NOSOTROS

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jueves, 14 de julio de 2016

Elbow y un día cualquiera.

Hay momentos, días en la vida de cualquier persona en que parece que todo se derrumba y dejan de tener sentido muchas cosas que creías que gobernaban tus preferencias, tus necesidades vitales.
Muchas decisiones tomadas de la última carta que deposita el croupier sobre la mesa de juego y azar que supone la vida.
Golpes de K.O. técnico que te sorprenden con la guardia baja y te parten el esternón. Te abandona la respiración, invadiendo tus sienes palpitaciones espasmódicas que te bloquean cualquier tipo de pensamiento y no puedes responder a la agresión porque estás paralizado por el dolor. Es en ése preciso momento cuando el directo a la mandíbula te tapona los oídos, los globos oculares parecen estallar, pierdes el conocimiento y caes a la lona saltando por los aires el protector dental.
Y nadie tira la toalla. Nadie va a rescatarte de la fría tarima del ring situado en un pequeño rincón del mundo. Por ahí, perdido..


Dicen que lo malo de la vida no es caer, es no querer levantarse y seguir peleando. Con las armas que tengas. Pero las más importantes no hay que salir a buscarlas, las llevamos dentro todos y cada uno de nosotros. Vienen de serie y las mías son la búsqueda y alimento de mi raciocinio, que no me invada la soberbia ni el pecado de ira, mantener mi corazón limpio y noble y servir a mis sentimientos, a mis deseos de vivir en paz con lo que me rodea, con las personas que afectan mi vida, a buscar y mantener mi espiritualidad humilde y luchar todos los días de mi vida con ellas.
Todo lo demás debe carecer de importancia y si se la damos, es porque nos falta algo. Hay un vacío por ahí que nos pide a gritos ser satisfecho y parece que nos puede dar miedo mirar directamente a ése lugar tan imprescindible para la vida que se llama corazón.


Que el amor mueve montañas, está claro como el agua de la fuente. Por amor hacemos las locuras más maravillosas que se nos puedan ocurrir y al mismo tiempo no dudamos en hacer el gesto más bondadoso hacia otro ser humano, porque el amor noble no entiende la palabra ''sacrifio''.
Hasta dar la vida por otra persona sin dudarlo un segundo se llega a hacer por amor.


Por amor a la música me tuve que reinventar. Un diagnóstico en el peor momento de mi mejor etapa artística me hizo parar en seco. No sólo afectaría a mi trabajo de músico, también lo haría en mis otras ocupaciones. Dolores articulares, tendinitis y como guinda del pastel, artrosis.
Ya nada volvería a ser lo mismo. Moría de pena, me marchitaba por momentos como flor en octubre.
Salí de la consulta cabizbajo, hundido, nada me consolaba, no podía creer lo que me estaba pasando y no quería aceptarlo. Me negaba a admitir la realidad.


Cuando me harté de llorar y autopadecerme, afloraron en mí los peores impulsos, esos contra los que siempre he luchado por desterrar de mi alma. Salí de la ciudad, llevé el coche a las afueras y en la entrada a un pueblo cercano, paré junto a unos pinos.


Rabia, odio y desesperación. No me reconocía. Sudaba como si hubiera competido contra Ussain Bolt, me dolía el pecho de respirar con ansiedad. Me acerqué a uno de los pinos y lo golpeé con los puños cerrados, casi clavándome las uñas en el interior de las manos. Lo golpeé con las tibias a la altura de las costillas como tantas otras veces lo hacía en el tatami, pero no era un compañero de gimnasio ni un saco de boxeo.


Un árbol no cae por eso. Ni siquiea le afectan los golpes de un simple mortal.


Cuando vacié mis frustraciones y mi ira sobre aquel ser vivo inocente, empecé a sentir dolor físico, caí al suelo dolorido y sangrando. No me atrevía a moverme, daba por hecho que me había roto los nudillos que estaban en carne viva, con jirones de piel y carne levantados y las piernas casi ni me respondían.
Indefinido entre minutos y horas el tiempo que pasé allí, casi deseaba morir, pero nadie era culpable de lo que me estaba pasando, pensé en todas las personas a las que quería y necesitaba seguir sintiendo cerca y en especial, lloraba por la música. No estaba dispuesto a dejar de tocar mis guitarras, a compartir buenos momentos con otros músicos y sobretodo, deseaba seguir viendo esas caras de felicidad que provocaba la música en las personas que venían a escucharnos tocar.


El reto por todo esto valía mucho la pena y no estaba dispuesto a volver a morder la lona.


Ni recuerdo cómo llegué al coche, pero me subí y como pude, me encerré en casa a lamerme las heridas, calmarme y planificar de nuevo mi vida y lo que quería hacer con ella. Fueron varios días de meditación, de búsqueda de armonía y paz interior. Necesitaba volver a cultivar de nuevo todo el jardín de mi vida que arrasé por desesperación y rabia.


Y empecé a buscar...


Busqué otras calles, otras caras, otras músicas, otra luz, una nueva motivación, necesitaba otros estímulos que me ayudaran a poder retomar con naturalidad mi nueva propuesta artística. Si quería seguir en la música, debía afrontar los nuevos retos que se me presentaban con otra óptica diferente, con mucha más humildad y unas nuevas orejas abiertas a otras cosas.


Hasta que ''un día cualquiera'', como casi siempre en la vida, de estas veces que llegas a casa de noche, cansado y lo único que apetece es sentarse en el sofá y escuchar algo de música por internet, la palabra ''elbow'' aparecío por you-tuve.
Pese a mi precario conocimiento del idioma inglés, sabía que era una referencia a la articulación del codo (más o menos) y recuerdo que pensé: mira qué ''graciosillos'' los tipos estos, oye! yo con mis dolores de huesos y estos cachondos llamándose Elbow.
Pero como hay que reírse de uno mismo hasta en las peores circunstancias, le dí al play del video un tanto excéptico, ya que no sabía lo que me iba a encontrar ahí, pero, por qué no darles una oportunidad?




''bebiendo bajo el sol de la mañana
quitándose de encima lo pesado
pesado como una pistola cargada..''


Me emocioné mucho. Lloré de alegría, de esperanza y de felicidad. De nuevo se hacía latente el poder de una melodía bonita sobre unos acordes sencillos y unos arreglos delicados.


''qué ha hecho que me comporte de esta manera
usando palabras que nunca digo?
sólo puedo pensar que debe ser amor
de todos modos, parece que hace un día precioso''


Elbow son una banda originaria de Manchester y hacen rock alternativo, grabaron su primer disco The Newborn en 2000 y hasta hoy han editado un total de 21 discos entre EP's, Lp's y directos, una carrera artística muy prolífica y muy bien sazonada con recursos minimalistas a la vez que con grandes y elegantes orquestaciones, según la necesidad de cada canción.


''que alguien me diga cómo me siento
bésame como en la última cena
bésame como si fuéramos a morir esta noche..''


''adoro tus ojos
y ahora sólo veo la luz..
tumbada conmigo
medio despierta..
parece que hace un día precioso''


''trabándote con las palabras que dices..
de todos modos,
parece que hace un día precioso,
así que abre las cortinas de par en par!
un día como éste al año me iría muy bien!''




Hay canciones al igual que las personas, que llegan a tu vida cuando menos lo esperas, pero las necesitas tanto que sin dudarlo un instante les abres el corazón, entran en tu vida y se quedan a vivir para siempre. Te escuchan, te ayudan, no te juzgan y hacen tu existencia mejor, aportan estabilidad, paz y alegría.


Conmigo ocurrió de esta manera con estos chicos que se llaman ''codo'' muy apropiado el nombrecito para lo mío.








No es un hobbie, la música es una necesidad vital y a esto me ayuda mantener siempre humildes mis orejas.