NOSOTROS

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domingo, 4 de junio de 2017

SANGRE #11







 

Está oscuro, me siento caer por un tobogán con una inclinación casi vertical. La velocidad es superior a la gravedad, no caigo como un peso muerto, soy aspirado. Algo me atrae, me succiona me aleja de mi cuerpo. Un dios sediento absorbe su granizado por una cañita, yo soy el zumo, el hielo incoloro mi cuerpo.



-¿Laura?-



Es un grito mental, no hay sonido, no hay luz, sólo vacío dentro de ese cilindro. De repente la succión termina, me detengo. Estoy suspendido en una nada que comienza a llenarse. El azul brota, la negra nada se colorea como un vaso de agua donde cae una gota de añil. El color sigue subiendo de intensidad. Primero es agradable pero su luminosidad sigue subiendo, sube, sube, comienza a quemar. Blanco, luz pura de metal fundido. Dolor. Ya no hay tubo.Las retinas de mi mente se acostumbran.
Soy un preso recién liberado que no recordaba la luz. Mis ojos de vampiro se hubieran derretido, licuado en esa claridad, pero no estoy mirando, ya no tengo ojos y no soy carne, no debo temer a la luz.



-Laura?- Me atrevo a volver a preguntar.



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“¿Laura?”



Yo no soy Laura, Laura es mi seudónimo, mi alter ego de escritora. Intento recomponerme. Aún retumban en mis oídos las palabras de mi hermano, aún puedo saborear el salado de mis propias lágrimas. Intento ser fuerte, no tengo otra alternativa.



“¿Laura?”



La Muerte no me llamaría por mi seudónimo, no, ella me llamaría por mi verdadero nombre. Pero si no es la Muerte, ¿quién me llama?, ¿quién lo hace, quién viene a buscarme?



“No temas, soy un amigo, dónde estás; no puedo encontrarte. Quiero ayudarte, sé que estás en peligro, he oído tus gritos, siento tu dolor, tu miedo.”



No puede ser, nadie ha podido oír mis gritos, nadie a menos...No, eso solo son tonterías de escritora, fantasías novelescas, que yo misma invento, en el mundo real, no ocurren estas cosas, debo de estar delirando; mi mente está tan conmocionada que inventa voces, presencias en un desesperado intento por no volverse loca, de huir de esta realidad. Ojalá pudiera gritar de verdad.



“Laura, no puedo explicártelo, no sé hacerlo. Ahora estás asustada, yo mismo estoy aterrado. Sé que esto es muy extraño, pero confía en mí. Me fallan las fuerzas, tengo que marcharme, volveré a por ti. He venido ayudarte, no temas, estoy a tu lado. Ya hemos conectado, no volverás a estar sola, ya no lo estás y nunca más lo volverás a estar”.



Siento como el frío se aleja, la oscuridad con él. Aquella presencia se desvanece. La sensación de ser observada se difumina como una niebla matutina. Al contrario de lo que pueda parecer no quiero que lo haga. Esa sombra ha sido un cobijo, un paraguas que me ha protegido de la luz y el sol calcinante que me vuelve requemar. Esa oscuridad, esa presencia, esa voz ha sido una sombra de paz en este páramo reseco de dolor y realidad. Las palabras de mi hermano regresan, viene montada en un eco malvado que las devuelven a mis tímpanos, a los de carne. ¿Debo volver a gritar?, ¿debo? ¿Debo volver a llamar a la sombra? No quiero estar sola, no quiero...no quiero morir, tengo miedo.



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Estoy mojado, la lluvia me golpea, la nube falsa de latón me sigue lanzado sus miles de obuses líquidos, continúa bombardeándome, no piensa parar. El agua ha comenzado a rebosar por el plato de ducha y está anegando el cuarto de baño. Estoy tirado en él, encogido en posición fetal, inmóvil y temblando. Ha sido el agua lo que me ha sacado de este trance, había comenzado a entrar en la boca. Me he limitado a toser y a escupir pero no, todavía no tengo fuerzas para incorporarme. Estoy escuchando como se derrama y como golpea sobre mi cuerpo. Es despertarse después de haber hibernado durante 5 años luz. A pesar del agua tengo la boca seca. Los pies lo han tapado, han debido de tapar el desagüe, intento moverlos, hacerlo sólo unos centímetros es un esfuerzo titánico. Efectivamente, lentamente el nivel del agua comienza a descender. Las centellas de luz azul siguen encandilándome, mis retinas siguen impresionadas con su impronta, es como si dentro de los globos oculares tuviera algún insecto fosforescente pululando. El dolor en la base del cráneo no ha desaparecido pero no creo que tarde, apenas es una sombra de lo que fue. Pero no todo es malo, hay una extraña sensación de paz dentro de mí que me deforma el rostro con una mueca que casi es una sonrisa. He establecido contacto con Laura, ha podido sentir mi respuesta. Ella aún no sabe la capacidad que tiene, está asustada; casi tanto como lo estoy yo. Casi he podido verla, casi nos hemos encontrado.

Ahora tengo que levantarme, tengo que reponerme, no puedo fallarle, necesita mi ayuda más que nunca.



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El local está oscuro, no para mí, que puedo ver con total nitidez en la tiniebla más absoluta, pero para un humano lo está; sin embargo algunas luces negras, estratégicamente colocadas hacen posible que no tropiecen con el mobiliario o entre ellos. La zona del bar está algo más iluminada.

Estoy sentado en el extremo más alejado de la puerta de acceso. Agito el vaso haciendo que los hielos tintineen dentro de su baño de whisky de malta de doce años. Me entretengo observando, oliendo y escuchando las conversaciones de los clientes e intentando no oír la nauseabunda música chill out, que un dj está pinchando inmisericordemente en un cabina que preside la caricatura de pista de baile de este antro.

Ya son más de la once de la noche y tercer whisky cuando la veo entrar. Ahí viene junto con tres amigas más. La directora de la clínica charla animadamente con ellas. Son más o menos de su quinta, moderadamente atractivas, sin embargo Ana destaca sobre las otras y lo sabe. Se nota solo con ver la seguridad de sus ademanes, en su forma de andar y de llevar puesto ese vestido sugerentemente corto y ajustado. Se siente bella y segura. Le gusta que los hombres la deseen.

La sigo con la mirada desde mi posición, me​ concentro para poder oír su conversación, debajo de la música monótona y repetitiva y del murmullo de otra treintena de conversaciones, recabo datos para preparar mi estrategia, solo tendré una oportunidad y no puedo fallar.

Por lo que pude escuchar en el coche, supe que irían a cenar a un restaurante italiano llamado “Porca Miseria” y que después vendrían a tomar unas copas a OMH. Me sorprendió agradablemente, que entre sus gustos se encontrará el Heavy, Imaginé que OHM podrían ser las iníciales de Only Heavy Metal y que tal vez, mi espera en aquel local se amenizaría con un poco de buena música. Mis ilusiones se vinieron abajo cuando descubrí que Ohm no eran un acrónimo, ni siquiera hacía referencia al apellido del científico, era una onomatopeya que aludía a las técnicas de meditación orientales, y OHM desgraciadamente sólo era un bar de copas impersonal, rebosante de figuras de Buda y saturado de música hecha por computadora.

Desde la hora larga que llevo esperándola he imaginado cómo acercarme a ella, fabricando hipótesis pero sobre todo intentando calmar el instinto primario de mi naturaleza animal y depredadora de acabar con ella, con ella y con cualquier otra persona que esté involucrada en eso que acecha a Laura, eso que voy a descubrir.

Saco una tarjeta de visita de un bolsillo interior de la americana. “Alejandro Müller Doctor en Hematología” se puede leer en una bonita caligrafía inglesa sobre la cartulina blanca. Vuelvo a meter la mano en el inferior de la chaqueta en busca de mi Montblanc. Garabateo unas palabras y devuelvo la estilográfica a su lugar. Oculto la tarjeta en la mano. Dejo un billete de 20€ sobre la barra después de hacer un gesto al barman, no espero al cambio. Mis músculos están tensos, las glándulas suprarrenales los han encharcado de adrenalina, mi presa me aguarda. . Me levanto del taburete y me dirijo hacia ella esforzándome en mantener un paso tranquilo; soy un tigre acechando a un cervatillo que pasta completamente ajeno a lo que se le viene encima, no debo de llamar la atención, nuestro encuentro debe parecer totalmente fortuito y casual.



-¡Perdón! - Me vuelvo mientras me giro. He pasado junto a ella, ronzándola adrede con el hombro. - No la había visto- continúo y vuelvo a excusarme.

-No, no pasa nada-. Contesta ella.

La respuesta ha sido automática, hubiera contestado lo mismo a cualquiera que se hubiera chocado con ella. Me ha reconocido, pero no dice nada.

-Eres..? Eres la directora del la clínica donde estuve esta mañana-. Mi tono es medio, no quiero parecer demasiado jovial ni demasiado seco.

Ahora, que me he descubierto la directora, finge hacer memoria. Las amigas, que están un paso detrás, empiezan a cuchichear entre ellas, la verdad es lamentable, siguen comportándose como colegialas.

-Sí, bueno Valladolid no es una ciudad demasiado grande-. Sonríe.

Miro al suelo y me agacho flexionando las rodillas, justo delante de sus pies hago como que recojo algo que he encontrado. Contemplo sus piernas bien torneadas y firmes, quizás en otra situación me hubiera parecido una mujer atractiva.

Tardo un segundo más de lo debido en volverme a levantar. El cuchicheo de sus amigas ha pasado a risitas pícaras, casi no contengo la arcada que me provocan. Cuando nuestros ojos vuelven a quedar a la misma altura su mirada ha cambiado, ahora hay verdadero interés en ellos.



-Creo que se te ha caído esto - Le digo tendiéndole la tarjeta de visita.

Es inteligente, de sobras sabe que no se le ha caído nada, pero me sigue el juego y la acepta con un “gracias” y la hace desaparecer en su bolso casi con la habilidad de un tahúr antes que los codiciosos ojos de sus amigas puedan verla.



Perdón otra vez, un placer volver a verla.- Me despido tendiéndole la mano.

La estrecha con suavidad y firmeza al tiempo. Igual que por la mañana sigue en vuelta en una nube de perfume, e igual que esta mañana he podido oler como su cuerpo ha vuelto a reaccionar a mi presencia. Ha picado el anzuelo, no tardará en leer lo que he escrito en la tarjeta, quizás el vino de la cena y la copa que está tomando sean mis aliados, de cualquier manera la curiosidad es mi principal baza.



-No te preocupes, no hay nada que perdonar, no ha sido nada-.

Me dirijo hacia la puerta de salida con la certeza de que sus ojos siguen clavados en su espalda, ahora solo me queda esperar.


La noche castellana es fría, de un frío seco y afilado como un cuchillo. Me he resguardado en el coche y pongo música. Los compases del tema homónimo de Black Sabbath le dan un toque casi novelesco a la situación. “El vampiro, espera a la chica en una fría noche de invierno... “ Desde luego lo parece, ojalá solo fuera una historia más de las que inventa Laura, ojalá solo lo estuviera leyendo, pero no, no es ninguna trama imaginada por mi amada Laura, es la cruda realidad.



Salgo de mis reflexiones, la puerta del local se ha vuelto a abrir y es ella, es Ana y viene sola.

Bajo del coche para que pueda verme. El abrigo de paño negro la cubre hasta los tobillos, ocultando sus curvas. La cadencia del golpeteo de sus tacones contra el empedrado del suelo denota cierta premura, quizás solo sean nervios, pero podía pasar por prisa o enfado. Nos separan escasos cien metros. Su perfume como de costumbre llega antes que ella.



-Hola otra vez, esta noche parece que estamos condenados a encontrarnos-. La saludo.

Solo he venido porque la familia Blánquez es una familia muy importante en esta ciudad, espero que eso que me tiene que decir sea algo muy importante.

El abrigo de paño está soportando las arremetidas de sus pechos, debido a la respiración acelerada, el frío hace que su aliento se transforme en humo delante de mi rostro. Me limito a esperar a que termine, a que se tranquilice, efectivamente he tocado un punto sensible. Ahora estoy seguro que hay algo turbio en todo esto, su reacción es la prueba definitiva. Continúo en silencio mientras aguardo a que termine.



-Esta es mi vida privada, mañana, incluso esta mañana podríamos haber hablado de lo que demonios sea tan importante. No creo que este sea el mejor momento para ello, además no me mencionó en ningún momento su relación con la familia Blánquez, por qué me lo ocultó?. Empiezo a dudar de que este encuentro sea fruto de la casualidad-.



Hace un ademán de marcharse. Ha llegado mi momento, tengo que actuar.



-Siento el malentendido, y le prometo que nuestro encuentro es fruto “casi” de la casualidad. Como ve, soy hematólogo, descubrí por azar que D. Santiago Blánquez estaba aquejado de una leucemia e ingresado en su clínica, ya que ésta remitió unos análisis al centro donde yo trabajo. La vengo observando durante varios meses, cuando viene después de cenar con sus amigas. Pero nunca me he atrevido a abordarla. Lo que le he contado esta mañana es completamente cierto. Fue toda una sorpresa descubrir que la mujer que me tiene completamente absorto día y noche, estaba allí, delante de mí. Sin embargo, he de confesar que lo que le he escrito en la tarjeta es completamente falso, ha sido una argucia, la única forma que se me ocurrió para llamar su atención, la única en que me he atrevido para poder decirle lo hermosa que es y que me encantaría invitarla a una copa, sino le importa, claro.-


Continuará...






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