sus pies repiqueteaban sobre los pedales como si fuera un novato en su examen de conducción. Su vida era una pesadilla que lejos de amainar aumentaba de intensidad llevándolo a al borde de la paranoia, acaba de asaltar, golpear y secuestrar a un pobre hombre. Asió el volante con fuerza, sus nudillos protestaron de dolor, inflamados después del los puñetazos propinados que descansaba detrás. Debía buscar algún lugar un poco apartado donde dejarlo, pensó.
Condujo por una comarcal que desembocaba en un cruce que le incorporaría a la nacional, cuando vio un camino de tierra que debía ser el acceso a alguna finca y sin pensarlo demasiado lo tomó. Atrás el labriego se quejó, volvía en sí.
No había tiempo que perder. Tiró del freno de mano y el todoterreno se detuvo en medio de una polvareda.

- Amigo, perdóneme pero así será mejor para los dos. Comentó al hombre que recobraba la conciencia con el miedo pintado en la cara y el sabor de su propia sangre en la boca.

.El hombre se resistió levemente ante la superioridad física de su captor, pero lo que realmente le hizo desistir fue la mirada de Luis. Una mirada fría y ausente, la mirada de un loco.

Algo llamó su atención, algo que había pasado invertido detrás de la lona. Al fondo de la zona de carga había una funda alargada de color caqui. Luis se quedó mirándola un instante. Una idea funesta se paseo por su mente. Una idea que le hizo sentirse feliz por un instante. Fue como encontrar una llave que andaba pérdida, como una pieza extraviada  del puzle. Se estiró todo lo que pudo para comprobar que la funda contenía lo que él esperaba. Sus dedos sintieron la dureza del acero debajo de la tela, su frío, le confortó. Apartó la mano y la fugaz sonrisa de su cara desapareció sustituida por una mueca cruel que reflejó su pensamiento. Por un momento su suerte parecía cambiar, esa escopeta parecía decirlo.

Volvió a mirar a su rehén y posando su mano en él, le habló en voz baja y calma.

- No tenga miedo, no voy hacerle daño, le devolveré el coche.

 Y diciendo esto, lo cargo, lo sacó del coche y lo dejó  tumbado junto a la cuneta, en la linde del camino. Luego cerró  el portón y volvió al volante. El automóvil hundió sus garras en la tierra, aulló y salió como alma que lleva el diablo.


Continuará... 



miércoles, 6 de abril de 2016

Sí Puedes #3






Unas semanas después

Afortunadamente las pelotas azules y los saltos habían desaparecido. Mami se lo prometió y así había ocurrido. Jesús no les abandonaría, “Él nunca nos abandona” decía constantemente, después apretaba los dientes, los músculos de la mandíbula se hinchaban bajo su piel blanca como si estuviera mordiendo algo muy duro, luego se relajaba y se santiguaba o besaba su crucifijo plateado o las dos cosas, dependía del dia. El caso es no había vuelto a tener pesadillas ni había vuelto a ver aquellas dos niñas y eso era bueno.

Al contrario que las tardes, el recuerdo de aquellos sueños parecía empequeñecer cada día poco a poco. Las vacaciones solo habían hecho empezar y ella tenía planes. Mamá seguía atareada dando los últimos retoques a la casa nueva. Era una casa grande y había muchas cosas que organizar después de la mudanza, se pasaba el dia en la máquina de coser Singer de pedal, adaptando las viejas cortinas o colgando cuadros con esos clavitos “cuelgafaciles” y ese martillo de cabo naranja que había comprado. Jajaja algún martillazo se había llevado, mamá no era muy buena con el bricolaje pero no podían permitirse pagar a nadie para que viniera a colocarlos y no se iban a quedar sin colgar, no Señor, Mamá no necesitaba a ningún hombre, ni siquiera a papá.  

Papá? Era curioso como las ideas se mezclaban en la cabeza, como una cosa llevaba a otra, ideas independientes, aisladas en un principio pero que estaban irremediablemente condenadas a desembocar en otra que subyacía allí desde el principio, de la misma forma que riachuelos separados por valles y montañas acabarán confluyendo en el mar . ..papá.

Se llevó las manos a la boca intentando evitar que aquel pensamiento volviera a salir. La máquina de coser de mamá se detuvo de súbito. Mamá estaba en el estudio, una habitación más allá aunque en realidad sólo las separaba un tabique de Pladur.

Laura, ¿decías algo?

La voz de su madre, la pregunta, la inocente pregunta de una madre que escucha a su hija hablar, en una casa vacía salvo por ellas dos. Ese simple interés, ese “¿decías algo?” fue suficiente para que la ameba escondida entre sus millones de neuronas se despertara. Ese miedo paralizante. Mamá la había escuchado, la había escuchado decir Papá, la ameba lo sabría, estaba dentro de su cabeza. Tenía que luchar, tenía que hacer que esa cosa se volviera a su cubil para que mamá no lo supiera. Había cosas que no se podían hacer, como pisar el cuadrado de hierba (jardín) o hablar de papá. Cosas que pondrían furiosa a mamá y a mamá era mejor no hacerla enfurecer. El citoplasma comenzaba a extenderse extiraándose para formar los seudópodos con los que engulliría todo lo demás y entonces mamá sabría que había hecho algo malo.

(Salta!)
Laura?, LAURA?!
Nada mami, nada, sólo estaba jugando.

El traqueteo de la máquina de coser volvió a sonar. Aquel traqueteo era bueno, porque mamá volvía a sus cortinas, entonces también la ameba se derritió igual que un trozo de hielo dejado al sol. Había sido ella, había oído esa voz en la cabeza, detrás de los demás pensamientos como en esas antiguas “cintas de cassette” (o así creía que se llamaban) que ponía mamá, ésas donde si prestas atención y agudizas el oído, podías oír otra canción, una que había sido borrada para grabar encima otras nuevas, que había que aprender para luego cantar en la iglesia. Y la habían obedecido, ella había “¿saltado?” y aquella cosa no pudo embotar su cabeza y mamá no insistió. No tuvo esa sensación de que podía ver dentro de ella, de que no sabría que había pensado en papá.

Volvió a su bol de desayuno.Los dinosaurios de galleta la miraban con ojos suplicantes desde su agonía mientras se deshacían en un maga de leche chocolateada. Hundió la cuchara y acabó con su suplicio en un acto de piedad. ¿Quién estaba debajo? ¿quién le había dicho salta? y ¿cómo lo había hecho?. En realidad sólo lo pensó ..sólo lo “escuchó” fue igual que la vez que contestó a aquellas niñas de detrás del cuadrado de césped. Soltó la cuchara manchando el mantel de hule y giró su silla para acercarla lo más posible a la ventana de la cocina, justo encima del fregadero.  Mamá aún no había tenido tiempo de colocar el estor y la luz de la mañana entraba con el único filtro del doble acristalado. Desde su silla apenas si alcanzaba a ver un mundo de suelo esponjoso y verde, hecho por las copas de los pinos de más allá del descampado, bajo un cielo de azul casi turquesa limpio de nubes, donde la bola amarilla del sol sonreía en dorado, escandilándola hasta el punto de hacerla lagrimear. Se agarró firmemente a los reposabrazos de su silla y se alzó todo lo que pudo, dos palmos más alta su perspectiva cambió.

Ahora podía ver el descampado de albero amarillo y un poco más allá el ejército de troncos rectos que soportaban la bóveda verde. A  pesar de la luz del astro rey, el suelo del pinar seguía en penumbra y el verde de sus copas se transformaba allí en un verde más oscuro, que se mezclaba con el negro de los troncos y el marrón de la alfombra de agujas muertas haciéndose  impenetrable a los ojos de la niña. Pero aquello no era lo que ella quería (temía) ver, aquello sólo era un fondo, un decorado. En la linde del bosque, en la orilla, en la frontera de albero donde el amarillo tornaba a negro estaban las dos niñas rubias de cola de caballo . Estaban jugando, jugaban a pasarse una pelota, una pelota no más grande que la cabeza de un bebé, una pelota que parecía hecha de trapos azules. Entonces como si las niñas se supiesen observadas pararon su juego y se quedaron clavadas igual que estatuas de sal, luego ambas y al unísono, volvieron la mirada hacia la ventana de aquella cocina, donde otra niña también las miraba. Laura sintió sus ojos infantiles clavándose en ella, ojos llenos de curiosidad, que querían escarbar dentro de ella, querían preguntar, querían saber. Era como si le quitaran la ropa, y eso no podía ser bueno Los brazos le flaquearon, eran fuertes, acostumbrados a mover las ruedas de su silla, pero ahora le temblaban. Cerró los ojos pero no se derrumbó

(Ven, ven a jugar con nosotras...salta.. )
No quiero, dejadme, iros  (pensó) la estaban asustando
Ya has saltado un poquito. Ahora salta de verdad, salta el muro, ven con nosotras, a jugar, al bosque, aquí todos saltamos.
¡Dejadme!
Es una boba, no saltará… mamá no la deja jajajaja, se quedará allí para siempre (“dijo” la más pequeña)

La máquina de coser se había vuelto a detener. Quizás estaba gritando. A mamá no le gustaría, la cosa de su cabeza lo sabría, sabría lo de las niñas, lo del descampado …

Por favor callaros ..mamá viene (pensó con todas sus fuerzas), la cosa gelatinosa lo sabrá,.por favor dejadme imploró

Al fin se dejó caer en su silla y las voces desaparecieron. Mamá entraba en ese mismo instante en la cocina.

Laura. ¿Aún no has terminado el desayuno? ¿qué haces ahí? y mira cómo has puesto el mantel ..estaba limpio. Seguro que estabas mironeando por la ventana, embobada en ese descampado. Y no, ni lo pienses, ahí no hay nada que una niña  tenga que hacer.

Mientras hablaba se acercó a la ventana , bajó la persiana hasta cubrirla totalmente y apostilló .

No sé qué mirabas tan embelesada, allí no hay nada, pero seguro que nada bueno.Ves lo que me obligas a hacer y ahora ve a tu cuarto y reza. Pide perdón a Jesús por tu mala conducta. Hoy no verás la TV.
Sí mamá.

tampoco es que la viera mucho, sólo el canal infantil y sólo una hora,  pero no se atrevió a replicar, era mejor callar, no quería que ella supiera, no quería que aquella cosa le contara nada, sobre las niñas. Cuando las vio por primera vez sintió rabia, en los sueños tuvo miedo, pero esta vez no, esta vez no había sido miedo exactamente,  era algo más complejo, como cuando hacía un examen y alguna compañera se intentaba copiar su examen sin su permiso, una mezcla de miedo y repulsión, pero más fue un rechazo, una reacción defensiva, más que miedo. En el fondo sentía curiosidad (había saltado un poquito) y eso debía ser un pecado, uno muy malo o no?. No tenía claro que sentir curiosidad por aquellas niñas fuera pecado, igual que no tenía claro por qué no se podía hablar de papá, Ella había rezado, como le dijo mamá pero Jesús  no se las había llevado, no al menos del todo. Por eso era mejor callar, para que esa cosa (esa cosa, mala conciencia o lo que fuera) no le contará nada a mamá, para que mamá no supiese nada de aquellas niñas, ni de aquella pelota azul, ni de que pensaba en papá. Ojalá estuviera, pero  papá ya nunca volvería a estar. Asió los volantes de las ruedas y puso rumbo hacia su habitación.