NOSOTROS

NOSOTROS

miércoles, 7 de septiembre de 2016

El beso de La Calavera Sinfónica (Padules)

Que te propongan los amigos un viaje para pasar un día en las cercanías de un pueblo del interior de la provincia en Agosto, no resulta ser la cosa más insinuante ni atractiva. Especialmente para mí, que mi única obsesión en verano es irme a la playa y pasar todo el día (y la noche, a ser posible) en remojo, rodearme de amigos y familiares, tocar la guitarra en los bares y beberme el amanecer.




1ª parte: Auspiciar, organizar y llegar.


Cuando te hablan de un lugar de película y te lo describen como selvático, con manantiales, embalses naturales entre la garganta de una montaña y rodeado de vegetación, piensas en El Amazonas como mínimo, pero si te dicen que ése lugar se encuentra en la provincia de Almería, en lo primero que piensas es que han cenao fuerte y antes de descojonarte en sus caras, por no liarla, intentas mostrar un poco de escepticismo. O dicho de otra manera: ponerles el cebo del rechazo para ver cómo reaccionan, si insisten, te dan más explicaciones...
Picaron por completo. Hablaron con detalle del lugar, dónde estaba ubicado, la forma de llegar, dónde parar para comprar alimento, repostar, el pueblo más cercano, etc.


Pero sólo puse una pega: querían ir en Domingo. Eso no me gustaba nada y era lo único que me echaba para atrás de todo el plan.
Entiendo que la mayoría de personas normales (no como en mi caso) dispongan únicamente del domingo para desconectarse del cáncer de la ciudad, pasar unas horas entre familia y amigos, relajarse, respirar y hacerse un lifting espiritual. Es el mejor plan del mundo!


Pero quien me conoce y sabe el estilo de vida que llevo, sabe que uno de mis gritos de guerra es ''por fín es Lunes!!'' y que los domingos huyo de lo que hace todo el mundo. No me gustan las masificaciones, así que en ése aspecto sé que nado contra corriente.
Los domingos están saturados de todo lo que intento evitar: éxodos, caravanas kilométricas de domingueros, gente sin criterio al volante y playas, bares y calles repletos de familias gritonas, chonis más gritonas y gañanes con coches amarillos con altavoces de feria escupiendo ese infame regetón cuyas vibraciones diluyen la masa encefálica y convierten a los usuarios del vehículo en seres obtusos.


Negociado éste punto tan delicado, decidimos irnos un lunes jejeje. Dicho y hecho: tres días después y a las 8:30 a.m. entrábamos en la autovía en dirección a Padules.
Un viaje corto, de los de una hora a ritmo normal, sin estrés.
Una vez en el pueblo, parada obligatoria en el bar de la plaza, para tomarnos el desayuno típico y normal de cada día de allí: un café con leche normal de los de siempre y media tostada de jamón serrano con aceite de oliva de las de siempre, es decir, media barra pan, que si consigues acabarla, has almorzao.
Sobre las 10:00 a.m. dejamos los coches bien estacionados donde nos indicaron (previo pago y entrega de tarjeta sellada por el Ayto.) comenzamos a andar en dirección al lugar.


Ya se percibía mejor el entorno. Todo parecía que se mostraba con otra dimensión, quizá provocada por el fuerte estímulo que percibían los sentidos, abotargados por la vida en la ciudad.
From lost to the river




Había que cruzar estos riachuelos de aguas frías para llegar al lugar que andábamos buscando, unos cientos de metros más arriba.
Tras esto, nos encontrábamos ante un conato de bienvenida, una invitación peligrosa, más propia de una película que del entorno:


No había problema, a la derecha hay un muro de acequia por el que se puede acceder fácilmente, aunque casi me meto y paso por debajo:
Unos pocos metros más adelante, ya se adivinaban un poco más las característica del lugar. Sólo había que guardar silencio y observar alrededor.


Me resultaba ficticio, increíble, que pudiera estar en un lugar así a menos de 50 kms. de casa y desconocer su existencia.


Dentro de la garganta, casi no llega el sol, pero en ciertos momentos y según el capricho de las nubes, los lugares van cambiando la iluminación, como si se tratara de un camaleón gigante que hubiera sobrevivido a la glaciación.


No es un oasis oculto en la ciudad de Petra, fue un instante en la historia del cosmos:


En nuestra expedición sólo venía un niño, insultante y saturado de energía y vida, que no paró quieto un segundo, se recorrió palmo a palmo todos los rincones, se baño y jugó en cualquier sitio donde se pudiera hacer y al resto de mortales nos robó un montón de sonrisas por verlo tan feliz y nos contagió. De esto último no me pienso quejar jamás en la vida.
También venía con nosotros ''Lalo'', el perro del niño. Se quería hacer el dueño de todo, ladrba al aire, quería oler a quien pudiera pasar por allí y conseguía siempre una caricia ajena. Todo un personaje:
Con la actitud del animal, me dio la risa y cada vez que se acercaba a alguien yo le gritaba al perro: quieto satán, no te lo comas! ven aquí, sordo! y ya teníamos risas pa otro ratico más.


En una de mis incursiones buscando algo pintoresco o que me resulte más insinuante o especial, encontré un rincón casi arriba del todo donde la piedra hace un embalse natural y el agua al rebosar origina una cascada entre dos piedras.
Decidí bautizarla para todos vosotros. Se llama:
                                   
                                          ''El beso de La Calavera Sinfónica''


Sobre el centro de la imagen de la siguiente fotografía yo veo el perfil de una calavera. El agujero redondo es el ojo izquierdo y sobre la altura de la boca, es por donde cae el agua hasta el lago de abajo. Sólo hay que fijarse un poco y se puede percibir:
Puede resultar surrealista, pero me gusta observar e imaginar y un entorno salvaje siempre ofrece un montón de posibilidades si buscas fotografiar algo diferente y exponerlo en otra dimensión, la que tú quieras ver y percibir. Es como buscar ése acorde que falta para que la canción sea especial.


Entre estos parajes trnascurrió el día. Dio para mucho. Sobretodo por ver feliz a un niño y a unos mayores que queríamos ser como él, aunque a ratos faltó poco.
Pero había que irse antes de que se pusiera el sol y allí afortunadamente no había luz artificial y mucho menos cubertería para el móvil.
Tocaba dejar la zona limpia, revisar el entorno, cargar las cosas y decir adiós.
No quería decir adiós y mucho menos, despedirme.


Quería ser árbol,
quería ser piedra,
quería ser agua
que en tus dedos se perdiera.






Almiranta de las nieves
que llegas a mi garganta,
no se quebraron las piernas
ni a mi alma solivianta
el cotilleo del agua
la piedra viva vestida
del origen de la vida.
Que yo vine pa visitarte
y me dejé la retina.


video


Este video es una pequeña muestra de todo lo que ofrece el lugar. Un sitio casi virgen y al que es casi imposible acceder en invierno, especialmente en épocas de nieve y lluvia al subir el cauce casi el doble de como se puede ver en agosto.


Las despedidas son tristes y dolorosas, pero hay que afrontarlas y decir siempre: gracias por todo y hasta pronto!
Y este lugar ye es desde ése momento un sitio más donde volver para refugiarse cualquier día menos un domingo. Ven conmigo, te espero dentro, te ofrezco esto, ''para llevarte a vivir''..






El sur que te prometí.