NOSOTROS

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martes, 24 de mayo de 2016

Clapton: ''Still I do'' y una aparición fantasma

Llevaba cerca de un año encerrado en mi habitación a solas con la Srta. Fernándes tocando a todas horas, éramos ella y yo, un equipo stereo de calidad media y un puñado de discos que había podido coleccionar años antes de B.B. King, Led Zeppelin, Muddy Waters, Albert Collins, Otis Redding y Aretha Franklin entre otras maravillas vinílicas.
Ya podía  acompañar rítmicamente casi cualquier canción de estos artistas y empezaba a copiar chapuceramente algunos riffs y solos de guitarra, pero no terminaba de enterarme bien de las notas exactas que conformaban esos fraseos de guitarra que eran como respuestas a las líneas vocales, por lo cual, necesitaba algo que yo pudiera reproducir más decentemente, estudiarlo con detenimiento y agregarlo a mi lenguaje guitarrero.
Volví a visitar la tienda de discos de mi colega Jose, le hablé sobre lo que estaba intentando, empezó a sacar discos de viejos bluesman con esos sonidos ásperos, básicos, desnudos de cualquier tipo de agrado o quedar bien comercialmente, pero insuperables en sentimiento y humildad..... todo se me antojaba complicado de aprender.
Recuerdo que le dije algo así como (sería en el 1991, creo): necesito un guitarrista de Blues que toque más lento, con elegancia y con fraseos de esos que incorporan los silencios como los usan los cantantes para respirar entre frase y frase..
''éste es un disco histórico, doble, en directo. aquí puedes oir en cada canción cómo respira la guitarra entre riffs y solos''

Y vaya si pude aprender. Llegué a tocar todas las canciones, incluidos los solos. Nadie toca como Manolenta. Los habrá (y los hay) mejores, más veloces, más fogosos y mejores cantantes y compositores, pero Clapton siempre me ha dado lo que estaba necesitando.

Desde entonces hasta ahora, con su nuevo disco bajo el brazo, de nombre ''Still I do'', derrochando puro blues del de toda la vida y con canciones a la altura del mito.


Hace poco cumplió 71 años, ya no es elClapton de solos kilométricos como en la época sinfónica del ''24 nights'' ni el chaval ansioso de los 60's con John Mayall
Pero quien tuvo, retuvo y guardó para la vejez. Y esto es lo que nos trae este amante de la pentatónica menor y la escala de blues: un disco a la altura de un buen vino, reposado en buenas barricas, resguardado de corrientes que puedan alterar la esencia del caldo y una presentación en sociedad con envoltorio al óleo, como en una buena expo.

''Still I do'' contiene doce canciones bien hechas, meditadas en estructuras, ritmos, arreglos y voces. Como todos los buenos discos y como siempre debería ser, la música puesta al servicio de la canción, las personas, al servicio de la música. Es así de sencillo cuando lo que quieres es hacer canciones que cuenten historias, ya sean vividas en primera persona o escuchadas en una noche entre amigos, cuando se van dejando de lado las conversaciones frívolas y llega ése momento necesario para todos de vez en cuando en que te sinceras, cuentas tus inquietudes y preocupaciones y escuchas a los demás..
Tambien es un disco de hoja peremne, es decir, para los que nos consideramos fans absolutos de Eric Clapton, aquí lo único nuevo además de la portada son las canciones, pero son canciones que suenan igual de bien en invierno y en verano, un disco de los de poner y reencontrarte, de brindar por los amigos de siempre y de los de buscar el roce de la mano de ésa persona con la que estabas deseando estar a solas.


El estilo de Clapton a estas alturas es más que reconocible: respeto absoluto al Blues tocado y cantado y el mejor reconocimiento al género que él sabe hacer, que es incluir en cada disco dos o tres versiones de clásicos, citando autor, compositor original, etc. una voz seria, profunda y casi quebrada y un estilo de tocar la guitarra dulce, suave, de tonalidad casi femenina, limpia, pulcra, sensible  y a la vez negra, con ecos a principios del siglo XX pero sonando de maravilla el combo guitarra-ampli Fender grabado de forma analógica.
Hay walking blues, acústico y eléctrico, hay canciones intimistas y canciones de las de hacer sonar en el coche una de esas tardes soleadas en las que necesitas salir a conducir solo, sin planificar destino. Donde la música te lleve.

Escuchar este disco es hacer un viaje en el tiempo con las orejas, a la época de lo que fué para mí su mejor etapa:




En estos cuatro discos condenso (quizá de manera injusta) todas las variantes y la riqueza musical que atesora Manolenta a lo largo de su etapa en solitario con casi 25 LP's editados, sin contar colaboracciones, discos a medias con otro artistas y bandas en las que militaba, pero como muestra exponencial de lo que cualquiera puede aprender tocando la guitarra emulando a Eric, es más que suficiente.
Afinaciones alternativas, uso del slide, géneros y subgéneros en torno al blues, rock y cualquier otra incursión de las que hiciera este distinguido músico inglés.

La producción del disco me resulta impecable por lo nítida y sencilla de disfrutar, por el orden equilibrado de las canciones, por el tratamiento original en analógico y porque se nota que han hecho algo artesanal y que a mí siempre me ha gustado y con el tiempo he aprendido a reconocer: grabar todos en directo, como si de un ensayo se tratara, captando la frescura y la vivacidad de todos y cada uno de los participantes, lo que hace sentir la música más viva, más cercana, sin la frialdad de otros artistas que graban por separado, cada uno en una pista y en muchos casos ni se ven durante la grabación y post-producción.
No me gusta eso, al final suena frío, metódico, casi lineal. La música es para compartirla, una celebración en comunión con los que te rodean, conectar entre las almas, hacer fluir esa energía entre los músicos y crear algo mágico, cercano al éxtasis. Tocar, sentir al compañero de banda en plena armonía contigo, cerrar los ojos, tocar esa melodía y sentir como los demás instrumentos te acompañan a donde quieras llevarlos con tu música es algo inenarrable, místico, por eso amo las grabaciones en directo.


Como podéis comprobar, no hay nada nuevo, es su estilo, su forma de componer elegante, sin estridencias ni brusquedades y quizá lo mejor que ha publicado desde aquél vigoroso ''Reptile'' de 2001
Menos roquero, más calmado, casi acorde a su edad, pero no por eso autocomplaciente en el sentido de publicar cualquier cosa con tal de vender. No lo necesita, aunque una vez dijo que cuando cumpliera setenta años se retiraría, por lo que es muy de agradecer que faltara a su palabra y siguiera publicando LP's de calidad como este ''Still I do''.

En La Calavera no puede ser todo dulzón ni complaciente, debe haber equilibrio y sacar el lado más agrio, oscuro, casi rozando la superchería.

Poco antes de salir el disco a la venta, en la página web salió anunciada la colaboración de mi tan añorado George Harrison en una canción junto a Eric.
Nadie sabía nada, nadie escribió ni publicó nada, todo era un misterio, ni la discográfica ni el management ni nadie del entorno de Clapton sabía nada. por lo que al día siguiente el mismo Clapton hizo pública una nota de su puño y letra en su página oficial negando (evidentemente) que el malogrado Harrison fuera a aparecer en ninguna canción del disco porque era imposible. Ni iba a aparecer George Harrison, ni Jai Raj Harisein, que era uno de los seudónimos que utilizaba George para poder colaborar con otros músicos fuera de los Beatles y que nadie lo pudiera reconocer en los créditos.

Misteriosamente, todo esto desapareció como por arte de magia poco después de ser publicado..




Esta es la última canción del disco de título entre inquietante y esperanzador y muy solicitado por mi equipo de sonido últimamente y con la que cierro el círculo de este gran disco de Blues llamado ''Still I do''.



Y se quedó para siempre.




Mantengo humildes mis orejas.